Los ICO y el descrédito a la pyme

Acceder a la financiación otorgada por la banca pública es importante, pero en su uso y gestión deben estar presentes las nuevas tecnologías

La nueva línea de créditos ICO anunciada por el Gobierno y el aplazamiento de los avales Covid son medidas esenciales para la supervivencia de pymes y autónomos. La duda es si serán suficientes para resolver el problema de crédito de la pyme española. Un problema histórico de nuestro país y que deja a este tipo de empresas en una situación de vulnerabilidad frente a las grandes.

Tras el desgaste de los últimos años, la subida de costes ha dado un golpe casi definitivo al pequeño empresario, que ya venía asumiendo altos niveles de endeudamiento. A esto hay que sumarle la subida del salario mínimo interprofesional (SMI), cuyo impacto es notorio en empresas de menos de 50 trabajadores. Según un informe de Cepyme, el SMI en los servicios es más del 60% del salario medio en la pyme, llegando a superar el 80% en muchas de ellas.

Otro factor clave es la morosidad. El dato más reciente de periodo medio de pago está en 81 días de media. No es la peor cifra que ha vivido nuestra economía, pero sigue siendo un promedio elevado y se teme un repunte a medida que lleguen las ventanas de amortización de deuda.

En este escenario y en un mercado global marcado por la incertidumbre, solicitar nuevos créditos ICO como huida hacia adelante puede no ser la opción más inteligente, o no al menos sin estudiar antes las perspectivas de negocio. Si la empresa se viese obligada a realizar ajustes, la normativa puede hacer nulas las salidas de personal o retirar directamente dichas ayudas. La concesión de estos créditos tampoco es inmediata, lo que puede acabar llevando al límite la tensión de tesorería en la pyme. Pocas cosas son peores para las organizaciones que no poder asumir el pago de las nóminas de sus empleados en un mal mes. En esos momentos de necesidad, cualquier financiación marcada por la ansiedad y mal gestionada puede convertirse en un problema a largo plazo, postergando innecesariamente una situación de debilidad o mermando de forma sensible el valor de la compañía, su reputación en el mercado, o su vínculo con su talento.

Una pyme débil implica una economía débil. De ahí la importancia de reforzar los mecanismos financieros de nuestro tejido empresarial y hacerlos capaces de manejar todas las variables para tomar mejores decisiones de financiación. En momentos de incertidumbre como este, el fintech se ha convertido en un buen aliado para facilitar a las pymes fuentes de financiación alternativa y proporcionar velocidad y conocimiento.

Es fundamental poner las nuevas tecnologías de fintech a disposición de este tipo de empresa. Capacidades de analítica de datos y machine learning pueden aportar una inteligencia de negocio clave. Entre sus posibilidades se encuentra la de obtener opiniones de crédito de clientes automatizadas, anticipar el cobro de facturas o asegurar exclusivamente aquellas operaciones a crédito que más riesgo generen, conforme a las capacidades predictivas que arrojan estas tecnologías.

En un mundo marcado por la inmediatez y la digitalización, los plazos y procedimientos que maneja la banca tradicional también parecen haberse quedado atrás. Poco se discute ya la importancia de un ERP en las pymes, pero no parece igualmente interiorizada la relevancia de contar con plataformas financieras de previsión de cobros y accesos a crédito. Estas funcionalidades, habituales en los departamentos financieros de grandes empresas, empiezan por fin a democratizarse gracias a la penetración de tecnología financiera en las pymes. No en vano, las ayudas públicas del kit digital contemplan también la digitalización de la gestión del negocio. Saber aplicar tecnología y aprovecharse de la clave de competitividad que proporcionan es imprescindible para garantizar la continuidad empresarial.

El acceso a la financiación otorgada por la banca pública es una ayuda importante, pero conviene hacer un uso responsable, adaptado e inteligente de la financiación, donde las nuevas tecnologías deben estar presentes. De lo contrario, podemos convertir el acceso al crédito en un descrédito para las empresas más frágiles y esenciales de nuestra economía.

Rafael Camacho es Director de Ventas de Trinios