Nubes negras sobre la economía británica

La renovación en Buckingham Palace y Downing Street acrecienta la incertidumbre en un país afectado por el Brexit, la pandemia de Covid, la alta tasa de inflación y la guerra entre Rusia y Ucrania

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El Reino Unido sufre una tasa de inflación que en julio alcanzó el 10,1% y en agosto el 9,9%, cifras no vistas desde 1981, y sin visos de mejora. Según el Banco de Inglaterra, a principios de 2023 podría exceder el 13%, una previsión incluso positiva si se compara con la de Citi y Resolution Foundation, que consideran que podría llegar al 18%. Por otra parte, la depreciación de la libra esterlina frente al dólar, en lo que llevamos de 2022, alcanza el 16%, lo que exacerba la inflación a través del precio de las importaciones.

Además, la fuerte política restrictiva del Banco de Inglaterra, que situó los tipos de interés en el 2,25%, su nivel más alto en 15 años, ha encarecido los préstamos e hipotecas, y lo hará aún más, ya que se espera que alcancen el 4,5% el próximo año. En definitiva, un panorama nada alentador para la economía británica.

Los desafíos a los que se ha enfrentado el reino en los últimos años no son nimios: la pandemia de Covid-19, las disrupciones en las cadenas globales de suministros, la guerra de Rusia contra Ucrania, sin olvidarse del Brexit, han sumido al país en una recesión que muchos ya califican de crisis económica.

Más recientemente, el país ha sido protagonista de dos grandes cambios que pueden contribuir al aumento de las dudas sobre su futuro. Por una parte, la expulsión de Boris Johnson y el nombramiento de Liz Truss como primera ministra, y por otra, la muerte de Isabel II, tras 70 años de reinado.

En su primer discurso como primera ministra, la líder conservadora aseguró que centrará sus políticas en tres prioridades inmediatas: la economía, la energía y el sistema sanitario, pero sus medidas tuvieron que aplazarse ante el fallecimiento de la monarca y sus seguidos diez días de luto. Una vez pasado el quebranto, Truss presentó sus políticas económicas hace apenas una semana.

Rey Carlos y Liz Truss
El rey Carlos III recibe a la primera ministra, Liz Truss, en el Palacio de Buckingham, en Londres, el 18 de septiembre pasado. Getty Images

Respiro fiscal

El paquete, basado en las rebajas fiscales y en las ayudas económicas, pretende dar el respiro a la clase media que los parlamentarios pedían a Boris Johnson, pero que este se negó a adoptar, dado el abultado déficit (el peso de la deuda pública sobre el PIB es ya del 100%).

Entre las medidas anunciadas destacan la cancelación del aumento del impuesto de sociedades del 19% al 25% y de la subida de las cotizaciones de la Seguridad Social anunciadas por Johnson. También ha suspendido el impuesto sobre los beneficios extraordinarios a las compañías energéticas y ha reducido el impuesto de transmisiones patrimoniales y la tarifa general del impuesto sobre la renta. Además, ha anunciado un paquete de ayudas de 150.000 millones de libras a familias y empresas.

La tasa de inflación se sitúa en el 9,9% y se prevé que pueda llegar al 18%

Numerosos economistas y diputados tories han alertado sobre el impacto que los recortes pueden tener en la inflación y sobre el agujero, estimado en más de 50.000 millones de euros, que este movimiento dejará en las arcas públicas. Incluso, el rival de Truss durante la campaña por el liderazgo conservador, Rishi Sunak, ha calificado las propuestas como “un cuento de hadas” y ha advertido de que la factura la acabarán pagando sus hijos y sus nietos.

Incluso algunos analistas ya lo tildan de fiasco. “El plan de crecimiento del Gobierno británico ha fracasado espectacularmente en los ya nerviosos mercados de divisas y de bonos. Su apoyo a la factura energética y al recorte de impuestos ayudará a muchos mientras la economía se tambalea al borde de la recesión, pero el desplome de los mercados está añadiendo costes significativos a muchos consumidores y dejando a las autoridades con pocas, y únicas, malas opciones que abordar”, sostiene Ben Laidler, estratega de mercados globales de la plataforma de inversión en multiactivos eToro.

Entre los efectos inmediatos para los consumidores, Laidler señala el aumento de las hipotecas y del precio de la gasolina. Pero, además, la caída a mínimos históricos de la libra, que se ha situado tras las medidas casi a la par que el dólar, podría traer consigo nuevas subidas de tipos. Los mercados se han hecho eco de la posibilidad de que el Banco de Inglaterra los eleve hasta el 5%, más del doble del actual 2,25%.

El Brexit

Aunque es difícil calcular el impacto de la independencia de la Unión Europea, dado que solo un mes y medio después de concretarse empezaron los confinamientos y las restricciones por Covid y más tarde la guerra en Ucrania, Rafael Pampillón, consejero del Colegio de Economistas de Madrid, no tiene dudas de que “ha sido una mala decisión” que está agravando la situación actual.

“A mediados de 2022, la economía británica ya era un 6% menor de lo que hubiera sido formando parte de la UE. Y la inversión era otro 14% menor. El Brexit también está causando una pérdida de poder adquisitivo en una media anual de 600 euros por cada trabajador”, asegura el experto que añade que en 2023 será el país del G7 que crecerá menos. Argumenta su afirmación recordando que el PIB per cápita del país se ha quedado en un 10% desde 2015, frente al 24% de Alemania.

Por otra parte, la tasa de desempleo del país, situada en el 3,8%, está cerca de mínimos de 40 años. Pero lo que, sin lugar a duda, es una buena noticia, también enmascara una realidad: la falta de mano de obra. “El efecto más impactante del Brexit se halla en la falta de mano de obra esencial para el mercado laboral al endurecerse los requisitos para trabajar en el Reino Unido para las personas de la UE. La escasez de mano de obra en sectores tradicionalmente de bajos salarios, desempeñados por inmigrantes comunitarios, como transporte u hostelería, presiona los salarios al alza, contribuyendo a la inflación”, apunta Eszter ­Wirth, profesora de Economía Internacional de Comillas Icade.

Por si fuera poco, según Pampillón, el país está sufriendo una pérdida de capital humano, “una auténtica fuga de cerebros que le está haciendo quedarse atrás en una cuestión tan importante como la tecnología, lo que le pasará factura a largo plazo”.

En cuanto a los intercambios comerciales con el Viejo Continente, aunque los bienes siguen circulando sin aranceles entre el Reino Unido y la UE, Wirth señala que han aumentado las barreras no arancelarias, básicamente el papeleo y las inspecciones. Según el think tank UK in a Changing Europe, estas barreras y la depreciación de la libra encarecieron los alimentos un 6% entre 2019 y 2021.

Gaston Browne
El primer ministro de Antigua y Barbuda, Gaston Browne, firma un libro de condolencias en Lancaster House, tras la muerte de la reina Isabel II, el 17 de septiembre en Londres.

La Commonwealth

De acuerdo con las investigaciones del Centre for Economic Performance de la London School of Economics, las importaciones británicas desde la UE cayeron un 25% y son difíciles de reemplazar con bienes procedentes de países más lejanos con los que el Reino Unido firmó o pretende firmar acuerdos de libre comercio tras el Brexit. Entre ellos, los planteados con los 56 integrantes de la Commonwealth, que ahora lidera Carlos III.

Pero la realidad, tal y como indica Juan Luis Santos, profesor de Economía de la Universidad CEU San Pablo, es que la relación entre el Reino Unido y estos países es mucho menor que hace algunas décadas. “Los principales socios comerciales del Reino Unido son Estados Unidos, Alemania y China, seguidos de otros países europeos como Irlanda, Holanda y Francia”, precisa.

Ni tan siquiera con los 14 países donde el soberano británico sigue siendo jefe de Estado la relación económica es muy relevante. “Es verdad que hay relaciones importantes, especialmente con Australia, Nueva Zelanda y Canadá, o incluso con las repúblicas de India y Sudáfrica, pero por contextualizar, la suma del comercio con España e Italia supera a la de las cinco principales excolonias británicas”, ilustra. Eso, sin contar que algunos integrantes podrían declararse fuera de la influencia del monarca y proclamarse república, como hizo Barbados en 2021.

La aprobación de la reina era del 72%, mientras que Carlos III cuenta con un 42%

“Antes del deceso de Isabel II ya había movimientos republicanos en algunos, particularmente en el Caribe, pero desde hace unas semanas, Antigua y Barbuda ha hecho pública la decisión de celebrar un referéndum en los próximos tres años y otros países como Bahamas han comentado que piensan valorarlo”, indica Mikel Larreina, vicedecano de relaciones internacionales y director del EIBM de Deusto Business School.

Jamaica, Australia y Nueva Zelanda ya han manifestado su intención, aunque no tienen una agenda específica. Pero no sería de extrañar que fijaran fecha: la popularidad de Carlos III es muchísimo menor de la que gozaba su madre. Mientras la difunta reina contaba con una tasa de aprobación del 72%, según la empresa de sondeos YouGov, la del nuevo jefe de Estado es del 42%.

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