José Andrés: “La alimentación debe ser un tema de seguridad nacional”

Aprovechó la cena que sirvió a los líderes de la OTAN en el Museo del Prado para lanzarles un mensaje: la alimentación debe ser un asunto de seguridad nacional

José Andrés, este viernes, durante el acto de entrega de la medalla de oro de la Comunidad de Madrid.
José Andrés, este viernes, durante el acto de entrega de la medalla de oro de la Comunidad de Madrid. GETTY IMAGES

Su carisma e influencia traspasa los fogones. Genera expectación y admiración. José Andrés (Mieres, Asturias, 1969) es desde hace años una persona influyente, más allá de sus éxitos como empresario. Afincado en Washington y propietario de ThinkFoodGroup, la empresa detrás del grupo de restaurantes que gestiona y con la que pretende cambiar el mundo a través de los alimentos, posee restaurantes repartidos por Washington, donde el cocinero tiene instalado su hogar y cuartel general, y por distintas ciudades de Estados Unidos, como Miami, Nueva York, Las Vegas o Chicago.

En 2020, dio el paso de exportar el concepto de Jaleo a Dubái, ensayo de nuevas aperturas en otros lugares del mundo. El grupo tiene abierta oficina también en Barcelona, donde cuenta con un chef de confianza, Carles Tejedor, con el que elaboró algunos de los platos de dos de los menús que firmó para los líderes que participaron en la cumbre de la OTAN, uno en el Palacio de Santa Cruz y el otro en el Museo del Prado, lugar en el que tuvo la oportunidad de dirigirse a los jefes de Estado y presidentes de Gobierno.

Durante la citada cumbre, ha tenido un gran protagonismo: además de almorzar con la primera dama estadounidense, Jill Biden, en El Qüenco de Pepa, le mostró a ella y a la reina Letizia el centro de refugiados ucranianos en Pozuelo de Alarcón, donde tiene instalada una furgoneta de World Central Kitchen, la asociación solidaria con la que facilita alimentos a miles de damnificados en emergencias alimentarias y sociales, y cuya iniciativa fue galardonada el año pasado con el Premio Princesa de Asturias de la Concordia. La tarde del pasado jueves conversó con CincoDías.

¿Qué les dijo durante la cena del Prado a los mandatarios de la OTAN?

El mensaje que quise transmitir es que la alimentación es un tema de seguridad nacional. Va más allá de la salud. Ahora mismo, si el grano de Ucrania no sale de allí, va a haber hambruna. La gente no quiere irse de sus casas, pero si tiene hambre lo hará. Lo que ocurre en Melilla, en Texas, en Haití, tiene que ver con eso. La gente no quiere invadir países, sino dar de comer a su gente. La alimentación es importante. Para la OTAN es importante hablar de armas, pero la gran guerra que hay que librar es contra el hambre, hay que evitar migraciones masivas, para lo que hay que invertir en temas sociales, en agricultura, en generación de riqueza en las zonas rurales y más pobres.

¿Es necesario recaudar más impuestos para invertir en políticas sociales?

Lo importante es cómo invertimos esos impuestos de forma más lógica, porque no necesariamente todas las ayudas políticas que se aprueban acaban revirtiendo en la sociedad. Podemos poner todo el dinero en Naciones Unidas, pero hay que ver si se está capacitado para invertir bien esas ayudas. Naciones Unidas invierte en África, pero hay países africanos con políticas agrarias que no han sido desarrolladas. Ahora mismo si el grano de Ucrania no llega a África en estos países van a pasar hambre. Los grandes discursos necesitan estar amparados por realidades tangibles, y las políticas que se aplican deben tener el efecto que se necesita. La pobreza y el hambre lleva a las migraciones masivas. Los Gobiernos son como las grandes empresas, tienen que estar ahí para generar riqueza. Bajar impuestos puede generar empleo y riqueza, y lo importante es cómo se utilizan esos impuestos, cómo se gestiona el dinero de los ciudadanos. Y lo que hay que evitar es la mala gestión de los fondos que se dedican a políticas sociales.

Las cocinas de World Central Kitchen se han convertido en un fenómeno social.

Somos una organización muy pequeña, de tan solo 80 personas. Yo soy un voluntario más y voy a muchas misiones. Fuimos los primeros en llegar a Afganistán, hemos estado en Mozambique, en Bangladesh; ahora en Ucrania estamos dando 1,2 millones de comidas diarias, y habremos dado más de 75 millones de comidas desde que comenzó la guerra, y a lo que ayudamos es a crear sistemas de distribución. En Ucrania hay 15 millones de personas convertidas en refugiados, y eso ha generado un caos social, por eso es necesario tener una estructura y poder gestionar este tipo de problemas. He tenido la oportunidad de hablar con Biden, con Macron o con Erdogan para transmitir el discurso de que la alimentación debe ser importante dentro de sus políticas. El mensaje no es mío, represento a pequeñas y grandes organizaciones que están en el campo de batalla.

¿Sirve de ejemplo a otros cocineros?

Los cocineros damos de comer a unos pocos, pero podemos dar de comer a unos muchos. Damos de comer a las personas en situaciones normales en nuestros restaurantes, también tenemos ese mismo compromiso en situaciones de emergencia. Yo soy un chico que sigo aprendiendo. Cuando llegué en barco a Ucrania, ya que era la única vía para llegar, lo único que me importaba era cómo podía ayudar, como ahora lo importante es cómo se puede llegar a un acuerdo para sacar el grano de Ucrania para que llegue a África. Le dedico mucho tiempo a este tema, voy aprendiendo, uniendo puntos para solventar problemas sobre el terreno.

Una vez que abandona el campo de batalla, lleva otro tipo de vida en Estados Unidos como empresario. ¿Es fácil cambiar de sombrero?

La vida continúa. Mi vida es la que me lleva a ocuparme de estos temas. En World Central Kitchen no lucho contra el hambre, acudimos en emergencias, ya que tenemos el personal y los recursos para hacerlo. Por ejemplo, acudimos a cubrir las necesidades que tenían los países a los que llegaban los refugiados afganos. Todo esto acabará siendo más grande porque ponemos presión a las grandes organizaciones con miles de millones de presupuesto.

¿Cuánto dinero llevan invertido en Ucrania?

Entre un millón y dos millones de dólares diarios. Todo proviene de donativos privados. Nosotros mostramos en vivo lo que hacemos, no somos como otros que anuncian lo que van a hacer. Atendemos a cerca de 7.000 personas de entre los 1.400 centros de refugiados de Ucrania. Estamos en todos los puntos de Ucrania, dando de comer a los que lo necesitan, escuchando explosiones a nuestro alrededor, incluso nos bombardearon las cocinas, pero seguimos activamente.

Su nombre suena para Nobel de la Paz.

No pienso ni un segundo eso. Hay muchos hombres y mujeres que llevan esperanza a quien lo necesita. Soy un chico joven, de 52 años, con ganas de aprender cuáles son las soluciones reales, las nuevas recetas para acabar con los problemas.

 

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