La élite de las 'Big Tech' no quiere pantallas en la educación de sus hijos

Los altos directivos eligen colegios que forman en Humanidades y donde no se utilizan medios digitales hasta que los alumnos llegan a secundaria

La élite de las 'Big Tech' no quiere pantallas en la educación de sus hijos

La educación, la buena educación (o ausencia de ella), puede ser causa del éxito o fracaso de una carrera profesional. Siempre lo fue, desde que Aristóteles dio clases a Alejandro Magno: el filósofo griego reservaba para ricos y poderosos lo que aprendió de Platón y, este, de Sócrates. La historia nos dice que la educación ha sido clave para la movilidad social. Y las previas revoluciones industriales enseñan que los sistemas educativos para las masas tenían por finalidad no el sacarles de pobres, sino llenar las fábricas para producir coches, frigoríficos, tanques u ordenadores. La cuarta revolución industrial, la digitalización, descubre elementos nuevos.

 

Es obvio predicar la necesidad de la educación digital para forjarse un futuro y la formación continua en estas capacidades para permanecer en el mercado laboral. Más de lo mismo: educar/formar a una fuerza laboral para llenar “los lugares de trabajo, físicos, virtuales, el metaverso o la playa” que exige la digitalización.

Pero, ¿qué hace la élite? Los directivos top de las Big-Tech –Apple, Google, Meta, Microsoft, Oracle, Salesforce, Amazon y otros gigantes tecnológicos– llevan a sus hijos a estudiar al Waldorf of Peninsula, colegio privado donde no entra una pantalla hasta que llegan a secundaria, mientras escuelas del ancho mundo se esfuerzan por introducir ordenadores, tabletas, pizarras interactivas y otros cachivaches tecnológicos. Tim Cook, Satya Nadella, Jeff Bezos, Sundar Pichai, Larry Ellison, Marc Benioff, entre otros, creen en las humanidades y –con espíritu renacentista– fomentan la educación integral de calidad…, para sus hijos. Son los comerciales que trabajan para ellos quienes martillean a billones de personas con “el trabajo remoto”, “herramientas de productividad”, por no hablar de las tecnologías de la digitalización. Ellos se esfuerzan por su bonus; en cambio, Jeff Bezos lee un libro en papel cada semana. Es la diferencia entre una tasca y un Hotel Six Senses.

“Hay que amar lo inevitable” (Marco Aurelio, Meditaciones): aquí no vamos a cambiar el mundo. Baste analizar informes del World Economic Forum, la OCDE, el Banco Mundial, el FMI, el Banco Central Europeo o Eurostat, utilizando sus modelos de regresión y proyectar a 10 años el impacto en el crecimiento económico de la educación y la formación en digitalización. Esto afecta a la mayoría de la población, las pymes y es la otra cara de la moneda.

La gente quiere seguridad, pero (según las fuentes citadas), el 71% de los trabajadores tiene miedo al futuro. La digitalización requiere educación para los niños y formación continua para los trabajadores, especialmente los mayores de 45 años. El miedo a la robótica y la automatización de procesos es real para el 65% de la fuerza laboral en la OCDE. Y el 76% de las pymes y autónomos, dicen envidiar a los trabajadores de grandes empresas, porque creen que estos últimos “reciben la formación que a ellos/as no se les provee”.

Un euro invertido en la educación de un niño genera un ROI (retorno de la inversión) de 5 euros. Y cada año adicional de educación se traducirá en un ROI del 9% más, en ingresos, cuando se incorpore al mercado de trabajo. La educación digital se traduce en un ROI del 15% en ingresos proyectados en el tiempo en los países miembros de la OCDE.

Un incremento global en la capacidad de los estudiantes para resolver problemas de forma colaborativa tomando como referencia la media de los 10 países más ricos y con mejor nivel de educación digital, añadiría 2,54 billones de euros a la economía global debido a incrementos de productividad.

El sector educativo contribuye a la creación de empleo en la cuarta revolución industrial: para alcanzar una educación de calidad, que incluye educación digital, hará falta añadir 69 millones de profesores a los 85 millones existentes hoy en todo el mundo. Las mayores inversiones en educación en 2022 tienen lugar en “educación tecnológico-digital”, que atraerá 404.000 millones mundialmente en 2023 “debido al reconocimiento de la importancia del aprendizaje remoto provisto por las tecnologías de la información y digitalización”.

Otro tópico es que el acceso a una educación de calidad tiene un impacto fuerte en la posibilidad de que una persona acceda al mercado de trabajo y tenga oportunidades económicas relevantes en el futuro. La Universidad Técnica de Munich destaca la fluidez digital y habilidades STEM (ciencias-tecnología-ingeniería-matemáticas). Porque muchos puestos de trabajo demandados requieren fuerte entendimiento de matemáticas y ciencias. Según el Departamento de Trabajo de EEUU, “en la próxima década, las 20 ocupaciones con mayor crecimiento requerirán capacidades STEM. Y el European Centre for the Development of Vocational Training (Cedefop) estima que, en el mismo período, “el 11% del empleo nuevo provendrá de trabajos vinculados a la ciencia, ingeniería, TIC y digitalización”. Será un modelo de formación continua desde la educación más temprana a la formación de trabajadores. En Europa y en EEUU los trabajos repetitivos declinarán en un 30% durante la próxima década y, en cambio, la demanda de trabajos con capacidades tecnológicas aumentará más del 50% entre 2022 y 2032.

Todo lo previo exige preguntarse por la inversión en educación por niño y en nuestro marco de referencia –los países de la OCDE–, donde la inversión media por niño/año en educación es de 16.865 euros. España, con 13.300 euros, está por debajo de la media y lejos de Luxemburgo (47.194 euros), EEUU (33.750 euros) y Reino Unido (29.211 euros).

Jorge Díaz Cardiel es socio director de Advice Strategic Consultants, autor de 'El New Deal de Biden'