Google convierte la presión de proteger al inversor en una virtud corporativa

La batalla de la CNMV contra los chiringuitos financieros que utilizan los buscadores y redes sociales para captar inversores incautos consiguió ayer su primera victoria, y una victoria fuertemente simbólica. Poco después de que su presidente, Rodrigo Buenaventura, anunciase que el organismo podría retirar su modesta publicidad corporativa de “aquellas redes que permitan la promoción de chiringuitos financieros”, Google se ha comprometido a que su buscador en España solo aceptará publicidad de servicios financieros autorizados tanto por la CNMV como por el Banco de España. La multinacional ha anunciado que a partir del 24 de enero de 2023 las firmas que quieran promocionar un producto o servicio financiero en Google y Youtube tendrán que superar el programa de verificación de anunciantes de la multinacional. Con esa decisión, la compañía replica una iniciativa que adoptó en el Reino Unido el año pasado, donde asegura haber bloqueado o eliminado más de 58,9 millones de anuncios que incumplían su política de publicidad financiera.

Más allá de la eficacia cuantitativa de ese filtro y del impacto que tenga en la difícil lucha contra la publicidad engañosa en internet, algo que se verá con el tiempo, el paso al frente de Google en España constituye un gesto de autorregulación inteligente en un entorno que muy probablemente acabará evolucionando hacia una normativa obligatoria. El propio Buenaventura aseguraba el pasado abril que si los buscadores y redes de internet no asumen una actitud proactiva en este ámbito, la CNMV presionará al Gobierno para impulsar una regulación “que prohíba y sancione ese tipo de prácticas”.

Los requerimientos del organismo a día de hoy no son inabarcables ni suponen hacer de las compañías de internet policías financieros en la red, puesto que se limitan a reclamar que no acepten anuncios de pago de entidades ya señaladas como sospechosas en las listas de los supervisores financieros. Aunque de momento ni Facebook –e Instagram–, ni Twitter ni Twitch han respondido al órdago de la CNMV, todo apunta a que la presión del organismo se dirigirá ahora hacia estas plataformas y redes sociales, que se han convertido en una ventana privilegiada no solo para chiringuitos financieros, sino también para las campañas masivas de inversión en criptomonedas y para los influencers que reparten consejos a miles de pequeños ahorradores. La decisión de Google y Youtube, que la CNMV agradeció ayer públicamente, no deja de ser un hábil ejercicio de responsabilidad empresarial, una muestra de visión de futuro y un saber hacer de la presión del supervisor casi una virtud corporativa.