Cuando el tamaño sí importa

En el caso de las empresas, equivale a tener un mayor balance y a capear con mayor solidez crisis y recesiones

Cuando el tamaño sí importa

Como cada año por estas fechas, se suele publicar el listado de las cien mayores empresas del mundo y, para nuestra desgracia, como cada año, ninguna empresa española aparece en dicho listado. La gran mayoría son americanas, chinas y algunas pocas europeas, pero ninguna española.

En el caso de España las tres primeras empresas por valor de capitalización son Inditex, Iberdrola y Banco Santander. Sin embargo, la realidad empresarial española dista mucho de acercarse, no ya a las cien mayores compañías del mundo, sino al tamaño de las tres grandes empresas españolas. Tanto es así que el 61% del tejido empresarial está compuesto por autónomos, el 32% por microempresas, el 5 % por pymes y el resto por grandes empresas.

Llegados a este punto, uno se puede llegar a preguntar si tiene alguna relevancia el tamaño de la empresa o no. Y lo cierto es que sí. El tamaño sí importa. Y mucho. Ello porque equivale a tener un mayor balance con un activo que soporte una mayor estructura de capital que permita crear un mayor valor para el accionista y los stakeholders, así como capear con mayor solidez los periodos de crisis económicas y recesiones.

Por ejemplo, ser pequeños hace que tengamos menor poder negociador con nuestros proveedores, que la financiación nos sea más cara, que seamos menos competitivos, que tengamos menos músculo para abrir nuevos mercados, que seamos más vulnerables a nuevos competidores, que seamos menos rentables y que nos afecten más los periodos contractivos y/o recesivos de la economía. Es decir, somos más débiles y menos adaptativos a las circunstancias cambiantes del entorno y, como ya sabemos, sobreviven no sólo los más fuertes, sino aquellos que se adaptan mejor a los cambios.

Luego, es de imperiosa necesidad ser más fuertes, grandes y adaptativos para asegurar nuestra supervivencia empresarial y preservar la riqueza generada fruto de nuestro esfuerzo, trabajo y dedicación. Pero ¿cómo podemos ser más grandes y adaptativos?

El primer paso consiste en concienciarse de la importancia y necesidad de ganar tamaño y, en su consecuencia, de la conveniencia de hacer crecer la empresa. Teniendo presente esta máxima, el crecimiento de la empresa se puede articular orgánica y/o inorgánicamente. Es decir, reinvirtiendo los beneficios de la empresa y/o dando entrada a nuevos inversores y/o comprando o invirtiendo en otras empresas existentes en el mercado para crecer inorgánicamente.

Ahora bien, muchos advertirán que quizá el momento actual no sea el adecuado para aventurarse a explorar posibilidades de crecimiento, pero contrariamente a lo que intuitivamente se piense, lo cierto es que la coyuntura actual es idónea para el crecimiento. Ello porque hay muchos fondos de inversión con liquidez que están buscando buenas oportunidades de inversión. Además, habrá muchas buenas empresas viables que padezcan dificultades financieras, las cuales pueden ser una muy buena oportunidad de inversión ya que pueden adquirirse de manera segura, efectiva y eficaz dentro del marco legal de la nueva ley concursal, que entró en vigor el pasado 26 de septiembre de 2022.

Así pues, de conformidad con la nueva ley se podrán vender y comprar empresas en distintos momentos: en fase pre-concursal, como medida de reestructuración operativa contemplada en un plan de reestructuración; en el momento de solicitud de concurso; o una vez declarado, en la fase común o en la propia de liquidación. Por ello, aspiremos y atrevámonos a ser tan grandes como los del club de los elegidos.

Antonio Almendros Ruiz, socio director de de Antonio Almendros Abogados

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