La Cumbre de Madrid y la nueva estrategia de la OTAN en clave tecnológica

El avance de la relación trasatlántica frente a los retos actuales exige el fortalecimiento de una arquitectura de defensa desde esta perspectiva

Una Cumbre transformadora. Así la anunciaba el Secretario General, Jens Stoltenberg, días antes del encuentro de la Alianza en Madrid los pasados 29 y 30 de junio. Un hito, se concluía en la declaración adoptada el 29 de junio, ya aprobado el nuevo Concepto Estratégico 2022.

La cumbre era vital. Por el escenario de criticidad provocado por la agresión de la Federación de Rusia a Ucrania. Por el surgimiento de amenazas y desafíos sistémicos de diversa índole –ascenso de la República Popular China, cambio climático o shocks estratégicos como el ocasionado por el Covid-19–, que retaban el entendimiento clásico de las prioridades y los límites geográficos y funcionales de la organización. Por la membresía ampliada de una Alianza más europea, como ocurriera también en el planteamiento de la Cumbre de Madrid de julio de 1997, en este caso a Suecia y Finlandia. Se presentaba, además, la oportunidad de incluir por primera vez en la hoja de ruta estratégica de la OTAN la aceleración y disrupción tecnológica como variable que está alterando la naturaleza y equilibrio del poder y las capacidades ofensivas y defensivas.

Nunca antes en el propio planeamiento estratégico se había considerado la tecnología como un motor de cambio y transformación del escenario de la defensa, si bien la Alianza ha impulsado desde 2012 el mantenimiento de la ventaja tecnológica a través de su Organización Científica y Tecnológica y más recientemente así se ha considerado en la Iniciativa OTAN 2030. El Concepto Estratégico de Madrid avanza significativamente. Es en el entendimiento del entorno estratégico y la concreción de la función de disuasión y defensa de la Alianza donde se otorga a las tecnologías emergentes y disruptivas cierta fuerza gravitacional.

El panorama de seguridad se describe desmantelados los presupuestos sobre los que se edificó el anterior Concepto Estratégico de Lisboa en 2010. El área euroatlántica no está en paz. De un mundo “en cambio”, como se describía en 2010, se ha transitado a otro que se caracteriza en la nueva estrategia de la Alianza como impredecible y en profunda inestabilidad, tensionado por actores autoritarios que aspiran a socavar democracia, multilateralismo y sus instituciones. Defensa y democracia constituyen claramente un tándem en el nuevo Concepto Estratégico de Madrid.

Se señala a Rusia como la amenaza más significativa y directa para la Alianza. China irrumpe en el Concepto Estratégico como un desafío sistémico, un actor que persigue erosionar el orden internacional basado en normas, objetivo común del partenariado que mantiene con Rusia.

La rivalidad por el poder es creciente en un contexto de desglobalización y desacoplamiento, cuestionada además la supremacía tecnológico-militar de la Alianza. Se incorpora en esta aproximación al entorno de seguridad la derivada tecnológica y se reconoce que las tecnologías emergentes (quantum, biotecnología o nuevos materiales) y las disruptivas (IA o big data) están mutando las características del conflicto, adquiriendo mayor importancia estratégica y convirtiéndose en espacios clave de competición global. El incremento en el gasto de defensa de China y su inversión en nuevas tecnologías o el desarrollo de sistemas de armas hipersónicas por Rusia son ejemplos significativos de cómo se puede llegar a modificar la guerra convencional, nuclear e híbrida.

En cuanto a la función de disuasión y defensa, el nuevo Concepto Estratégico de Madrid la mantiene como competencia principal junto a la gestión de crisis y la seguridad cooperativa, en el entendido de que las tres son complementarias y que la defensa colectiva es el principal propósito y la esencial responsabilidad de la Alianza.

Cabe destacar la relevancia que se otorga al fortalecimiento de la resiliencia y la ventaja tecnológica como elementos instrumentales para el cumplimiento del mandato de la organización. Se prevé además como línea estratégica la promoción y el incremento de la inversión en tecnologías emergentes y disruptivas, para retener interoperabilidad y ventaja militar, esto en compromiso con los principios de uso responsable reflejo de los valores democráticos.

Una estrategia para ser creíble debe ser accionable, tener asignadas capacidades de implementación. La Declaración de Madrid se puede entender como una suerte de plan de acción inmediato del Concepto Estratégico de 2022 respecto de la carrera hacia el posicionamiento punta en la ventaja tecnológica.

Materializa el proyecto Diana (Defence Innovation Accelerator for the North Atlantic), previsto en la Iniciativa OTAN 2030, y constituye un fondo de innovación, ambas iniciativas en una lógica de colaboración público-privada junto a la participación de la academia y con la finalidad de apoyar la ventaja tecnológica que genera una industria de la defensa sólida y un ecosistema de innovación y emprendedor robusto.

Es urgente el fortalecimiento de una arquitectura de defensa. Ha de pivotar en la Alianza y de manera complementaria en la Unión Europea. Su autonomía estratégica, gestada en el ámbito de la Política Común de Seguridad y Defensa, y concepto fundamental del proceso de consolidación de una Europa de la Defensa activa tras la histórica Declaración de Versalles de marzo de 2022, debe entenderse también en clave tecnológica.

El Concepto Estratégico de Madrid identifica las tecnologías emergentes y disruptivas como un ámbito de cooperación entre Alianza y Unión. Se abre el espacio de las tecnologías de defensa para el avance de la relación transatlántica, que en el seno del Consejo de Comercio y Tecnología ya se está mostrando exitosa.

La ventaja científica y tecnológica debe ser un pilar estratégico. Solo de esta forma, Alianza y Unión se posicionarán en la vanguardia de la defensa de sus valores e intereses

Irene Blázquez Navarro es Directora del Center for the Governance of Change de IE University