Geopolítica

China o EE UU, ¿cuál es el mejor aliado para el futuro de Europa?

Los cantos de sirena de grandes oportunidades económicas resuenan desde China, pero Estados Unidos, aliado tradicional del Viejo Continente, comparte una serie de valores con los que Pekín antagoniza

Balanza Comercial Europa China EEUU Pulsar sobre el gráfico para ampliar

Estados Unidos aún es el país más poderoso, pero su principal contendiente sigue creciendo alterando con ello los equilibrios que han caracterizado al mundo desde el final de la guerra fría. Incluso una pandemia después y con temores de crisis inmobiliaria al acecho, las cifras plasman que China continúa mejorando su economía a un ritmo mucho mayor que el estadounidense. Atendiendo a los datos y proyecciones del Fondo Monetario Internacional (FMI), desde 2019 hasta finales de 2022 el PIB chino habrá repuntado un 28,73%; el estadounidense crecerá un 16% en ese mismo periodo. Con la pujanza económica del país asiático como principal argumento, no es de extrañar que surjan voces en diferentes partes del globo a favor de estrechar más las relaciones con Pekín. Pero no es tan sencillo, y el caso de la Unión Europea es paradigmático.

En 2020 China fue, según Eurostat, el socio comercial más activo de la Unión Europea por valor de mercancías importadas y exportadas entre ambas partes, si bien, la Unión acumula una balanza de cuenta corriente negativa ante el elevado peso de las primeras en comparación con el de las segundas (como muestra el gráfico que acompaña a esta información). Estados Unidos fue, por su parte, el segundo mayor socio por valor de mercancías negociadas, dejando en cambio un sustancial balance positivo para las cuentas comerciales europeas. Aun siendo el principal socio por volumen de mercancías, un abismo geoestratégico continúa separando a Pekín de Bruselas. Y, previsiblemente, así seguirá la situación.

Mario Esteban, investigador del Real Instituto Elcano y profesor de la Universidad Autónoma de Madrid, ahonda en el porqué de ese abismo y de su probable continuidad. “Mientras China sea un país autoritario, una economía cerrada, de ninguna manera le convendría a Europa emprender un cambio de tanta magnitud en las placas tectónicas de la geopolítica mundial. Si nuestros valores e intereses están más cerca de otros actores, en este caso de EE UU, que además sigue siendo en estos momentos más poderoso que China de manera innegable, no hay forma de que vaya a interesar acercarse a un actor con el que tienes menos intereses y compartes menos valores. Esto no tiene sentido”, razona. La única gran diferencia bajo su punto de vista está en las importaciones, pero en todo lo demás, en exportaciones y, sobre todo, en inversiones, Estados Unidos sigue siendo mucho más importante para la UE que China. “La influencia económica china es importante, pero se tiende a magnificar esa importancia”, observa.

Asimismo, el investigador comenta que si bien el crecimiento económico chino es la gran bandera que enarbola Pekín a la hora de buscar unas mejores relaciones internacionales, a la vez es un escollo para un entendimiento sino-europeo más allá de lo meramente monetario. “Hay muchos choques en tema de derechos humanos, en regulación comercial, de internet... Muchas áreas en las que hay tensión. Estas diferencias ya existían desde hace tiempo, pero entonces la relación de poder era mucho más favorable a Occidente y China tenía muy pocas posibilidades de promover sus visiones alternativas de entender las cosas. A medida que estas relaciones de poder se van equilibrando, China gana poder a la hora de fomentar su visión y esto genera tensión en Occidente”, argumenta Esteban.

El bloque alternativo

Contestando al monopolio geopolítico estadounidense y de sus aliados desde el colapso de la URSS, acontecimientos recientes dan cuenta de que se está gestando un bloque alternativo encabezado por la propia China y Rusia. El pasado 4 de febrero, el presidente ruso, Vladimir Putin, visitó China con motivo de los Juegos Olímpicos de Invierno. Tras el encuentro de Putin con el presidente chino, Xi Jinping, ambos países acordaron una declaración exigiendo detener la expansión de la OTAN. Esto sucedió en plena tensión en Ucrania ante las sospechas de un posible ataque ruso.

“Lo que busca China cuando se relaciona con Rusia no es lo mismo que quizás lo que pretenden cuando hablan con un país de África, por ejemplo. Por un lado, busca respaldo internacional para sus modelos alternativos. Esas formas de hacer las cosas diferentes a la que promueven los países occidentales. En el otro, puede estar buscando materias primas, oportunidades para sus empresas, inversiones, contratos. Básicamente esto. Lo que es cierto es que China, en general, a diferencia de EE UU y no tanto de la UE, tiene una cooperación en materia militar con otros países más bien limitada”, asevera Estaban.

El experto desglosa cómo, en función del país interlocutor, China ofrece unas cosas u otras. “A países menos desarrollados les ponen mucho más énfasis en la financiación o en las inversiones, pero sobre todo en la financiación. En países desarrollados ponen comparativamente el foco en materias de oportunidades de negocio. La idea de fondo muy clara, muy transversal, es esa presentación de gran atractivo de China como socio económico. Intenta transmitir esa imagen de China como gran motor de la economía mundial, que es la economía que va a ofrecer más oportunidades de negocio en el futuro y que es la economía que ofrece financiación a esos países que no pueden recurrir o que les es muy caro recurrir a otras vías de financiación tradicional”.

La oportunidad con China

Sobre las consecuencias de cooperar con China deja varias conclusiones el último Afrobarómetro, elaborado en base a encuestas en 34 países diferentes para estudiar la influencia del gigante asiático en el continente africano.

A la pregunta sobre qué modelo es mejor a la hora de basar el desarrollo de sus países, el 33% de los consultados respondió que Estados Unidos, frente a un 22% que mencionó a China. Esto indica un cierto desencanto frente a la influencia china, ya que en la encuesta de 2014 la preferencia por el modelo del gigante asiático era del 25% y la del estadounidense del 31%. También se detectó una menor percepción de esa influencia. La mitad de los encuestados consideraron que China ejerce cierta o mucha influencia en sus países, frente al 71% de 2014.

En el plano puramente económico, los encuestados sí que afirman en un 63% de los casos que las relaciones de sus países con China han sido positivas, frente a un 60% que también estimó lo mismo respecto a las mantenidas con Estados Unidos. No obstante, esa mejora económica de la mano de Pekín no sale gratis. Así, un 57% de los encuestados opinaron que sus Gobiernos se habían endeudado demasiado con el país asiático.

La sinoesfera

El citado Afrobarómetro deja también una conclusión clave sobre la naturaleza de las relaciones de China con el resto del mundo. Que haya lazos económicos no tiene por qué implicar cambios geoestratégicos. “Llevando la contraria a las preocupaciones sobre que la influencia china pueda debilitar el deseo democrático en África, los encuestados que calificaron la influencia de Pekín como muy positiva preferían formas de Gobierno democráticas incluso en mayor medida que los que calificaron como muy negativo el papel de China en sus países”, recoge el informe sobre el Afrobarómetro.

De esta forma, las naciones compran el relato de cooperación económica procedente de Pekín pero, como norma general, no el político. Y a este respecto hay claros ejemplos.

Uno de ellos es el acuerdo de libre comercio que China impulsó entre los países de ASEAN. En él estarán, entre otras naciones, Australia, Japón y Nueva Zelanda, países con estrechos vínculos con EE UU. De hecho, en 2021 Australia ratificó el Aukus, un tratado de cooperación militar con Reino Unido y Estados Unidos. Otro ejemplo es el caso de la Unión Europea.

En diciembre de 2020, la Unión firmó el conocido como CAI, un acuerdo de inversiones entre Bruselas y Pekín que busca facilitar el acceso al mercado chino para las empresas europeas. “Entonces se firmó, pero luego había que ratificarlo en el Parlamento Europeo. En ese proceso, la UE interpuso sanciones a entidades y ciudadanos chinos por su relación con violaciones de derechos humanos en Sinkiang. ¿Cuál fue la respuesta de China? La respuesta podría haber sido muchas. Y entre todas las opciones, escogió sancionar a miembros del Parlamento Europeo, el órgano que tiene que sancionar esta ley. Si tú realmente quieres que ese acuerdo se ratifique, no se te ocurre sancionar a quien tiene que votarlo”, dice Esteban.

Para el experto, la clave sobre si a Europa le conviene acercarse a China o si finalmente lo hará es preguntarse qué quiere decir exactamente acercamiento. “Por ejemplo, el CAI, si se ratifica el acuerdo. Aquí la ventaja sería que las empresas europeas en China tendrían más seguridad jurídica que la que tienen ahora y tendrían un acceso más fácil al mercado que en la actualidad. Pero eso en realidad no es necesariamente un cambio de paradigma en la relación. El alineamiento estratégico de la UE va a seguir con el víncu­lo transatlántico. Incluso la ratificación del CAI, que ahora mismo es imposible, no va a ser algo que implique un cambio de dirección estratégico”, concluye el investigador.

¿Y para México?

Sin sentido. Preguntado sobre si tendría sentido para México estrechar lazos con China a costa de empeorar su relación con Estados Unidos, Mario Esteban responde que en pocos países sería un movimiento menos conveniente. “México es un ejemplo clarísimo de una gran interdependencia económica con Estados Unidos. Es imposible que México pueda tener interés en buscar una relación estratégicamente muy significativa con China si EE UU no lo permite. Hay una interdependencia mucho mayor de la economía mexicana con la estadounidense de la que posiblemente pudiera tener con China”, opina sobre ello.

Cifras. Las cifras comerciales dan completamente la razón al experto. Según datos extraídos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), la importancia de Estados Unidos eclipsa por completo a la china en comparación. Así, en 2021, en las exportaciones, en todo el año México vendió mercancías por valor de 398.776 millones de dólares a Estados Unidos, frente a las mercancías valoradas en 9.251 millones de dólares que salieron hacia China. En importaciones, desde EE UU se importaron bienes por valor de 220.981 millones de dólares, y desde China, mercancía valorada en 101.465 millones de dólares. Si se suma el valor de todas las mercancías que se importaron y exportaron desde México en 2021, el 61,98% del total de 999.928 millones de dólares se movió con EE UU, frente al 17,86% con China.

Países que dicen sí. Esteban afirma que habrá países a los que el acercamiento a China les parezca deseable. “China es atractiva para aquellos países que se sienten marginados o maltratados por Occidente, que consideran que no se les presta la atención adecuada”, advierte.

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