Techo de cristal en la Casa Blanca

CincoDías inicia con Esade una serie de artículos donde se analiza el papel de jefes y jefas en la pequeña pantalla

Claire Underwood en ‘House of Cards’ es un ejemplo de liderazgo en la sombra

La actriz Robin Wright interpreta a Claire Underwood en la serie de televisión House of Cards.
La actriz Robin Wright interpreta a Claire Underwood en la serie de televisión House of Cards.

Como dice mi buen amigo Joan Manuel Serrat, “de vez en cuando la vida se nos brinda en cueros…”. Llevo años en las aulas diciéndoles a los participantes de mis programas de Gestión de la Influencia que deben ver las seis temporadas de House of Cards, y ahora se brinda la posibilidad de abrir esta serie de artículos sobre el liderazgo en la pequeña pantalla de esta en particular, donde la gran enseñanza es ver cómo su trama aborda la metáfora del techo de cristal, introducida por primera vez en el año 1986 por The Wall Street Journal, mostrando las barreras invisibles pero reales que permiten a las mujeres avanzar solo hasta un determinado nivel en la escala jerárquica de las organizaciones. Otra de sus claves reside en saber diferenciar la influencia de la manipulación, una línea muy fina donde el objetivo que se persigue marca a qué lado de esta nos situamos; si buscamos un win-win o “todos ganamos”, es influencia, pero si lo que pretendemos es un win-lose o “yo gano y tú pierdes”, es manipulación.

Influencia vs. manipulación

Los protagonistas de House of Cards, Frank y Claire Underwood, son dos auténticos manipuladores, y el problema radica en que los manipuladores tienen todas las estrategias que deben conocer las personas que deseen influenciar, pero las usan para su propio beneficio. El argumento arranca en torno al primero –interpretado por Kevin Spacey–, un coordinador de la bancada demócrata que expresa en las primeras escenas su deseo de ascender en la escala del poder. Una ascensión que daba por segura y que se verá frustrada en el primer episodio. A partir de ahí, el deseo de venganza impregnará su carácter y se propondrá alcanzar la cima a toda costa.

En cuanto a la segunda, Claire –a la que da vida una Robin Wright de otro mundo–, ya en las primeras escenas se deja ver en una actitud desconfiada y calculadora, pues ante el optimismo de Frank de poder alcanzar su meta, ella le hace entender que no debe confiar nunca en nada hasta que se haga oficial. Su desconfianza se fundamentará posteriormente, cuando informen a Frank de que finalmente seguirá manteniendo su mismo cargo, posición que ella asimismo anhelaba. Para Claire, el ascenso de su marido era el triunfo de ambos.

Liderazgo en la sombra

Con Claire, se reformula el prejuicio infundado de la diferencia de género en el capital humano, que los hombres están mejor preparados que las mujeres. En su caso, los dos fueron a la misma universidad, donde se conocieron, pero las habilidades de ella están, desde mi punto de vista, muy por encima de las de Frank –lástima que ella tampoco las use para el bien, si no para su propio y maquiavélico objetivo–. Además, la carrera política de este es posible gracias al dinero de la familia de su mujer, quien, además, sufraga los gastos de las primeras campañas, pues él provenía de un hogar humilde, incapaz de asumir tales cantidades. Posee una capacidad mayor de análisis y de mantener la perspectiva. Ella es, a fin de cuentas, quien, en el resguardo del hogar, aconseja a Frank sobre los siguientes movimientos a realizar. Consejos que cesan una vez que se siente sucesivamente traicionada por él para dejar paso a un vaivén de separaciones que culminan con el abandono total del que es su pareja. Esta separación sentimental es seguida por la pérdida de poder de Frank ya que, mientras este era la cabeza de la estrategia en el Congreso y en la Casa Blanca, ella dirigía la táctica en la sombra, porque también en el terreno político sabe mantener mejor el control de la situación.

Brecha de género

Si somos aficionados a las series, seguro que hemos disfrutado con Gambito de dama. Si bien en el ajedrez la partida termina con la caída del rey, la dama es, sin duda, la pieza más preciada. Lo mismo sucede en House of Cards y yo diría que en la vida. A este respecto también cabe resaltar cómo la dificultad de las mujeres para acceder al poder se manifiesta en la propia producción de la serie, puesto que Claire, aun demostrando una mayor capacidad de liderazgo que su compañero, no es hasta el episodio 65 que ocupa definitivamente la presidencia, detentando el máximo poder. En relación a este último punto se puede señalar incluso un paralelismo con la vida real de la actriz Robin Wright, quien, compartiendo la producción con su compañero de reparto, dirigiendo algunos episodios y ejecutando el mismo protagonismo de la serie, confesó en un programa de televisión que la cadena donde se emitía le hizo creer que cobraba lo mismo que su compañero de reparto cuando no era cierto (Infobae, 2017). En esta línea, al igual que su personaje en la serie, compartiendo las mismas tareas, o incluso más, no se valoraban por igual los méritos obtenidos. ¿Para cuándo una presidenta real en los Estados Unidos?

 Norbert Monfort es profesor de Management y Cambio de Esade

‘House of Cards’

Estrenada en 2013, House of Cards narra –como su versión homónima inglesa de los años noventa– la ascensión política de Frank Underwood, un congresista demócrata de Carolina del Sur, hasta la presidencia de los Estados Unidos. Un camino de ambición y corrupción marcado por el deseo de venganza y manipulación de este y de su mujer, Claire Underwood, responsable de muchos de los triunfos políticos de su marido desde la sombra.

House of Cards fue la primera producción original de una plataforma digital (Netflix) en ser nominada y ganadora en los premios Emmy de la Academia de Artes y Ciencias de la Televisión norteamericana. Durante sus primeras temporadas cosechó gran éxito tanto de crítica –algunos de sus capítulos fueron dirigidos por David Fincher– como de público, entre el que se encontraba el entonces presidente Barack Obama. Este llegó a pedir a través de su cuenta de Twitter que nadie le descubriera el final de la segunda temporada. En total, la serie contó con 73 episodios y su final estuvo acompañado por la polémica debido al despido de Kevin Spacey (Frank Underwood), tras varias acusaciones de abuso. Robin Wright (Claire Underwood) se hizo cargo completo de la trama, que no obtuvo la misma crítica que sus predecesoras.

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