Hay semanas que parecen décadas, pero seguir invertido es la mejor opción

Mantener carteras globales, diversificadas y con una adecuada gestión del riesgo es una buena estrategia frente a la actual volatilidad

En una conversación que manteníamos esta semana con un gestor de renta fija, citaba una frase de un Vladimir, en este caso, Lenin, muy apropiada para estos tiempos de tanta volatilidad en los mercados financieros: “Hay décadas en las que no pasa nada, y hay semanas en las que pasan décadas”. Y es que, en tan solo unas semanas, hemos experimentado movimientos bruscos en las bolsas, caídas históricas en el mercado de bonos, ampliaciones en los diferenciales del crédito y un fuerte incremento en el precio de las materias primas. Ha sido muy difícil encontrar activos que hayan actuado como refugio en estas semanas y, ni siquiera los bonos, que históricamente han desempeñado un buen papel en momentos de estrés, han ayudado a paliar estas caídas.

El año lo arrancamos ya con cierta inquietud por las altas lecturas de inflación y la previsible reacción de los bancos centrales, que nos señalaban su hoja de ruta para iniciar el proceso de normalización de la política monetaria. Posteriormente, el inicio de la guerra entre Rusia y Ucrania aumentó el nerviosismo de los inversores y provocó fuertes ampliaciones en las primas de riesgo de los diferentes activos, llegando a ver caídas superiores al 15% en la Bolsa europea en un momento de mucha emocionalidad y poca visibilidad.

Es precisamente en estos momentos de incertidumbre cuando nuestra labor como asesores cobra especial sentido; y es que tenemos que acompañar a nuestros clientes cuando las sensaciones son negativas y la tentación de vender es mayor. Tenemos que aprender a convivir con la incertidumbre, con que no tenemos todas las respuestas, y que, aun así, invertir tiene mucho sentido. Nuestra experiencia nos dice que tratar de adivinar lo que va a hacer el mercado acaba saliendo mal y que el mejor plan es permanecer invertidos.

La realidad es que, después del miedo inicial y de que los inversores descontaran los peores escenarios posibles, el mercado ha pasado a somatizar desenlaces más favorables para el conflicto, lo que ha traído consigo una fuerte recuperación en las Bolsas, después de tocar mínimos el 8 de marzo.

Somos conscientes de que no tenemos la bola de cristal, y aún no sabemos cómo se resolverá el conflicto, cuál será su duración y el impacto que tendrá en la economía, pero, por ahora, parece que las Bolsas han girado hacia un enfoque más positivo. Para que se hagan una idea, el S&P 500 ha recuperado un 10% desde sus mínimos y deja la caída del año cerca del 3% medido en dólares. En el caso del Euro Stoxx 50, la recuperación desde mínimos es del 13%, aunque la caída en el año aún es del 8%. Como es lógico, por la naturaleza del conflicto, el impacto en las Bolsas europeas es mayor.

Lo llamativo del año es que no son las Bolsas el activo con peor comportamiento. El daño en la renta fija está siendo mayor, con mucha volatilidad en los tipos de interés. De hecho, nos encontramos en uno de los mayores mercados bajistas en la historia del mercado de bonos. Ha sido difícil evitar las caídas incluso en la deuda con vencimientos más cortos. Una de las consecuencias claras que está teniendo la guerra es el fuerte incremento en el precio de las materias primas, lo que está haciendo que las tensiones inflacionistas a nivel global se agraven.

Esto ha hecho que los bancos centrales endurecieran aún mas su tono, disparando las rentabilidades de la deuda pública. Ya saben que tipos de interés al alza implican caídas en el precio de los bonos. Como ejemplo, el bono alemán a 10 años lo vemos hoy cotizando con una rentabilidad del 0,5%, cuando lo teníamos con rentabilidad negativa hasta hace poco. El impacto en Estados Unidos ha sido aún mayor, pues allí se está poniendo en precio un ciclo de subida de tipos más agresivo y vemos ya las referencias a diferentes plazos del bono americano alrededor del 2,4%. Todo esto se traduce en caídas para algunos de los principales índices de bonos globales de entre el 8% y el 10%.

Si lo miramos por el lado positivo, en este momento encontramos rentabilidades interesantes para construir nuestras carteras de renta fija y, ahora sí, el binomio rentabilidad-riesgo parece razonable. Es curioso ver cómo el universo de deuda global que cotiza con TIR negativa ha caído drásticamente. Hace aproximadamente un año este importe ascendía a 18 billones de dólares y en este entorno de tipos al alza esa cantidad ha bajado hasta los 2,5 billones de dólares. Tenemos mejor tierra para sembrar.

En los momentos de caídas nos hemos mostrado constructivos con la renta variable, ya que nos ofrecía buenas oportunidades para comprar, aunque tras la fuerte recuperación de las últimas semanas, estamos más cautos con el activo. Hay que tener en cuenta, además, que las perspectivas sobre el crecimiento económico tienen sesgo a la baja y que la inflación impactará negativamente en los márgenes de las compañías. Por ello, nuestro posicionamiento está centrado en aquellas compañías con ventajas competitivas, ubicadas en sectores con dinámicas de crecimiento y poder de fijación de precios, aquellas que podrán navegar mejor este entorno. Por lo general, son compañías con un carácter defensivo.

En renta fija teníamos un posicionamiento prudente al inicio del año, lo que nos ha permitido defendernos bien en este contexto de tipos al alza, y nos ha animado a ser activos para incrementar el riesgo de crédito en esta situación de rentabilidades más atractivas. Parece que aún nos quedará volatilidad por delante, por eso, seguimos haciendo hincapié en mantener carteras globales, diversificadas y con una adecuada gestión del riesgo.

Manuel Rodríguez Torrecillas es Selector de fondos de renta fija en Abante