El reajuste de Credit Suisse corre el riesgo de ser una mala copia de UBS

El plan del nuevo jefe, Ulrich Koerner, puede parecerse al de 2012 de su rival, pero mucho más lento

Sedes de UBS y Credit Suisse, en Zúrich.
Sedes de UBS y Credit Suisse, en Zúrich. reuters

Credit Suisse se enfrenta al fin a la magnitud de sus problemas. El miércoles anunció que el nuevo jefe, Ulrich Koerner, reducirá la actividad de trading para centrarse en la gestión de patrimonios. El plan final, previsto para finales de año, puede parecerse al de UBS de 2012, pero mucho más lento.

Las incesantes pérdidas, incluyendo un golpe de 1.700 millones de dólares en el segundo trimestre, hacían insostenible la estrategia gradualista del saliente Thomas Gottstein, que fue reclutado como un par de manos seguras a principios de 2020, después de que un escándalo de espionaje le costara el puesto a Tidjane Thiam. Los años transcurridos han sido de todo menos estables. El banco se vio sacudido por la doble quiebra de sus clientes Greensill y Archegos. El ex-CEO de ­Lloyds António Horta-Osório se incorporó a la presidencia para poner orden, pero se marchó rápidamente tras incumplir las normas de la pandemia.

El nuevo presidente, Axel Lehmann, quiere que Koerner acelere las cosas y recorte costes por debajo de los 16.100 millones, frente a una tasa anualizada de 17.500 millones este año. Centrará la banca de inversión en los servicios de asesoramiento, como las fusiones, en lugar de los negocios intensivos en capital, como el trading de créditos, que tienen poca relevancia para los clientes patrimoniales.

Es similar a la estrategia de UBS de octubre de 2012, denominada “aceleración estratégica desde una posición de fuerza”. El entonces jefe, Sergio Ermotti, se comprometió a eliminar unos 90.000 millones de activos ponderados por riesgo en banca de inversión, es decir, el 57%, principalmente en el trading de renta fija. Al verano siguiente, el banco había recuperado una cotización que superaba su valor contable tangible, lo que indicaba que los inversores creían que podía obtener una rentabilidad respetable.

Imitar ese éxito es un gran reto para Koerner, que a diferencia de Ermotti nunca ha dirigido un banco de inversión. También se enfrenta a un contexto más difícil. Los ingresos de renta fija de los bancos de todo el mundo crecieron en 2012, mientras que las comisiones por fusiones y por colocaciones se quedaron planas, según los analistas de Citigroup. En cambio, algunas de las divisiones clave de Credit Suisse, como el trading de créditos y las finanzas apalancadas, están cayendo en picado. La debilidad de los mercados implica que el golpe a los ingresos por el abandono del negocio podría ser más rápido y duro. Y es posible que haya menos compradores para las exposiciones de las que Koerner quiere desprenderse, como el negocio de productos titulizados, con 20.000 millones de activos ponderados por riesgo.

Mientras, los continuos números rojos del banco están agotando su capital común de nivel 1, que necesita para financiar su reestructuración. La ratio CET1 cayó al 13,5% en junio, frente al 13,8% de marzo. Suponiendo que Koerner quiera mantenerse sobre el 13%, solo dispone de un colchón de 1.400 millones para absorber cualquier pérdida futura derivada de la liquidación de los negocios de trading. Podría ser más seguro completarlo con un aumento de capital.

La “aceleración desde una posición de fuerza” de UBS fue en parte una fanfarronada, pero funcionó. A Credit­ ­Suisse le resultará difícil hacer lo mismo desde su posición de debilidad.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías