La inversión, atrapada entre el riesgo de la inflación y el de la recesión

Los tiempos de crisis suelen ser propicios para las decisiones arriesgadas de inversión, pero dejan de serlo cuando la salida de la crisis no está diáfanamente prevista, como es el caso de la actual, en la que un conflicto bélico condiciona todo. Ahora las economías están atrapadas por tasas muy elevadas de inflación, aceleradas y sin fecha de caducidad por la guerra, y la necesidad de controlarla hasta niveles no destructivos sin poner en riesgo el crecimiento. Además, como elemento diferencial, los estados tienen unos niveles de deuda descomunales generados por las políticas de combate de las dos últimas crisis, y una subida firme de los tipos de interés para domar el avance de los precios puede poner contra las cuerdas la solvencia de muchos países, y desatar la crisis de deuda que todo el mundo anuncia desde hace años, pero que no ha estado contenida.

La crisis energética ha puesto la inflación en niveles insostenibles para cualquier economía por el efecto corrosivo que tiene sobre rentas y ahorros, y si la guerra de Ucrania no termina pronto y se cronifica, es una quimera tratar de predecir hasta qué niveles de precio llegarán las materias primas energéticas. Con tasas cercanas al 10% en España y superiores al 7% en toda Europa, el Banco Central Europeo debe tomar cartas en el asunto ya, y adelantar el calendario que tenía prediseñado antes de la guerra, en el que no figuraban subidas del precio del dinero hasta 2023. Debe replicar la senda de EE UU, que ya ha comenzado a endurecer los tipos, entre otras cuestiones porque Europa es más vulnerable a los precios energéticos que Norteamérica por la dependencia exagerada de la provisión rusa.

Pero en sentido contrario, debe tener más mano izquierda para no llevar el crecimiento, ya recortado, hasta niveles de estancamiento o recesión, porque en tal caso el escenario sería doblemente perverso, y paralizaría la inversión y el consumo, puesto que habría una acelerada destrucción de empleo. En tales circunstancias, las decisiones de inversión deben ser muy meditadas, porque aquello que aparezca como una oportunidad, puede convertirse en un fracaso prolongado. Hasta que no se levante la niebla del conflicto bélico, la liquidez puede ser una buena opción para protegerse del riesgo, pero admitiendo que la inflación erosiona la liquidez como a ningún otro activo. Solo deuda soberana o corporativa con una firme calificación, o acciones de compañías muy seguras que generen caja recurrente y repartan dividendo de la misma forma, aparecen como opciones de inversión financiera. Y a ellas puede sumarse la apuesta por activos inmobiliarios en nichos de mercados con crecimiento de la población.