Los accionistas refuerzan su protagonismo en el control de los consejos

Crédit-Suisse o Danone, ejemplos de cambios en la estrategia. Europa sigue la estela de EE UU en poder de los fondos activistas

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Nadie duda de que las empresas se deben en primer lugar a sus accionistas, que son los propietarios de las mismas y que han sido tradicionalmente quienes ostentan el poder en las compañías. Pero en los últimos tiempos han aparecido también fondos que practicaban el activismo accionarial para condicionar en parte el comportamiento de los gestores, sin pretender por ello convertirse en el núcleo duro del capital de las corporaciones cotizadas.

Cada vez que se adoptan decisiones sorpresivas en la cúpula de una empresa, por mucha legitimidad que tengan los accionistas para hacerlo como propietarios de la misma, como lo ocurrido en la junta de accionistas de Indra, se reabre el debate.

La era en la que los accionistas dejaban a los grandes directivos el camino expedito para que desarrollasen su hoja de ruta sin oposición ha concluido. Primero fueron los fondos activistas los que buscaban oportunidades de inversión y desembarcaban en las compañías con problemas de gestión y propiciaban los cambios necesarios para que enderezasen el rumbo. Pero, según las nuevas tendencias del management, esta estrategia se ha ido extendiendo a todos los accionistas, cuyo control, aunque ha existido siempre, ha sido tradicionalmente más silencioso y conformista.

Este fenómeno es bastante frecuente en las economías anglosajonas y en algunas grandes economías europeas continentales, pero en España adquiere relevancia a partir de la crisis de 2008, cuando la preocupación de los inversores aumentó para tratar de corregir la mala gestión de los órganos de administración. “Europa siempre va detrás de EE UU. Además, como el capital de las empresas aquí está más concentrado, no es tan fácil el desembarco de estos fondos”, explican desde un proxy solicitor, los asesores encargados de ayudar a las empresas en sus relaciones con sus accionistas.

Con el paso de los años han elevado el grado de exigencia a los directivos cuando expresan su insatisfacción con la marcha de la compañía. En ocasiones, los expertos admiten que el activismo ha llegado a provocar giros coyunturales en los objetivos de gestión, que ha dejado de basarse únicamente en cuestiones de negocio y maximización de la cuenta de resultados, para dar paso a asuntos socioambientales.

Otro de los aspectos en los que coinciden las fuentes consultadas es que este activismo accionarial ha cambiado el equilibrio de poder en las empresas modernas y está provocando que los directivos asuman que tienen la obligación de rendir cuentas de forma cada vez más transparente y fidedigna a los accionistas. amén de hacerlo también con proveedores, clientes y plantilla.

Uno de los últimos casos paradigmáticos ha sido el de Danone. El ruido en la compañía francesa lo iniciaron los fondos Artisan Partners y BlueBell. Pese a que sumaban poco más del 3%, sus suspicacias hacia la gestión de la compañía tras la presentación de los resultados de 2020 provocaron la destitución de Emmanuel Faber como CEO.

No es el único caso: otro gigante europeo donde los accionistas enseñaron la puerta de salida a la cúpula fue Unilever, donde un grupo de gestoras de fondos se enfrentó a los planes del legendario presidente del gigante de la distribución, Paul Polman, que planteaban el traslado de la compañía de la Bolsa de Londres a la de Ámsterdam. Una guerra que terminó con Polman fuera de la compañía. Y el uso abusivo para fines personales del jet del banco por parte de António Horta-Osorio le costó la presidencia de Crédit-Suisse.

Pero la implicación de los accionistas no se reduce solo a despedir a la cúpula de las empresas si desvía la línea estratégica. También a ponerles deberes, algo de lo que no se libran ni siquiera las grandes compañías. Por ejemplo, en la última junta de McDonald’s, donde el multimillonario estadounidense Carl Icahn, con poco más de 200 acciones, obligó a que la compañía de comida rápida elevase sus exigencias a sus proveedores sobre el maltrato a los cerdos. En el caso de Exxon Mobil, el fondo Engine No 1 logró entrar en el consejo para impulsar la transición verde de la entidad gracias al apoyo de BlackRock.

España, con poca presencia de fondos activistas

Clasificación. El mercado español se sitúa en la parte media de la clasificación que mide cuantitativamente la presencia de los inversores activistas, de acuerdo a las estimaciones de Morrow Sodali. Aún está lejos del papel que desempeñan en Reino Unido, líder indiscutible del continente, pero también de Países Bajos o Francia (ver gráfico). Las empresas españolas, no obstante, ya se han puesto manos a la obra y han contratado a los proxy solicitors para que les ayuden a hablar con estos nuevos accionistas. Una de estas firmas indica a este periódico que hay muchos casos en los que los accionistas piden cambios a las empresas, pero que éstos no trascienden. Por ello, suelen solucionarse con una negociación privada entre las partes.

Los consejos. Uno de los puntos que levantan las suspicacias de los fondos es la falta de confianza en los consejos, fundamentalmente en casos donde el desempeño financiero de la empresa no es bueno. Una situación que, tal y como explican desde un proxy advisor, se ha agravado con el Covid-19 y la Guerra de Ucrania, que han hecho aflorar las debilidades de muchas compañías.

Hoja de ruta. Otro aspecto que provoca los golpes de mano de los accionistas es tratar de hacer virar la hoja de ruta de la compañía marcada por los gestores. Cuando esto ocurre, lo que tratan de conseguir es influir en asuntos estratégicos, de Gobierno Corporativo o de sostenibilidad.

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