Economía

Cómo los resultados de las elecciones en EE UU pueden influir en Europa

Aunque con más incertidumbre de la prevista, los republicanos podrían tomar el control de la Cámara de Representantes, mientras que el Senado permanece en manos demócratas. El futuro de las ayudas a Ucrania se encuentra en entredicho con el posible cambio

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La partida aún no ha acabado, pero los resultados de las elecciones al Congreso de Estados Unidos van tomando forma. Republicanos y demócratas se disputaron el martes de la semana pasada la renovación de la Cámara de Representantes, la de un tercio del Senado y quién ostentaría el cargo de gobernador en la mayor parte de estados que componen la nación más poderosa del mundo. Los gobernadores son la máxima autoridad local en cada estado, mientras que la Cámara de Representantes y el Senado conforman el motor del poder legislativo. Si bien ya está confirmado que el Senado permanecerá bajo control demócrata, la Cámara de Representantes estaría más cerca de ser republicana por la mínima (ver gráfico).

Más allá de consecuencias dentro de las fronteras del país, el balance de poder que arroja el recuento de papeletas tiene potenciales efectos al otro lado del Atlántico. Carlota García Encina, investigadora principal de Estados Unidos del Real Instituto Elcano, apunta que este desenlace con la Cámara de Representantes en manos republicansas implicaría más quebraderos de cabeza para el presidente Joe Biden a la hora de impulsar leyes y que, además, pondría en peligro las ayudas que recibe Ucrania.

“Si la Cámara Baja cae en manos de los republicanos, va a haber un bloqueo legislativo”, comienza. “Tal y como está la polarización, difícilmente la mayoría republicana va a ser un socio con el que llegar a acuerdos. La Cámara se encarga de supervisar al Gobierno. Los republicanos han anunciado que, si llegan al control, crearán varias comisiones de investigación. Desde Fauci con el Covid a Hunter Biden, pasando por la retirada de las tropas de Kabul y la inmigración en la frontera sur. Usarán los comités como argumentos de comunicación pública de cara a las presidenciales de 2024 y el control del techo de la deuda para bloquear y azuzar recortes en el gasto”, prevé.

Ucrania

Pase lo que pase finalmente tras los ajustados recuentos, el apoyo estadounidense ha sido fundamental para sostener a Ucrania frente a la agresión rusa. Datos publicados recientemente por el Kiel Institute for the World Economy y recopilados por Carnegie Europe muestran que, en términos de ayuda económica, Estados Unidos ha aportado más que toda la Unión Europea junta. Hasta el día 3 de octubre, en total Washington había desembolsado más de 52.000 millones de euros para Kiev. Sumando las aportaciones unilaterales de todos los países de la UE, la cifra ascendería a alrededor de 13.000 millones de euros, a los cuales habría que sumar 16.000 millones aportados por las instituciones europeas.

“La opinión pública americana en general ahora piensa que se está haciendo demasiado por Ucrania y que quizás habría que hacer algo menos, cosa que hace dos meses no pasaba. Está habiendo cierta fatiga. Hay voces en los republicanos que sostienen que es mejor invertir ese dinero en la economía estadounidense. Incluso dentro de los demócratas, el ala más progresista está empezando a cuestionar estas ayudas y piensan que quizás es la hora de negociar. Esto desde Europa preocupa, porque aunque nosotros sufrimos mucho las consecuencias de la guerra, son los americanos los que están dando la mayor parte del apoyo a Kiev, tanto en armamento como en financiación. Son los que sustentan la economía ucraniana”, analiza García.

El debate

Pol Morillas, director del think tank Cidob, puntualiza que a nivel de política exterior americana los poderes presidenciales son muy elevados, y coincide con lo señalado por García en referencia a Ucrania. “En la ejecución de la política exterior y de sus prioridades poco cambio en ese sentido con estas elecciones. Donde sí habrá cambio será en aquellas cuestiones de la política exterior que deban pasar por el Congreso. Me refiero, por ejemplo, a paquetes de ayuda a Ucrania”, afirma.

“Para Europa, ante una posible remisión del soporte americano a Ucrania, la cuestión será si el Viejo Continente se posicionará como un actor más decidido para contrarrestar esa reducción de la participación estadounidense. En otras palabras, Europa se dice a sí misma que tiene que ser un actor fuerte en política exterior y en Ucrania también. En un momento en el que los estadounidenses no ayuden tanto a Ucrania, ¿seremos los europeos capaces de tener un papel más protagonista? Esta es la pregunta que se le genera a Europa tras las elecciones”, prosigue Morillas.

El director del Cidob describe cómo especialmente en el Partido Republicano ha ganado enteros el discurso de un Estados Unidos que se preocupe menos del resto del mundo y se centre más en sí mismo. Se trata de una vieja lucha en el seno de la nación americana entre tratar de ejercer una mayor influencia internacional u optar por aislarse.

Mientras Estados Unidos decide por cuál opción decantarse, Morillas adelanta lo que ocurrirá en Europa. “Lo que cabe esperar es un debate interno ya muy presente. Un grupo de países sostiene que hay que confrontar a Rusia de la máxima manera posible, con sanciones y dándola de lado. Esta postura es respaldada sobre todo en el este de Europa. Países como Alemania o Francia creen, en cambio, que hay que llegar a algún tipo de entendimiento porque es un actor muy importante y piensan que hay que hablar en algún momento. Este debate en Europa tomará más protagonismo si EE UU se repliega un poco sobre sí mismo”, concluye.

En un artículo titulado “Los europeos deben prepararse para la época pos-Biden”, Judy Dempsey, autora en Carnegie Europe y directora de Strategic Europe, advierte de que sin el impulso de EE UU es “altamente cuestionable” que los líderes europeos sean capaces de dar ese paso al frente en la cuestión ucraniana.

“Esta es la debilidad esencial en la relación transatlántica. Los europeos no están preparados para tomar el mando. Tampoco lo están para compensar o mitigar los cambios que están sucediendo en Estados Unidos. O empiezan a compartir más responsabilidades y a asumir el liderazgo, o los países europeos no serán capaces de garantizar la estabilidad ni en Ucrania ni en el resto de Europa Oriental. No pueden esperar a las próximas elecciones presidenciales en EE UU”, escribe.

Dempsey defiende a lo sumo que Europa no puede permitirse el lujo de esperar a ver quién ocupará la Casa Blanca en el futuro. ¿Pero qué ocurrirá en las presidenciales? Aunque queda mucho y por tanto incontables circunstancias pueden cambiar, a ojos de García, las midterms han dado pistas de lo que puede ser 2024.El panorama político lleva varios años siendo más o menos similar en Estados Unidos. Nada de olas o tsunamis. Todo muy dividido y reñido. La posibilidad de muchos demócratas pasándose al partido republicano o viceversa se ha esfumado con la polarización, con lo que el panorama del 2024 puede ser más o menos lo mismo. "Queda por ver por supuesto quién será el candidato. Si se presentara Trump no ganaría. Perdió por 7 millones de votos en el 2020. Dada la poca movilidad de votos que hay, lo tendría muy complicado. Yo soy de las pocas que piensa que no se va a presentar. Porque no le gusta perder y él es consciente de todo esto", adelanta.

Morillas cree por el contrario que la más que demostrada polarización podría terminar por rebajarse. "El punto a favor de que este resultado acabe provocando una menor polarización a la que hemos visto en los últimos años es que dentro de los republicanos, al no haberse producido esa victoria apabullante, ni tampoco haber obtenido buenos resultados los candidatos que más apoyos de Trump han recibido, se abre el debate en el seno republicano acerca de la figura de Trump y de su legado de cara a 2024. Un partido republicano con debates internos y sin tanta unidad de acción o consenso respecto a la figura de Trump también intercede en ese posicionamiento de la polarización y de la gran división de los últimos años. En el caso de un Congreso dividido, Biden se enfrentará a una gobernanza más complicada, pero ni mucho menos una imposible, algo que sí hubiese resultado de una victoria apabullante de los republicanos como decían que podía ocurrir", opina.

Qué no cambia independientemente de quién gane

Aunque sí hay elementos que dependen en cierta medida de qué ocurra al final con los recientes comicios, hay otros que ni siquiera cambiarían independientemente de quién gane en las futuras presidenciales, cita electoral de mucha más relevancia debido entre otros factores al poder de emitir órdenes presidenciales y el derecho de veto legislativo del presidente estadounidense.

“Estados Unidos tiene sus propios intereses y objetivos. Washington ha publicado hace poco su estrategia de defensa nacional. Ahí ha detallado que, a pesar de Rusia, su planificación no ha cambiado. Su principal foco está en el Pacífico, siendo su mayor competidor China. EE UU ha dejado muy claro con esto que sigue una senda que se empezó a recorrer hace muchos años, y ha mostrado sus objetivos y en qué se quiere centrar. Podemos hablar de que esto comenzó con el pivote a Asia de Barack Obama en 2010. En este caso, de Trump a Biden ha habido cierta continuidad. Si vas al detalle no es así. Si te fijas en cómo comunican ambas Administraciones, tampoco. Pero sí que ha habido un mismo rumbo con el tema de China y el viraje al Pacífico”, comenta Carlota García.

Pol Morillas especifica que las Administraciones americanas llevan tiempo reclamando mayor protagonismo europeo en materia de defensa y una creciente integración de las distintas fuerzas armadas. “Esto lo han hecho Obama, Trump y Biden. Esto es un debate en el que en Europa todavía se arrastran los pies. La integración en materia de defensa sigue teniendo muy poco de integración. El gasto que se está haciendo en defensa sigue siendo nacional. Hay poca interoperabilidad entre los ejércitos europeos. Es un tema que seguirá muy presente en la narrativa americana. Los estadounidenses siempre prefieren a una Unión Europea que sepa lo que quiere hacer, incluso si no hacen lo que quieren los EE UU que haga, pero prefieren que sea así para poder hablar de forma clara. A Estados Unidos no le gusta esa Unión Europea que no actúa y que arrastra los pies. Los americanos quieren a una Europa decidida sobre lo que realmente quiere”, observa Morillas.

Por su parte, la experta del Real Instituto Elcano también añade que el famoso lema de Trump, America First, no es un lema que pueda ser exclusivamente atribuido al exmandatario. “Estos desencuentros entre europeos y estadounidenses siguen estando sobre la mesa, lo que pasa es que con la Administración Biden es mucho más fácil hablar. La comunicación fluye, quieren una Europa fuerte. Pero hay cosas que se mantienen. El America First es el America First, independientemente de qué partido sea el del presidente”, enfatiza.

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