Ucrania, la revolución de los ‘frikis’ e inadaptados

Mientras Kiev usa el poder de las criptomonedas para innovar en la financiación de su defensa, Moscú lo utiliza para evadir las sanciones

Si la revolución francesa fue de la burguesía, y la revolución rusa que acabó con los zares fue del proletariado, la revolución digital en la que vivimos es la de los frikis e inadaptados. Zelenski, el actor y humorista que consiguió ser presidente en 2019 con el 70% de los votos tras representar al presidente de Ucrania en la serie satírica El siervo del pueblo, lo hizo con un control magistral de las redes sociales y dando sus primeros pasos como burla. Ahí está: internet es la fuente del poder, que se ejecuta a través de memes, redes sociales y criptomonedas.

Putin esperaba que todo sucediera rápido: hechos consumados, ataques quirúrgicos y sin dar tiempo a las redes sociales para reaccionar. Pero se ha comprobado que la guerra va más allá de las bombas. Los tiempos han cambiado, y así la forma de hacer la guerra. Vladimir Putin, el gobierno chino, EEUU o cualquier persona con dos dedos de frente es plenamente consciente de esto. En el año 1945 era posible arrojar un par de bombas atómicas, matar a más de 130.000 personas inocentes, gran parte de ellos niños y ancianos, y lavar la imagen de la atrocidad mediante decenas de películas hechas desde Hollywood. En la actualidad, gracias a internet, cada niño muerto en una guerra tiene un precio inasumible y más si su muerte queda grabada en un video o incluso si llega a emitirse en directo.

Mientras la población mundial contempla asustada el evento mediático, y tanto la OTAN como la UE comienzan con interminables y estériles reuniones, el ejército friki reacciona a la velocidad de internet. En apenas días se envían más de 37 millones de dólares de donaciones directas en criptomonedas a Ucrania. Binance monta un fondo de otros 10 millones que rápidamente queda cubierto. Elliptic otros 20 millones, y no sigo por no aburrir, pero la lista es interminable. El gobierno ucraniano, por supuesto, acepta los pagos en criptos, y financia con ello la defensa, gasolina, agua y alimentos. Unicef y Acnur respiran también aliviadas ante el aluvión de millones. Nunca ha habido una reacción tan rápida, eficaz y eficiente.

Los recursos los gestiona una empresa especialista en criptomonedas llamada Kuna que tiene sede en Kiev. Desde allí se distribuyen los tokens a diferentes carteras digitales gubernamentales y a ONG, que son las que realizan las diferentes compras. Un gran número de estas compras, drones y gafas de visión térmica, por ejemplo, se realizan directamente con criptomonedas. Para otras, en cambio, es necesario usar el dinero tradicional FIAT. El gobierno ucraniano anunció la realización de un evento promocional consistente en una emisión de criptomonedas (airdrop) para obtener financiación, que finalmente tuvo que anular. Aún así, tienen previsto emitir varios NFTs, con el mismo objetivo. Las posibilidades de innovación tanto en la captación, como en el seguimiento y aplicación de los fondos, con la mayor de la transparencia, son prácticamente ilimitadas gracias a las posibilidades que ofrece la tecnología blockchain.

En paralelo, y entre otras sanciones, se anuncia el bloqueo financiero de Rusia mediante la expulsión de la red Swift, el embargo de bienes en el extranjero y multitud de multinacionales abandonan sus inversiones. Visa y Mastercard abandonan el barco ruso e incluso Suiza abandona su neutralidad para unirse a las sanciones económicas. ¿Cómo trata el gobierno ruso de sortear las dificultades? Mediante el recurso a las criptomonedas. En febrero el banco central ruso hizo el anuncio de que tratarían el bitcoin como divisa. Se estima que Rusia controla el 12% de toda la capitalización mundial cripto (unos 214.000 millones de dólares). Un sistema financiero paralelo al oficial, que sirve a todos, y parece no entender de fronteras y banderas.

Así, mientras Ucrania usa el poder de las criptos para innovar en la financiación de su defensa, Rusia usa ese mismo poder para evadir las sanciones. La respuesta tanto de EEUU como de la UE no nos debe de sorprender: usan la invasión para tratar de poner un cerco regulatorio a las criptos, un nuevo intento de negar la realidad. El mundo ha cambiado, y así nos lo hace saber prácticamente a diario China. Mientras Occidente está en guerra y trata de ponerle puertas al campo, ellos han clausurado los juegos de invierno, en los que la información fluía con libertad a través de las redes de Huawei, y el medio de pago era el yuan digital.

Toda esta agilidad y rapidez financiera contrasta con las recientes medidas tomadas por el gobierno de un país serio como es Canadá. Ante las protestas de los camioneros antivacunas decidieron congelar decenas de miles de cuentas bancarias FIAT. Los bancos no supieron ni por dónde empezar, y sucumbieron por su parálisis ante tan compleja situación. Literalmente. Una muestra más de que el antiguo mundo industrial está en sus estertores, por si ya tuviéramos pocas muestras. El presente es digital, y solo podremos sobrevivir con grandes dosis de actitud y buen humor.

Luis Garvía es Director del Máster en Riesgos Financieros de ICADE Business School