Economía

India y la posibilidad de ser la próxima China: el elefante y el tigre

Con 1.380 millones de habitantes, es el sexto país más rico del mundo

La renta per cápita china quintuplicó en 2020 a la india

India potencia mundial Pulsar sobre el gráfico para ampliar

El trono que ocupa Estados Unidos como principal país en el mundo vuelve a estar contestado. No se trata de una renacida versión de la URSS, hoy llamada Rusia y aislada internacionalmente como castigo a su invasión en Ucrania, sino de China. Un país que en unas décadas pasó de la irrelevancia a protagonizar un milagro económico que la catapultó a su actual puesto de segunda economía del planeta. Convertirse en la fábrica del mundo a expensas de las ansias de abaratar costes en Occidente y su enorme población fueron elementos claves para lograrlo. Pero aunque acapare casi todos los focos, China no es el único gigante asiático.

India, con 1.380 millones de habitantes según los últimos datos de la ONU, es un gran aspirante a vivir un desarrollo como el de China. Desde el punto de vista occidental, la comparación es inevitable. Ambos países están en Asia, cuentan con una numerosa población, un extenso territorio y una economía que crece deprisa. Pero en realidad son muy distintos.

Entre 2010 y 2020, último año en el que el Banco Mundial ofrece datos consolidados para ambos países, la economía india creció un 59% hasta situar su PIB en los 2,66 billones de dólares. Con esa cifra, solo cinco países en todo el mundo superaban en PIB a India. Por su parte, el PIB chino aumentó un 142,1% en ese mismo periodo, hasta 14,72 billones de dólares, solo rebasado por Estados Unidos. Si ya de por sí el ritmo de crecimiento entre India y China es muy diferente, cuando se observa esa riqueza en base a la población queda aún más patente la evidencia de que se trata de dos casos muy distintos. Mientras India tenía en 2020 una renta per cápita de 1.927 dólares por habitante, China la quintuplicaba con 10.434 dólares.

Una explicación de esta divergencia se encuentra en la estructura productiva de cada país. India es un país más agrario que China. Según los datos recopilados por la ficha país elaborada por la Oficina de Información Diplomática de España, el 18,52% del PIB de India se basa en la agricultura; el 27,18%, en la industria, y el 54,3%, en los servicios. Para China, el 7,1% del PIB depende del sector primario; el 39%, de la industria, y el 52,2%, de los servicios.

Pero más allá de las cifras en bruto del peso de los sectores, mientras que la principal exportación china en 2020 fue maquinaria eléctrica y equipos por valor de 710.124 millones de dólares, la de India fue combustibles y aceites minerales por valor de 27.634 millones. Fruto de exportar elementos con mayor valor añadido, China tuvo un superávit comercial de 535.017 millones de dólares. India, en cambio, registró un déficit en esta partida de 92.492 millones.

Elefantes y tigres

A Eva Borreguero Sancho, profesora de Ciencias Políticas en la Universidad Complutense y especialista en Asia Meridional, le gusta usar una metáfora para hablar de la comparación. “India sería como un elefante, mientras que China y el resto de países del sureste asiático se parecerían más a tigres”, expone. Uno es más lento y menos ágil que el otro, pero a la vez es más sólido.

Borreguero afirma que lo que se suele decir es que lo que se hace en China se hace al contrario en India. Con otras palabras, muchas de las debilidades de China son fortalezas de India, y viceversa. Frente a la diversa y democrática India, un país con 22 idiomas oficiales y cientos de dialectos, diferentes etnias y culturas que a lo largo de los siglos vivieron fragmentadas en naciones, se erige una China que apuesta por ser lo más homogénea posible. “Esta diversidad lo que supone es que cueste más tomar decisiones y, al ser una democracia, la gestión política es más lenta que claramente un modelo como China, mucho más homogéneo. China tiene una cultura hanificada [en referencia a la etnia dominante], un sistema centralizado y autocrático”, describe la experta.

“En el caso de China, si se quiere construir una presa, toman la decisión y la implementan aunque eso suponga una serie de daños para algunos sectores. En el caso de India, un ejemplo sería la huelga de agricultores que hubo el año pasado. Narendra Modi, primer ministro del país, quería arrancar una serie de reformas para agilizar la venta de productos de agricultura, y esto provocó una fuerte oleada de protestas que hizo ceder al Gobierno. Es una diferencia en la rapidez de gestión que se da entre un Gobierno autoritario y una democracia diversa, pero el modelo político de India es parte de su ventaja, evidentemente”, sostiene Borreguero.

Se trata de una ventaja porque con su modelo, India ha dado respuesta a la gran incógnita que pende sobre China. “La transición democrática es la gran incógnita en China. Si realmente se llevará a cabo esa transición algún día, si va a haber problemas porque surjan aspiraciones democráticas que no se cumplan. Al haber una jerarquía muy clara en China, las decisiones se toman y se ejecutan con mucha mayor rapidez que en la diversa y democrática India, pero pienso que en la base, India es más sólida. De ahí la idea del elefante. El nivel de error en India, al igual que el resto de democracias, se paga en las elecciones siguientes. En el caso de China, la legitimidad del Gobierno no es el voto, sino el bienestar económico que proporciona a la población; si se comete un error, la gente puede empezar a cuestionarse la legitimidad de todo el sistema”, asevera Borreguero.

Además de en lo político, otras áreas como la demografía, su situación geográfica o el rasgo cultural presente en la población de tratar de otorgar la mejor educación posible a sus descendientes juegan a favor del futuro de India. El país se encuentra claramente por detrás en pobreza, infraestructuras y manufactura, pero sí ha dado un gran salto adelante en tecnología.

‘Outsourcing’ y startups

Si las ansias de abaratar costes en las empresas occidentales y su demografía beneficiaron a la industria de China, India puede estar hoy en día en una situación parecida respecto a una gran industria del presente: la del software. Aparna Viswanathan, abogada de Viswanathan & Co., Nueva Delhi, lleva 30 años viendo de cerca el sector tecnológico indio. Ella también insiste en que no se puede comparar a los dos países.

“Uno tiene que ver a cada uno como un caso particular, con su propia historia que influye sobre la cultura actual de ambos. China no tiene las ventajas que aporta el hablar inglés, pero tiene empresas muy grandes a nivel de tecnología que pueden competir con las de Estados Unidos. India ha tenido grandes empresas tecnológicas extranjeras que practicaron outsourcing en el país y ahora vemos cómo ha surgido un diverso ecosistema de unicornios. Ahora mismo India es el ecosistema más rico de startups en el mundo, con 67.526 reconocidas según la última estadística de StartupIndia, el sitio web gubernamental dedicado a la promoción de este tipo de empresas”, explica Viswanathan.

“Son empresas orientadas hacia servicios tecnológicos, sanidad, educación, ciencia o agricultura. Venta online. El elenco es muy amplio. Después de la cuarentena, el desarrollo de estas empresas se aceleró, ya que la gente pasaba más tiempo en sus hogares”, profundiza.

Según detalla Viswanathan, la externalización de la digitalización llevada a cabo por empresas occidentales en India ha seguido dos caminos diferentes. En el primero, la multinacional llega a India, crea su propia empresa e impulsa su transformación digital en la propia filial creada en India, usando talento local. El otro camino es el de externalizar directamente contratando a una empresa India. “Esto ya existe sobre todo con empresas en Estados Unidos. En Europa, en Alemania e Italia sucede también, pero me sorprende que no ocurra con más países. Que no se sea consciente de que estas sinergias pueden acelerar la digitalización porque las empresas indias son líderes. Me sorprende que no sea una tendencia también en España”, señala Viswanathan.

Al igual que con la cadena de suministros, en el outsourcing de servicios las grandes compañías se han dado cuenta de la necesidad de no depender tanto de fuera, pero la externalización en la tecnología sería la gran excepción. “Ya ocurría incluso antes del Covid. El movimiento de nearshoring no es fruto de la pandemia o de la guerra en Ucrania. El declive en India del outsourcing de, por ejemplo, atención al cliente se produce después del año 2010. Las empresas internacionales siguieron buscando sitios más baratos y entonces pusieron su mirada en el este de Europa, región que empezó a competir con la India en este sentido. Sin embargo, el outsourcing de servicios de tecnología hacia India siguió creciendo y todavía no ha parado”, afirma Viswanathan.

La gran baza

El elefante indio tiene todavía un largo camino por delante en el cual el tigre chino ya le saca años de ventaja. Existen retos como la pobreza, la analfabetización, la necesidad de una mayor atracción de inversión internacional o la falta de infraestructura.

Por su parte, Viswanathan cree que los principales riesgos son la fragmentación, la inseguridad y la oleada contra las democracias que se observa a nivel global. “India necesita tener seguridad interna para demostrar al mundo que es un país democrático en el que se puede confiar”, opina.

Con todo, el paquidermo tiene una poderosa baza que el gran felino no posee. “En relaciones internacionales India ha sabido moverse bien hasta el momento. Es un país que no es percibido como una amenaza porque no tiene aspiraciones de cambio de orden mundial, ni aspiraciones territoriales más allá de asegurar sus fronteras con Pakistán y con China. En general, tiene un registro de relaciones bilaterales muy positivas con Estados Unidos, con la Unión Europea y también con países antagónicos entre sí, como es el caso de Israel e Irán o Rusia y Estados Unidos”, comenta Borreguero.

“India puede ponerse en valor asumiendo un papel de defensora de la democracia en la región y aliándose con Occidente. India no entra en la dinámica china de cuestionar el orden mundial, y creo que esto puede jugar a su favor. El papel de ser una especie de contrapeso a China está en la mente de muchas personas. Como anécdota relacionada con la metáfora, en las junglas de Asia, el elefante es el único animal capaz de vencer al tigre”, ejemplifica la profesora Borreguero.

Aún con un futuro lleno de incógnitas y potencial, India no será exactamente como China. Porque un elefante no es como un tigre.

Previsiones

En marzo de 2021, el Consejo Nacional de Inteligencia de Estados Unidos preparó un informe en el que estimaban cómo será el mundo en 2040. Según el documento, no hace falta irse tan lejos, solo hasta 2027, para que India se convierta en el país más poblado del planeta. Respecto al PIB, en 2040 la inteligencia cree que China ya habrá rebasado a Estados Unidos, convirtiéndose en el país más rico en términos absolutos. India ocuparía el tercer puesto.

“El tamaño de la población india, la geografía, su armamento estratégico y su potencial económico y tecnológico posicionan al país como una posible gran potencia. Queda por ver si Nueva Delhi consigue sus objetivos de desarrollo nacional. A medida que China y Estados Unidos compitan, es probable que India trate de adoptar un rol más independiente. En cualquier caso, India deberá elegir entre potenciar su autonomía respecto a Occidente o buscar más protección ante el auge chino”, desglosa el informe.

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