Consejos para gestionar la llegada de un nuevo jefe

Es importante ser proactivo y conocer la visión que tiene el líder para el proyecto

El cambio puede ser una oportunidad para afrontar otros proyectos y crecer profesionalmente

Consejos para gestionar la llegada de un nuevo jefe

La compra de Twitter por parte de Elon Musk ha dejado patente que la llegada de un nuevo jefe puede poner patas arriba una compañía. Aunque nada de lo que hace el extravagante multimillonario es susceptible de ser comparado con la realidad de la mayoría de las empresas, sí que el cambio de líder en una organización, ya sea un alto directivo o un mando intermedio, suele venir acompañado de momentos de incertidumbre entre los miembros del equipo.

 “Las empresas, y más los puestos directivos, tienen que estar preparados y acostumbrados a que van a existir cambios”, afirma Joseba Pérez, director general de Lortu, consultora de coaching empresarial, que aconseja antes que nada preguntar para acabar con la incertidumbre. “Hay que saber hacia dónde quiere ir el nuevo líder y asegurarte que lo entiendes bien para poder alinear tus tareas y responsabilidades a esa visión que tiene la persona que llega”, explica. Para ello, Pérez aconseja ser proactivo.

La misma opinión que comparte Carlos Royo, profesor del departamento de dirección de personas y organización de Esade. “Hay que hacer por acercarse al nuevo jefe, no quedarse pensando ‘ya me llamará’. Puede costar un poco tener los primeros contactos, pero deben buscarse, aunque sean encuentros cortos para un conocimiento inicial. Es importante ganar cierta visibilidad”, añade.

Esos encuentros iniciales pueden ser un buen momento para poner en práctica otro de los consejos de Pérez, dar a conocer la labor que se lleva a cabo dentro del equipo. “Mostrar que lo que estás haciendo es bueno para la empresa, y si los nuevos que llegan ven que es bueno, van a contar contigo. Lo que no se puede hacer es ponerse en la segunda fila”, explica. Por su parte, Royo recomienda no acudir a esas primeras reuniones “con una agenda llena de acciones, para que el jefe sepa todo lo que el empleado hace. Es mejor llevar menos temas e intentar crear cierta relación emocional”.

Es también una oportunidad para seguir el aviso de Royo de “no sorprender al jefe”. “Que se entere de las malas noticias o de los problemas y dificultades que tengas en tu trabajo por ti. Porque al final los va a acabar conociendo, y si lo hace por terceras personas va a ser más perjudicial. No es necesario en el primer contacto empezar con las malas noticias, pero no guardarlas mucho más”, añade.

Al respecto de los problemas, el profesor de Esade tiene la opinión de que, a la hora de presentarlos, es mejor ir al jefe con opciones sobre cómo superarlos. “Es tan malo ir con una solución hecha, porque algunos jefes desconfían cuando no se les permite aportar de su propia cosecha, que ir con un problema absolutamente sin trabajar. Lo bueno es crear alternativas. A los líderes les das la sensación de que le estás facilitando el trabajo, pero a la vez se le permite participar. Ya te dirá si te va a dar libertad total o quiere tener un poco el control”, asegura.

Lo que debe quedar claro al poco de la llegada del nuevo líder es qué espera del empleado, definir las expectativas que tiene para evitar que se genere decepción y frustración si no se cumplen porque el trabajador no las conocía. Y a este respecto vuelve a ser importante la proactividad de preguntar, si el jefe no da el paso de comunicarlas.

Un truco que aporta Royo es lo que define como “buscar las victorias rápidas”. “Identificar pequeños éxitos que puedan ayudar a posicionarte como alguien que da alegrías y no penas. Porque al final las primeras impresiones y las percepciones iniciales también condicionan mucho lo que las personas creen de nosotros”, explica.

Por su parte, Pérez aconseja ver el cambio de jefe también como una oportunidad para el crecimiento profesional del empleado, para afrontar nuevos proyectos, hacer funciones diferentes. “Busca la forma de ser parte del cambio, que cuenten contigo en los nuevos objetivos”, afirma.

Coinciden ambos consultados en que una vez que hay un nuevo jefe, lo mejor, si se quiere seguir en la compañía, es aceptarlo y no quedarse anclado en el pasado pensando en lo bueno que era el anterior o la estupenda relación que se tenía con él. “Las empresas no son democráticas, no llegan los líderes por elección. Con el que venga, nos guste o no, tenemos que alinearnos. Una opción es me alineo, atiendo a la visión, soy proactivo y tiro hacia delante formando parte del nuevo proyecto empresarial. La otra es decir esto no me gusta y buscar otras alternativas fuera. Lo que no tienes que hacer es quedarte al margen”, opina Pérez.

Por su parte, Royo añade que no se debe esperar a que un jefe cambie su modo de actuar, que lo inteligente es “saber cómo adaptarte a él, aunque eso no significa darle siempre la razón. Por ejemplo, si comunica poco y rápido, acostúmbrate a ello y opta por que tus mensajes sean cortos y vayan a lo importante”.

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