No haga promesas sobre cambio climático que no pueda cumplir

El papel de la industria financiera en la protección del clima es esencialmente la asignación eficiente de capital. Y ese es un juego de incentivos

Los CEO de las empresas y los gobiernos se han apresurado a realizar promesas para poder alcanzar el objetivo de emisiones cero neto para 2050. Se trata de una actitud admirable, pero en realidad, ¿cuántos de esos CEO y líderes gubernamentales seguirán en sus puestos actuales en 2050? Probablemente ninguno. Las promesas son fáciles de hacer cuando, en realidad, se trata de un recurso cómodo y gratuito para demostrar buena voluntad, sabiendo que, cuando llegue el momento de descubrir la vaciedad de las mismas, la responsabilidad ya habrá pasado a otra persona. ¿Cuántas de las empresas y gobiernos que han hecho promesas de alcanzar el objetivo de cero neto han proporcionado detalles sobre el camino a seguir hasta 2050? No muchos. Porque también será, eventualmente, el problema de otra persona.

Las personas somos criaturas simples; hacemos lo que se nos incentiva a hacer. Si queremos abordar un problema, como el cambio climático, debemos abordar los incentivos. Esto es algo en lo que la industria financiera ha estado enredada hasta ahora. Ha estado demasiado ocupada haciendo promesas de las que serán responsables otras personas; la próxima generación.

Algunas de esas promesas incluían el cero neto, y que los inversores podrían marcar una diferencia tangible a través de fondos verdes. Hay algo de real en esto, pero también mucho lavado verde y oportunismo. El año pasado encuestamos a casi 2.500 de nuestros miembros, de los cuales solo el 40% dijo que ellos/su organización actualmente incorporan el riesgo climático en su análisis. Esperábamos que un año después este porcentaje hubiera mejorado, pero las culturas cambian lentamente. Existen muchos responsables de ASG que fueron jefes globales de otra cosa hace unos años, y cuyos currículos tienen poca experiencia en sostenibilidad.

No debemos criticar injustamente a la industria financiera. Algunos podrían decir que se está poniendo al día con el clima después de décadas de inacción, y ciertamente se han producido mayores esfuerzos en los últimos años. Sin embargo, existe el peligro de que ponerse al día implique hacer promesas sobre el clima a los clientes, los reguladores y las generaciones futuras que, tal vez, no sea posible cumplir. Las finanzas deben hacer todo lo que puedan, pero no prometer todo lo que no pueden

Ciertamente, las finanzas no deberían permanecer en un segundo plano cuando se trata de sostenibilidad, pero también debemos ser realistas. El papel de las finanzas en la lucha contra el cambio climático es esencialmente la asignación eficiente de capital. Y ese es un juego de incentivos. Como industria, debemos encontrar la mejor manera de invertir capital para generar prosperidad económica y social.

Hasta ahora, la asignación de capital había ignorado en gran medida la externalidad del cambio climático; decidiendo consciente o inconscientemente que a corto plazo no era un problema y que a largo plazo era el problema de otra persona. Si bien algunas jurisdicciones, como la UE, han tratado de intervenir con regulaciones que corrigen el mercado, postergar la acción climática del sector financiero a nivel mundial no puede continuar. Se deben tomar medidas ahora.

El mundo de las finanzas debe hacer todo lo que esté a su alcance para asignar capital de manera eficiente y enfrentar el cambio climático, pero no debe generar más expectativas de las que pueda realmente alcanzar.

Los inversores necesitan datos sobre el clima actualizados, consistentes, comparables y materiales, pero todavía no los tienen disponibles. La petición de organizaciones como la Taskforce on Climate-related Financial Disclosures (TCFD), la Sustainability Accounting Standards Board (SASB) y la International Financial Reporting Standards Foundation para disponer de datos verificados y materiales sobre el clima ayudarán, pero los inversores deben interactuar y comprometerse con las empresas para asegurarse de que los datos que necesitan estén disponibles. Esto significa exigir, de manera consistente y continuada, por esos datos climáticos veraces y materiales.

En última instancia, los gobiernos deben llevar a cabo el trabajo más complejo sobre el clima. Tienen que establecer los incentivos para las personas y las industrias. Esto, de forma coordinada, logrará el mayor impacto en el cambio climático.

Por ejemplo, un precio global del carbón podría ser un incentivo que cambiaría los comportamientos. Si bien será desafiante y políticamente impopular para los gobiernos y los reguladores, los inversores deben dar apoyo a este tipo de decisiones y abogar de manera consistente y continua por un precio para el carbono.

La industria de la inversión también tiene un papel clave que desempeñar para ayudar a las empresas a estandarizar los informes de sostenibilidad, mejorar su divulgación y reevaluar sus incentivos de compensación. Un reciente estudio mostró que solo 38 empresas del ranking Fortune 100 divulgan métricas de compensación vinculadas a objetivos ASG. Alrededor del 15% de estos objetivos se ocupan de cuestiones ambientales y, si se incluye una métrica ASG en los incentivos de pago, por lo general solo constituye una pequeña parte de la compensación total. Incentivos más significativos vinculados a acciones sobre las promesas de cumplir con el objetivo cero neto para 2050 serían más efectivos para impulsar el cambio.

Los inversores deben entender que sus fondos y planes de pensiones ASG pueden representar un paso en la dirección correcta, pero no van a salvar el mundo. Sus acciones sobre el terreno como consumidores y votantes pueden tener un impacto mucho mayor. Por ejemplo, si dejan de invertir en una empresa que es mala para el clima, alguien en algún otro lugar tomará su relevo y sí lo hará. Sin embargo, si optan por opciones alternativas, por ejemplo, en la forma en que viven (energía, alimentos, transporte con menor huella de carbono) y cambian la forma en que votan (votar por la acción climática), no habrá un nuevo consumidor o un nuevo votante para reemplazarlos. En consecuencia, sus elecciones tendrán un impacto más importante en el mundo real. Las inversiones siempre reflejan únicamente las decisiones personales de los consumidores y los votantes.

Al mirar hacia el futuro, debemos reconocer que existen segmentos de la sociedad que pueden tener un mayor impacto sobre el clima que la propia industria financiera. Nuestra industria debe tener cuidado de no prometer demasiado, pero sin duda debe continuar desempeñando su papel (nada despreciable) y abogar por el cambio climático dónde y cómo pueda.

Matt Orsagh/ José Luis de Mora son Director sénior de Política de Mercados de Capital en CFA Institute/ Presidente de CFA Society Spain