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Editorial
Análisis
Exposición didáctica de ideas, conjeturas o hipótesis, a partir de unos hechos de actualidad comprobados —no necesariamente del día— que se reflejan en el propio texto. Excluye los juicios de valor y se aproxima más al género de opinión, pero se diferencia de él en que no juzga ni pronostica, sino que sólo formula hipótesis, ofrece explicaciones argumentadas y pone en relación datos dispersos

Responsabilidad y realismo ante un horizonte incierto para la economía

Las previsiones sobre la evolución de la economía europea en los próximos meses no son halagüeñas, como corresponde a una coyuntura ensombrecida por la incertidumbre de una guerra cuya duración y consecuencias son a día de hoy imposibles de calcular. El aparente fracaso –o al menos, estancamiento– de las negociaciones entre Kiev y Moscú ha vuelto a dar al traste con la esperanza de un pronto desenlace del conflicto mientras el fuego continúa azotando Ucrania y las sanciones económicas presionan a Rusia. Todo ello en un contexto fuertemente inflacionario en el que la energía se ha convertido en uno de los grandes factores estratégicos de la crisis.

La OCDE advertía ayer de que el conflicto restará un punto porcentual al crecimiento global de este año y rebajará el de la zona euro en 1,4 puntos, lo que disparará la inflación hasta el 2,5% y 2%, respectivamente. En España, los expertos reunidos por Funcas calculan que el IPC promedio se situará en el 5,4% al finalizar el año y dejará la inflación subyacente en el 2,8%. De confirmarse la previsión, el indicador se situaría unos dos puntos por encima del promedio de 2021. Pero el problema de todos estos cálculos es la extrema volatilidad de la situación, con unas economías que arrastran todavía las heridas de la pandemia, una crisis de suministro de materias primas que golpea a la industria y al transporte, y una guerra que, tras solo tres semanas, ya ha obligado a corregir a la baja el crecimiento y la inflación. Prueba de ello es la amplia horquilla de estimaciones sobre el PIB que refleja el panel de Funcas –desde el 2,9% al 6%– y de escalada de los precios: del 3,2% al 7,8%.

En un escenario como el actual, el deber de cualquier gobierno es tratar de anticiparse en lo posible a los acontecimientos, y hacerlo con la vista puesta en el peor de los escenarios, dado que cualquier otra actitud supone ya no solo llegar tarde, sino hacerlo de forma insuficiente. A día de hoy, el alto el fuego en Ucrania no parece próximo, como tampoco parece retroceder la escalada de precios que ha llevado al petróleo y al gas a máximos históricos. La tozudez del Gobierno que sigue manteniendo un cuadro macroeconómico desgajado de la realidad, y su aparente resistencia a la hora de adoptar medidas no constituyen una estrategia política responsable para hacer frente a una coyuntura geopolítica y económica cuya gravedad puede ser un gran error infravalorar. Aliviar la presión fiscal a los asalariados y las empresas, adoptar medidas para neutralizar el rally de la energía y asumir que la recuperación puede pararse en seco si la guerra se prolonga son pasos ineludibles frente a un horizonte cada vez más oscuro.

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