Autoconsumo energético: tras la tormenta perfecta, saldrá el sol

La energía solar es el petróleo de España. Ya no se trata solo de cuestiones medioambientales, sino de aspirar a ser económicamente independientes

Cerrábamos el año 2021 marcando récords con el precio desorbitado de la electricidad, lo que no sabíamos es que empezaríamos 2022 con una guerra en el continente europeo que pondría aún más contra las cuerdas a hogares y compañías. La invasión rusa ha impulsado la subida, llegando a picos máximos históricos. Una escalada que llegó a su punto álgido el pasado 8 de marzo, cuando el precio medio de la electricidad en el mercado mayorista llegó hasta los 544,98 euros/MWh y algunas industrias comenzaron a plantearse interrumpir su producción.

Considerando estas circunstancias, nos encontramos ante la tormenta perfecta para el autoconsumo, especialmente fotovoltaico. El sol se ha convertido en el petróleo de España. Ya no se trata solamente de estar comprometidos con el medio ambiente, también es una forma de ser independientes a nivel económico y escapar a la espiral alcista que parece no tener fin. España es uno de los lugares con más horas de sol de Europa. Por ello, es importante fomentar la generación de energía eléctrica a partir de sistemas de placas solares. Gracias al autoconsumo, particulares y empresas pueden reducir su factura de la luz hasta en un 70%.

El impuesto al sol supuso una de­saceleración, así como una complejidad burocrática a la hora de legalizar las instalaciones fotovoltaicas y la falta de compensación por la energía sobrante. El panorama actual ha cambiado, nos movemos en aguas favorables para responder de forma sostenible a la crisis energética. La eliminación de las trabas administrativas y económicas, además de los fondos destinados a ayudas para autoconsumo y almacenamiento de energía solar, han impulsado la expansión. Según los datos de la Asociación de Empresas de Energías Renovables (APPA) a nivel nacional, el año 2021 se cerró con 1.151 MW instalados para autoconsumo, prácticamente el doble de los 623 MW del ejercicio 2020. Y del total de los nuevos, alrededor del 22% correspondieron al segmento residencial.

En este contexto, y a pesar de la primera inversión inicial, buscar alternativas sostenibles para el autoabastecimiento de energía es asequible y rentable, tanto a nivel doméstico como industrial. Eso sí, a la hora de hablar del ahorro conviene distinguir entre dos formas de autoconsumo, pues este puede ser aislado o estar conectado a la red de suministro. En el primer caso, se utilizan baterías que acumulan la energía durante el día para poder seguir proporcionando electricidad cuando cae el sol. En esta modalidad se ahorra el 100% de la factura. La otra opción, la más común por el momento, es mantenerse conectado a la red eléctrica, con una reducción considerable del precio por kW/h, pero sin una independencia total del sistema.

Por ello, será importante impulsar en los próximos años el despliegue del almacenamiento para dar flexibilidad al sistema energético y, por tanto, mejorar la integración de las energías renovables, tal y como recogen el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima 2021-2030, la Estrategia de Descarbonización a Largo Plazo y la Estrategia de Almacenamiento Energético, que estima las necesidades de almacenamiento en 20 GW para el año 2030 e incluye un mínimo de 400 MW de baterías detrás del contador.

Sea de la forma que sea, que dependerá en muchos casos de las necesidades particulares de cada empresa u hogar, el tiempo de amortización de la inversión es ahora de alrededor de cinco años. Si tenemos en cuenta esto, junto con los precios prohibitivos de la energía y las ayudas económicas, el boom del autoconsumo está asegurado.

Puede que entre tanta mala noticia saquemos algo en positivo, la transición energética supone una gigantesca oportunidad para generar crecimiento y bienestar. Esta situación está impulsando nuevos modelos de generación y consumo que facilitan el ahorro en la factura energética y permiten reducir las emisiones de gases contaminantes a la atmósfera. Cada vez más personas, comunidades de vecinos e industrias instalan paneles solares para conseguir ahorros, ayudadas de una evolución tecnológica que ha reducido significativamente los costes de su instalación.

Lo que está claro es que esta transformación se conforma de un conjunto de retos de alcance extraordinario que requieren de ambición pública y determinación privada. Para ello será necesaria la suma de conciencias individuales y colectivas capaces de movilizarse en torno a una urgencia que crece de forma exponencial año tras año. La influencia humana en el sistema es clara y va en aumento, y sus impactos se observan en todos los continentes. Además, la resiliencia económica de la sociedad en su conjunto y de la industria está en juego. ¿Lo bueno? Que parece que por fin somos conscientes de la situación y tomamos parte.

Finalmente, parece que estamos dispuestos a hacer cambios para solucionar, lo antes posible y para el largo plazo, las consecuencias de la crisis energética acentuadas por la guerra en Ucrania. Esto supone un nuevo impulso para las renovables, donde será clave eliminar todas las trabas burocráticas que podamos al autoconsumo e intentar potenciar cuestiones como la eficiencia energética en nuestra estructura económica. Podríamos haber hecho este esfuerzo antes, eso es cierto, ahora nos toca pegar el sprint. Lo importante será llegar a la meta a tiempo, lograr una recuperación económica sostenible y resiliente.

José Ángel Medina es CEO de Cegasa