¿Son los Perte el verdadero camino hacia la recuperación?

La aprobación de proyectos en sectores donde España es advenediza, como los chips, debería analizarse con prudencia

Nos encontramos en una época convulsa en el aspecto económico, con una perspectiva poco halagüeña, que pone de manifiesto la necesidad de realizar reformas de carácter estructural en nuestra economía para poder solucionar los problemas a los que ahora nos enfrentamos y encarar un futuro con una posición más ventajosa. El contexto hiperinflacionista, producido parcialmente por las políticas económicas de contención de la pandemia, ha generado un exceso de demanda y una contracción en la oferta. Y en este entorno hostil observamos que es necesario como país tomar ciertas medidas a corto y a largo plazo.

Las medidas a corto plazo llevadas a cabo por los bancos centrales se centran en la reducción de la demanda por la vía monetaria, es decir, reducir la liquidez mediante el aumento de tipos de interés. Esto provoca un freno inmediato al crecimiento, donde se ven afectados en mayor medida las economías menos robustas, como la española, y una reducción drástica de la inversión privada, que es uno de los principales motores de la innovación y propulsor de mejoras estructurales. También veremos en los próximos meses los resultados del endurecimiento cuantitativo, como reajustes en los balances de los bancos centrales, que va a afectar de manera desigual a las distintas economías del mundo. En el caso de la española, sobreendeudada y con una gran dependencia del exterior, será de las más afectadas.

Por otro lado hay que ir pensando las medidas a largo plazo para que nuestra economía pueda salir fortalecida lo más posible del efecto del desacoplamiento. Aquí nos enfrentamos al eterno problema de la productividad y la innovación. La productividad del trabajo, entendida como la cantidad de bienes y servicios que produce un grupo de trabajadores en un tiempo determinado, en el caso de nuestro país es de 56,31 dólares frente a la de Irlanda, de 125,09, o la de Noruega, de 100,33. Pero, más allá de reducir este hecho a una métrica, es importante saber que la tecnología juega un papel crucial en la mejora de la productividad. La innovación no solo refuerza positivamente la productividad mejorándola, sino que ayuda también a que el país pueda ofrecer otros servicios o mejore los que actualmente oferta ganando competitividad internacional.

En esta encrucijada, la Unión Europea, mediante el mecanismo europeo Next Generation, ha creado los Perte (proyectos estratégicos para la recuperación y transformación económica) como un nuevo recurso creado en el marco del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia. Los Perte deberían tener como objetivo ulterior mejorar la competitividad de España mediante la promoción de determinados proyectos de carácter estratégico con una gran capacidad de arrastre para el crecimiento económico. Son proyectos impulsados por su carácter prioritario, su complejidad y porque en el mercado no existe suficiente iniciativa o inversión privada. Ahora y en los próximos años van a ser más necesarios que nunca y deberían de llevarse a cabo en base a una hoja de ruta clara, donde se visualice a España en la próxima década como un país pionero, emprendedor y con una industria sólida.

La aprobación de Perte en sectores donde nuestra economía es advenediza debería analizarse en relación con otras economías punteras en esos sectores y con su inversión relativa. ¿Seremos capaces de competir internacionalmente con Taiwán en la producción de microchips, o con Estados Unidos en lo que inteligencia artificial se refiere? Para responder afirmativamente a estas preguntas tendrían que darse condiciones parejas. Por el contrario, si no es así, deberíamos mirar otros sectores donde partamos con ventaja o en los que podamos tener un peso relevante a nivel regional.

Además de elegir con criterio los sectores en los que se lancen los proyectos, la forma de estructurarlos es clave para el éxito a largo plazo. La colaboración público-privada es el leitmotiv de los Perte, con especial hincapié en las pequeñas y medianas empresas. Las startups, que son por definición pequeñas empresas disruptivas de base digital y con negocios escalables, están destinadas a ser parte fundamental de estos proyectos, aunque el acceso a los mismos venga definido por las grandes empresas que los lideran, y sometido a una burocracia poco ágil que dificulta en muchos casos que empresas disruptivas puedan ser parte de ellos aportando innovación y flexibilidad. Estos proyectos se atomizan demasiado y veremos con el tiempo si se consiguen focalizar en lo que buscan.

Actualmente están aprobados por el Consejo de Ministros un total de once proyectos, que marcarán el rumbo de la economía española, y se pretende que posicionen al país como un referente en industrias con potencial, pero no debemos perder la pista al desempeño de los mismos y a la posibilidad de que con las innovaciones que se generen podamos salir reforzados del contexto macroeconómico para futuras crisis. Siempre con la idea de que a más innovación, mejor productividad, y con ella, un mejor estado de salud para competir con otros países en un contexto global. Si se descuida esta oportunidad de crear una España pionera, continuaremos con parches en un entorno económico cada vez más competitivo y donde la financiación ya no será lo que era.

Guillermo Campoamor es CEO de Meep