Los mercados en 2023: menos volcánicos, pero también inciertos

Siempre se dice que la Bolsa va por delante de la economía un par de trimestres, una medida quizá demasiado explícita para la variabilidad de los mercados financieros pero que incluye la principal característica de los mercados: el que se anticipa sale ganando. Ello implica, lógicamente, un riesgo de precipitación, en caso de que el inversor intente cazar la ola buena antes que nadie.

Las casas de análisis han advertido repetidamente que la señal que deben esperar los inversores está en los datos de inflación y en las perspectivas sobre los tipos de interés. El momento en el que la crisis energética dé las primeras señales de remitir tendrá una fuerza similar, a efectos de renta variable, a los progresos de las vacunas contra el Covid-19. Probablemente el mayor riesgo para el inversor de cara al año que viene sea patinar a la hora de interpretar estas señales de humo. Los analistas aconsejan prudencia y buscar la solidez y dividendos sostenibles, pues la renta variable, además de sensible a los tipos, depende de la economía.

En el mercado de deuda las cartas están más claras. La primera mitad de este año ha sido un drama para los inversores en deuda: la rapidez con la que han subido los tipos de interés ha hundido el precio de los bonos de referencia (que se mueve al contrario que el rendimiento) castigando las carteras. Un contexto bajista en el que los inversores han plegado velas. Aunque es precipitado dar por finalizadas las subidas de tipos, lo cierto es que buena parte del endurecimiento monetario, pasado y futuro, está ya contenido en los bonos. Como resulta, además, que éstos ofrecen rentabilidades dignas de tal nombre (cerca del 3% en el caso del 10 años español), la inversión en deuda es ya atractiva.

Este 3% puede parecer escaso, y lo es en comparación con la inflación, pero desdeñar rentabilidades bajas es la vía más común para granjearse riesgos excesivos. Y, de hecho, otra de las advertencias de los analistas es, precisamente, que la volatilidad seguirán rampando en el mercado, espoleada por la incierta salida de la coyuntura actual.

Así, los analistas apuestan por activos alternativo, un entorno en el que el inversor tampoco debe bajar la guardia: la liquidez, particularmente, es el elemento a vigilar. Quedan aparte las opciones de alto voltaje, como las criptodivisas, donde al riesgo inherente a un activo financiero de volatilidad extrema se suma el riesgo de pérdida del capital sin que existan mecanismos de protección de ningún tipo. Si 2022 ha sido difícil para el inversor, con caídas paralelas de Bolsa y deuda, 2023 será exigente.