¿Hacia el advenimiento de la era de la electricidad gratis?

A medida que crezca el despliegue de renovables, los picos de sobreoferta aumentarán. Pero cuando hogares y empresas los optimicen, se reducirán

La noticia económica de este pasado martes fue la singular oferta de energía eléctrica a precios extraordinariamente bajos para los, hasta ahora, sufridos inquilinos del Mercado Eléctrico Regulado. Concretamente, en la inhóspita franja de 4:00 a 5:00 de la mañana, se situó en 0,65 euros/MWh. Pero aún más barata ha sido la madrugada de ayer, en la que el precio de 2:00 a 4:00 fue de 0,10 euros/MWh. Cabe recordar que hemos tenido franjas horarias en 2022 que superaron los 700 euros/MWh. Luego estaríamos hablando de reducciones del 99,999%, respecto de esos máximos. Estadísticamente, por comparación, se podría hablar de electricidad casi gratis.

Esta todavía infrecuente anomalía provocó un rápido comentario en los medios de comunicación. La explicación era sencilla: la oferta de energía eólica ha llegado a suponer el 40% del mix eléctrico. Además, estamos experimentando el incremento y normalización de la producción de energía hidroeléctrica tras las últimas lluvias, especialmente en el norte de España, unido a una escasa demanda eléctrica a esas intempestivas horas de la madrugada. Una tormenta perfecta para los ingresos de las empresas eléctricas, un bello, pero breve, Shangri-La para los consumidores.

Más allá de la anécdota, la pregunta económicamente pertinente es cuál es la probabilidad de que estos episodios se repitan en el futuro. Es decir, si estamos ante un cisne, pero esta vez no negro, sino blanco níveo, o, en cambio, siguiendo con las metáforas ornitológicas, este suceso sería la paloma de Noé, que acaba siendo el heraldo de la futura presencia en los cielos de múltiples compañeras. Este segundo escenario daría lugar a nuevas y aún más relevantes cuestiones económicas, pero que se pueden sintetizar en cómo la mayor frecuencia de estos eventos de exceso de oferta eléctrica puede afectar a la demanda eléctrica de economías domésticas y empresas.

Respecto a la primera pregunta, las tendencias actuales, con una aceleración en el despliegue de las renovables, tanto de plantas eólicas y fotovoltaicas, como del autoconsumo en edificios, intensificado por las exuberancias del mercado eléctrico que padecemos desde mediados de 2021, están suponiendo un cambio significativo en el control humano que podemos ejercer sobre la oferta eléctrica. Frente al modelo tradicional, basado en ofertas cuasi constantes, como la de la energía nuclear, o con limitada variabilidad a corto plazo, como la hidroeléctrica, o, simplemente, en ofertas que fijamos en función de la demanda prevista, como la proveniente de las centrales de ciclo combinado, estamos transitando a una nueva oferta cada más incontrolable y volátil. Y que dependerá del albur de las condiciones meteorológicas.

Luego, el escenario base sería que, a medida que aumente el despliegue de las renovables, se incrementará la frecuencia de estos eventos de sobreoferta. Eso sí, con una gran diferencia estacional. En invierno previsiblemente ocurrirán de noche, bien entrada la madrugada, momento de mayor producción eólica e ínfima actividad social y laboral, pero, en verano, ocurrirán a plena luz del día, concretamente en las horas de máxima irradiación solar.

Ante este escenario, los consumidores tendrán un gran incentivo, más efectivo que cualquier subvención pública, para optimizar su consumo eléctrico, trasvasando parte de su demanda a los momentos de sobreoferta eléctrica. No se trata de pasar a vivir de noche, pero puede que pronto, las familias, gracias al internet de las cosas, verán como determinados electrodomésticos, como lavavajillas y lavadoras o enchufes asociados a la carga de baterías de coches eléctricos, móviles o portátiles cobrarán vida propia en función de las tarifas en cada momento vigente. Habrá soluciones muy sofisticadas y digitalizadas, junto a otras más low cost, estas últimas ofrecidas por nuestras plataformas de venta online favoritas.

Pero también habrá empresas electro intensivas con procesos productivos digitalizados, automatizados y robotizados, verdadera industria 4.0, que buscarán aprovechar esos fugaces, pero felices momentos para, por ejemplo, la producción intensiva de hidrógeno verde o para el mantenimiento y backup de los grandes servidores informáticos de las plataformas antes señaladas. Hasta la más cuestionable minería de criptoactivos se podrá optimizar en función de esos eventos.

En resumen, cada vez más empresas y hogares, especialmente los de clases medias y altas, buscarán transformarse en islas de eficiencia energética digitalizadas e interconectadas, gracias también al controvertido apoyo de las subvenciones públicas presentes y futuras. Placas fotovoltaicas, baterías reales y virtuales, junto a dispositivos y electrodomésticos inteligentes, trabajaran de forma sincronizada, buscando aprovechar cualquier anomalía tarifaria, mientras nosotros lo supervisaremos con el móvil o la tablet.

Pero este futuro, como cualquier otro basado en un exceso de oferta, tendrá fecha de caducidad. La paradoja de este análisis es que una respuesta generalizada por parte de los consumidores de energía eléctrica, que busque monetizar estos momentos free lunch, acabaría, a largo plazo reduciendo la frecuencia de los mismos. A medida que la demanda de electricidad consiga su parcial transferencia a las horas valle tarifarias, el precio de esos valles convergerá al precio medio diario. En resumen, todo Shangri-la económico es siempre efímero, pero mientras este futuro llega y se va, una vez más, las ganancias pueden ser significativas para aquellos que primero se adapten.

José Ignacio Castillo Manzano es Catedrático de Economía de la Universidad de Sevilla