La transformación de las aerolíneas en la recuperación económica

El repunte de la industria de aviación comercial es imperativa: constituye un factor clave para la movilidad de los ciudadanos y la vuelta del turismo

Aunque la actual situación socioeconómica global sigue complicando los vientos de recuperación poscrisis, el tráfico aéreo y el volumen de pasajeros comienzan a repuntar, al igual que la confianza de los viajeros en los protocolos sanitarios en el interior de los aeropuertos y aviones. La reciente campaña de Semana Santa –del 8 al 18 de abril– ha sumado más de 57.000 operaciones aéreas en los aeropuertos españoles, el triple que las registradas en el mismo periodo del año anterior, y a tan solo poco más de 3.000 operaciones por debajo de las cifras de 2019. De estos vuelos, casi un 40% han sido nacionales, los cuales han alcanzado el 95% del nivel prepandemia. Si bien el panorama es alentador y se espera que continúe así a lo largo de este año, el optimismo compartido por los diferentes actores de la industria es algo más contenido, debido a las pérdidas económicas extraordinarias a raíz de las restricciones de movilidad y los confinamientos de los últimos dos años. Ambos motivos, sumados a otros de carácter político-económico –la inflación, el conflicto en Ucrania o el alto coste energético, entre otros– están conduciendo a las compañías aéreas a repensar el futuro del sector para generar un ecosistema más resiliente, sostenible y con una oferta más integral y multimodal, ajustada a las nuevas preferencias del viajero pos-Covid.

En lo que concierne al ámbito de la sostenibilidad, el proceso de descarbonización es un imperativo para un sector que ha sido una de las fuentes de emisiones de gases de efecto invernadero de más rápido crecimiento. Por tanto, la regulación para reducir o limitar emisiones contaminantes y la mayor concienciación de los viajeros en torno al impacto medioambiental del transporte aéreo jugarán un papel determinante en el futuro de esta industria.

En su rumbo hacia la descarbonización, las aerolíneas ya están desplegando soluciones, como los nuevos modelos de aeronaves más eficientes y el uso de combustibles sostenibles, que deben ir acompañados de otras iniciativas a nivel sectorial, como el Cielo Único Europeo para la descongestión del espacio aéreo o los motores de propulsión eléctrica o de hidrógeno. De no contar con iniciativas y desarrollos adicionales, el sector aéreo difícilmente alcanzará los objetivos marcados por la Unión Europea en el marco Fit for 55, que apunta a una reducción del 55% sobre las emisiones totales para 2030. En este contexto y con las palancas actualmente disponibles, las aerolíneas optan a reducir sus emisiones unitarias a 2030 en tan solo un 17%, lo que sumado al 53% conseguido desde 1990 sigue dejando un gap sin cubrir a 2030 de hasta el 22%.

Adicionalmente, la creciente demanda de integración de servicios y la aceleración de la digitalización de la sociedad, junto a los cambios en el comportamiento del consumidor, traen consigo la necesidad de ofrecer un servicio renovado a este nuevo viajero. Las aerolíneas deberán crear una experiencia diferencial y desarrollarla a través de plataformas tecnológicas que habiliten nuevos ecosistemas. El reto es ofrecer un servicio multimodal, que integre soluciones a las necesidades del viajero a lo largo de todo su travel journey: desde la preparación del viaje hasta su evaluación, pasando por las reservas, la organización del hospedaje o las actividades durante su estancia. Para ello es clave establecer alianzas con actores de otros segmentos o industrias, como la hotelera o las empresas de movilidad, las agencias de actividades culturales, algunos organismos públicos o centros sanitarios.

Por otro lado, mejorar la experiencia de usuario implica también apoyarse en herramientas digitales que habiliten dicho modelo, facilitando la interacción con el viajero y mejorando la eficiencia de los procesos internos. Algunos ejemplos de ello son la asistencia robótica o la tecnología biométrica –para mejorar la identificación del viajero y agilizar los procesos de embarque–, y las etiquetas electrónicas, para garantizar la trazabilidad del equipaje.

Finalmente, la industria de la aviación debe ser capaz de equilibrar la recuperación financiera con las necesidades de inversión –principalmente en sostenibilidad y digitalización– en su proceso de transformación. Las aerolíneas podrán recuperar los resultados positivos a partir del ejercicio 2023, alcanzando los niveles previos a la pandemia a partir de 2026, aunque de no tomarse medidas adicionales, los niveles de endeudamiento causado por la crisis se prolongarán más allá de 2030. Con el fin de lograr ese equilibrio entre reducción de endeudamiento acumulado y necesidades de inversión, las compañías deben construir una estrategia financiera transformacional y a largo plazo, apoyada en la optimización de los costes y la búsqueda de nuevas fuentes de ingresos. Así pues, las compañías deberán aumentar el control sobre los costes gestionables mientras reinventan el negocio a través de nuevos modelos de pricing, creación de alianzas con otros segmentos o industrias e identificación de nuevos nichos de clientes, entre otros.

La recuperación de la industria de la aviación comercial es imperativa. Se trata de un sector clave en la movilidad de los ciudadanos y representa un eslabón vital en la cadena de valor del sector turístico español. Una industria de transporte eficiente, sostenible e interconectada es esencial para sentar las bases de la recuperación económica de nuestro país y contribuir al bienestar de los ciudadanos y a la competitividad de nuestras empresas. La transformación es imparable y las compañías –en particular, las españolas– tienen hoy el deber de acogerla para definir su futuro con confianza, optimismo y visión estratégica. Porque cabe recordar de las crisis que, cuanto más grandes son los desafíos, mayores son las oportunidades generadas.

Vicente Segura es Socio de consultoría, estrategia y operaciones de Deloitte