La otra guerra: Moscú avanza sobre patentes y marcas foráneas

Las empresas occidentales que han paralizado su actividad en Rusia sufrirán pérdidas de ingresos, pero también del valor de su propiedad industrial

Desde que Rusia invadiera Ucrania hace poco más de un mes, la guerra ha afectado a muchos aspectos de la economía mundial. Aunque las consecuencias geopolíticas del conflicto se han discutido ampliamente, se ha prestado poca atención a las consecuencias que está teniendo para las marcas y patentes de las grandes corporaciones de Occidente.

En respuesta a las sanciones impuestas por países occidentales, a principios de marzo, Rusia aprobó un decreto que legaliza, dentro de su territorio, el uso no autorizado de patentes y otros derechos de propiedad industrial de corporaciones vinculadas a países hostiles como EE UU, Reino Unido, Canadá, Australia, Japón, Corea del Sur, la Unión Europea y Ucrania, entre otros.

El decreto establece que cualquier persona o empresa con sede en Rusia puede usar patentes extranjeras sin el permiso del propietario, y pueden hacerlo con un canon del 0% (es decir, gratis), y sin pagar daños por infracción. Por lo tanto, cualquier individuo o empresa que haya obtenido protección para su patente en la Federación Rusa no podrá hacer valer tales derechos si se encuentran en lo que se considera un país hostil. El Ministerio de Desarrollo Económico de Rusia también está considerando la eliminación de la protección de marcas y copyright para mitigar el impacto de las sanciones en las cadenas de suministro en Rusia. La nacionalización de estos activos mitigaría el efecto de la pérdida de empleos y permitiría a los empresarios rusos seguir produciendo localmente.

Pero los analistas políticos señalan que la nacionalización de activos extranjeros solo causaría más estragos en Rusia a largo plazo. Además de las consecuencias económicas derivadas de las sanciones internacionales, Rusia también ha socavado su poder blando, su capacidad para ejercer influencia, atraer y persuadir a socios internacionales. Un informe publicado recientemente por la consultora Brand Finance muestra que el público en la mayoría de los países del mundo culpa a Rusia de la guerra, con la excepción de China. Esto ha tenido consecuencias en la reputación internacional de Rusia, que cae un 19% en comparación con 2021.

En la misma línea, la Casa Blanca advirtió que la nacionalización de activos estadounidenses y extranjeros por parte de Rusia ahondaría sus problemas económicos. Jen Psaki, secretaria de prensa de la Casa Blanca, mencionó esto en una serie de tuits, que tales decisiones ilegales crearán una desconfianza duradera en Rusia como lugar para hacer negocios.

Solo un día después de las declaraciones de Jen Psaki, el 12 de marzo se presentó una solicitud de registro para la marca Uncle Vanya’s con un logo muy similar a los arcos dorados de McDonald’s y la misma combinación de colores.

Brand Finance estima el valor de la marca global McDonald’s en 39.721 millones de dólares. Además de la pérdida de ingresos en Rusia (aproximadamente un 9% de los ingresos totales) y, dado que McDonald’s se había comprometido a seguir pagando los salarios de sus trabajadores y el alquiler de las tiendas, la cadena global estima que los cierres en Rusia costarían alrededor de 50 millones de dólares al mes. Es probable que esto tenga un impacto significativo en el valor de su negocio, y más aún si se pierde la protección de la marca en Rusia. A este intento de ocupación de marca en Rusia, le han seguido otros, como la solicitud de Chanel, Starbucks, Dr. Pepper y Skittles.

Rusia no es el primer gobierno en levantar la protección de las marcas y patentes de esta manera. De hecho, durante las dos guerras mundiales, los Estados Unidos de América no solo retuvieron a extranjeros enemigos en campos de internamiento, sino que el gobierno también confiscó su propiedad privada y la de las corporaciones originadas en países considerados enemigos. A través de su Oficina del Custodio de Propiedad Extranjera (APC en sus siglas en inglés), una agencia que administraba y controlaba la propiedad extranjera, el gobierno de EE UU confiscó Aspirina, Yamanaka & Co. y otros activos pertenecientes a ciudadanos italianos, alemanes y japoneses. Los bienes incautados incluyeron, entre otros, caballos, alfombras, una fábrica de de chocolate, otra de lápices y una cervecería.

Todos estos activos estaban bajo el control del APC para evitar que beneficiaran al enemigo. Al terminar la guerra en 1918, los activos bajo el control de APC fueron nacionalizados o vendidos a ciudadanos estadounidenses. Así fue como Bayer perdió sus activos en Estados Unidos. En una subasta, sus marcas comerciales y su fábrica se vendieron a Sterling Products, Inc. por 5,3 millones de dólares. Sin embargo, Sterling carecía del know-how de la empresa alemana, por lo que llegó a un acuerdo con Bayer. La farmacéutica alemana brindaría asistencia técnica a Sterling y compartiría las ganancias de Sterling generadas en Estados Unidos, Australia, Sudáfrica y Gran Bretaña para la mayoría de los medicamentos de Bayer. De esta manera, Bayer Alemania pudo compensar algunas de las pérdidas sufridas debido a las disposiciones de reparación del Tratado de Versalles de 1919.

Las corporaciones occidentales que han interrumpido su actividad en Rusia sufrirán pérdidas de ingresos pero también en el valor de su propiedad industrial en el territorio. Sus opciones en relación a posibles acciones legales para proteger sus patentes y marcas son, en el presente escenario, limitadas.

Por otro lado, y en caso de nacionalización, los adjudicatarios de los derechos patentarios, necesitarían, como en el caso de Sterling, también el conocimiento ingenieril sobre como explotar dicho derecho, sin el cual, no podrán optimizar su valor.

Por último, recuperar la reputación de Rusia como lugar para hacer negocios necesitarán de un gran esfuerzo diplomático que puede extenderse por décadas. Mientras tanto, todos pierden.

Gabriela Salinas es Directora General de Brand Finance Institute