Si Credit Suisse quiere a sus banqueros, que los deje libres

Escindir limpiamente la banca de inversión sería más conveniente que buscar capital externo para mantenerla

Sede de Credit Suisse, en Zúrich.
Sede de Credit Suisse, en Zúrich. reuters

Credit Suisse es un banco débil con algunos banqueros fuertes. Por ello, su presidente, Axel Lehmann, está considerando la posibilidad de aportar dinero externo para aislar a esos magos de las fusiones de las turbulencias de la matriz. Un gesto más solidario sería encontrarles un nuevo hogar menos problemático.

Ser uno de los banqueros de inversión de la firma de 12.000 millones de dólares es, sin duda, menos divertido de lo que era. Sus recompensas en acciones están bajo presión, ya que el precio de las acciones ha caído un 60% desde febrero. Y el riesgo de quedarse sin trabajo también aumenta. Los problemas de los clientes han desestabilizado al banco, y el coste de asegurar la deuda de Credit Suisse contra el impago ha aumentado, y ahora es más del doble que el de su archirrival UBS.

La caída de los ingresos y la huida del talento son ahora peligros reales. Los principales responsables de las operaciones corporativas se han marchado, incluido el cojefe mundial de banca Jens Welter. El grupo redujo su exposición a la financiación apalancada, uno de sus negocios más fuertes, a 5.900 millones en junio, frente a los 10.200 millones de principios de 2021. La cuota de Credit Suisse en el total de las comisiones del sector ha ido cayendo en fusiones y suscripción.

Es probable que Lehmann anuncie amplios recortes de costes como parte de una nueva estrategia el día 27. El problema es que si lo hace puede alejar a personas que preferiría conservar. Una posibilidad, ideada con Michael Klein, miembro del consejo y exbanquero de fusiones de Citigroup, es una inyección de capital externo directamente en el banco de inversión. Los inversores del Golfo, entre ellos Mubadala, de Abu Dábi, y el Fondo de Inversión Pública de Arabia Saudí, podrían aportar dinero a una unidad de asesoramiento y aseguramiento, informa Bloomberg.

Ello podría financiar los pagos de retención de los directores generales de las áreas más fuertes del banco. Credit Suisse también podría ofrecerles acciones privadas en una unidad centrada en la realización de operaciones, en lugar de la nave nodriza en apuros, para que coman más de lo que matan, en la jerga de Wall Street. Al estar alejados de los grandes problemas de Credit Suisse, podrían recuperar el espíritu aventurero de anteriores compras, como First Boston y Donaldson, Lufkin & Jenrette.

Pero las acciones de un banco de inversión privado no pueden utilizarse para comprar mocasines Gucci o una casa en la playa, que es una de las razones por las que firmas como Goldman Sachs y Lazard acabaron saliendo a Bolsa. Eso dejaría a Lehmann bajo presión para sacar a Bolsa la unidad escindida, dando a los banqueros y a los inversores externos una forma de convertir sus participaciones en efectivo.

Imaginemos, pues, que Credit Suisse escinde su negocio de asesoramiento y mercados de capitales. Llámemoslo Second Boston. Si la empresa independiente puede acaparar algo más del 2% del total de las comisiones de fusión y suscripción del sector, más o menos lo que hace ahora, según Refinitiv, podría tener 3.000 millones de ingresos anuales. Eso suponiendo que el bote mundial se asiente en 130.000 millones, a medio camino entre el deprimido ritmo de este año y los niveles de 2021.

Eso podría darle un valor considerable en relación con la propia capitalización bursátil de Credit Suisse. Su rival Perella Weinberg cotiza a 0,7 veces los ingresos estimados. Moelis y PJT Partners lo hacen en torno al doble de sus ingresos previstos. Esto sugiere que Second Boston podría valer entre 2.000 y 6.000 millones, lo que equivale a la mitad del mermado valor del banco suizo.

Lehmann podría intentar obtener lo mejor de ambos mundos, sacando a Bolsa una participación minoritaria en su banco de inversión y quedándose con el resto. Ese es el camino que han tomado firmas industriales como General Electric al separar divisiones preciadas. En este caso, sin embargo, es probablemente una mala idea. Tener un gran accionista haría que las acciones fueran menos líquidas y podría deprimir su valor. Evercore, Lazard, Jefferies Financial, Greenhill, Moelis, Perella Weinberg y PJT tienen un free float medio del 88%.

A Credit Suisse le convendría considerar una ruptura limpia. Los 3.300 empleados de asesoramiento y suscripción que el banco dio a conocer por última vez a mediados de 2020 ofrecen poco a los negocios principales: la gestión de patrimonios y la banca minorista suiza. Ocasionalmente, un cliente multimillonario puede querer asesoramiento para una compra por parte de la dirección o una OPV. Pero Credit Suisse nunca ha cuantificado el negocio que gana con las recomendaciones intragrupo, lo que sugiere que es bajo.

Second Boston podría incluso encontrar un segundo hogar con el tiempo. Un gran banco minorista de EE UU, como Truist Financial o Wells Fargo, podría esperar algún día adentrarse en la banca mayorista. Los bancos convencionales podrían, en teoría, financiar la suscripción de préstamos y bonos con los constantes depósitos locales. Las asociaciones son otra opción. Jefferies se ha asociado con la aseguradora MassMutual y la japonesa SMBC para ayudar a financiar su unidad de financiación apalancada.

Cuanto más espere Lehmann, más se erosionará el valor de Credit Suisse como fuerza negociadora. Ha señalado que sus banqueros no tendrán necesariamente el balance del banco a su disposición, pidiendo una división “ligera de capital” a principios de este año: un nuevo chasco para consiglieri ambiciosos.

El valor de un banco de inversión es su gente. En este caso, será mayor si esas personas ya no están en Credit Suisse.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías