La injustificada apuesta de España por el coche híbrido

Renault asigna la producción de los vehículos híbridos a España mientras se reserva en territorio galo la fabricación de coches eléctricos puros

Pedro Sánchez, presidente del Gobierno, no deja de reiterar su determinación de convertir a España en el hub europeo de electromovilidad. El 10% de los fondos europeos de recuperación irán a la movilidad eléctrica y conectada. Sin embargo, España no apuesta de lleno por vehículos eléctricos 100%.

La ministra de Industria se enorgullece de acoger en las plantas de Renault (Palencia, Valladolid) la fabricación de cinco modelos electrificados (híbridos, es decir, vehículos de combustión interna que incorporan además un motor eléctrico). “El 12% de coches fabricados en España hoy en día son electrificados. Hace dos años no era así” presumió en unas recientes jornadas sobre los fondos europeos.

Este romance por el coche híbrido resulta injustificable: Renault asigna la producción de los híbridos a España mientras se reserva en territorio galo la fabricación de coches eléctricos puros. La apuesta del Gobierno español por el coche híbrido es doblemente peligrosa: por la economía y por el clima.

España exporta más del 80% de su fabricación nacional de coches. Dado que el coche híbrido es más complejo y costoso de producir y de mantener que el eléctrico puro, el enamoramiento por este tipo de propulsión pone en peligro la competitividad de la economía española. Por esa misma razón Mercedes abandonará la fabricación de coches híbridos a finales de 2022, y Alemania dejará de subvencionarlos. Stellantis se ha decantado recientemente por Italia en vez de España para implantar su tercera gigafactoría de baterías.

Además, esta apuesta pone en peligro los compromisos climáticos de España, dado que el coche híbrido enchufable puede emitir hasta ocho veces más dióxido de carbono (CO2) de lo anunciado oficialmente por el fabricante, según nuestros datos. Del análisis de tres de los híbridos enchufables más populares de Europa –el BMW X5, el Volvo XC60 y el Mitsubishi Outlander– se desprende que estos emiten más CO2 de lo anunciado en condiciones de conducción real. Todo ello sin olvidar la perspectiva de los consumidores: dado que los coches híbridos llevan dos tipos de propulsión contienen más elementos que pueden fallar.

El pleno del Parlamento Europeo someterá a votación el próximo 8 de junio el nuevo reglamento europeo de reducción de emisiones de CO2 para coches y furgonetas. Es una oportunidad de confirmar el objetivo de decir adiós a los coches de combustión en 2035, pero también de fijar un objetivo intermedio vinculante para los fabricantes de automóviles en 2027. Además, establecer objetivos más ambiciosos para 2030, permitiría trazar una clara trayectoria para abaratar cuanto antes el vehículo eléctrico.

Se esperaría de un Gobierno y de eurodiputados progresistas que promovieran una movilidad sostenible y accesible para todos, recogiendo así las demandas que más de 30 compañías y organizaciones internacionales ya han hecho en esta dirección. Nuestros dirigentes aún están a tiempo de desmarcarse de las fuerzas que tratan de frenar la ambición económica y climática de España.

Isabell Büschel es Directora de Transport&Environment (T&E) en España