El futuro de las criptodivisas después de la gran implosión

Decía un chiste, tan viejo como la posguerra española, que en la época del estraperlo se especulaba con latas de sardinas, subiendo su precio de transacción en transacción hasta que a alguien le dio por abrir la lata, que estaba vacía. Era una lata para vender, no para abrir, le dijo el vendedor al incauto comprador. En el caso de las criptodivisas, ni siquiera ha sido precisa la promesa de una sardina, sustituida la expectativa de rentabilidad por una montaña de tecnicismos informáticos y filosofía individualista de mercadillo.

Sam Bankman-Fried, fundador y máximo accionista de FTX, no ocultaba las semejanzas de la práctica yield farming, común en la suya y otras plataformas, con un esquema piramidal, pues todo depende de que nuevos inversores inflen los precios. Que particulares cayeran en la trampa es comprensible; que lo hicieran los institucionales, no tanto. En todo caso, no ha sido el Estado quien ha parado los pies a la fiebre de FTX, sino la mano invisible del mercado.

No es la primera plataforma de criptodivisas que cae, pero sí la más grande, y se ofrecía como caballero blanco de otras más pequeñas cuando era necesario. Su colapso no solo ha expuesto un esquema muy similar al fraude filatélico, también ha aportado indicios de descontrol financiero, corrupción y ausencia de estándares de seguridad. La firma operaba como un banco sin ley, respaldado su balance por las monedas que él mismo emite.

Hay motivos para pensar que será un punto y aparte. La regulación, lentamente, está cristalizando a ambos lados del Atlántico. Y el sector, o parte de él, tendrá poderosos incentivos para seguirla a rajatabla. Quizá pervivan plataformas en los márgenes de la regulación, pero todas aquellas que aspiren a atraer capital u operar de cara al gran público deberán operar bajo un paraguas legal.

“Todo el concepto cripto es un sinsentido”, aseguraba este viernes en Twitter el presidente de la Fed de Minneapolis. “No sirve para pagos. No es una cobertura ante la inflación. No hay escasez. No hay una autoridad fiscal. Solo una herramienta de especulación”. Dejando aparte la tecnología blockchain y sus aplicaciones (en particular en el mercado de capitales), es imposible saber qué será de las criptodivisas en los próximos años. Desde el sector se habla de un criptoinvierno (que se supone da paso a una criptoprimavera), pero muy probablemente, si el mercado se recupera, lo hará sobre unos parámetros radicalmente distintos: menos rompedores, con menos carga ideológica y más aburridos pero, esperemos, más seguros.