Contante y Sonante

El BCE logra reducir poder ejecutivo de los presidentes. O eso dicen

La gobernanza era uno de los focos de los supervisores para este año. La norma española permite la presidencia ejecutiva, aunque la banca se ha adaptado

Ana Botín, presidenta de Banco Santander.
Ana Botín, presidenta de Banco Santander.

Hace unos años, no muchos, parecía imposible que los presidentes ejecutivos de los bancos españoles pudieran reducir sus funciones ejecutivas. No estaban muy dispuestos a ello, y siempre alegaban que la normativa del país lo permitía, pese a que los supervisores preferían que estas funciones se repartieran entre el presidente y el consejero delegado, como rige en el modelo anglosajón. Uno de los bancos que tradicionalmente ha tenido un presidente no ejecutivo ha sido Bankinter, u otras entidades pequeñas de accionariado familiar. También algunas cajas de ahorros, cuando existían, claro, o las cooperativas de crédito.

Ahora, incluso Banco Santander, uno de los últimos o puede que sea el penúltimo español con presidencia ejecutiva predominante, ha decidido cambiar sus estatutos para equilibrar el poder entre Ana Botín y el consejero delegado, José Antonio Álvarez. Será en la junta del 1 de abril cuando sus accionistas aprueben estos cambios, que suponen en teoría que Botín cederá poderes al CEO del grupo, aunque como recalca el banco, “Ana Botín seguirá siendo la primera ejecutiva” del grupo. Y pocos lo dudan.

Ya antes, en 2018, BBVA hizo lo propio tras el nombramiento de Carlos Torres como presidente del banco en sustitución de Francisco González. De esta forma, los poderes de Torres y los del CEO, Onur Genç, se equilibraron. Y aquí si se nota.

En Banco Sabadell pasó lo mismo. El 26 de marzo la junta de accionistas de la entidad financiera aprobaba el cese de las funciones ejecutivas de Josep Oliu. César González-Bueno, consejero delegado del banco recién aterrizado en el cargo, se convertía así en el primer ejecutivo.

La tarjeta de presentación de José Ignacio Goirigolzarri de CaixaBank pone presidente ejecutivo, pero todo el mundo, y lo han dejado todos muy claro, sabe que el primer ejecutivo del gigante bancario español es Gonzalo Gortázar. No hay duda.

Solo queda un reducto, Unicaja, que mantiene como primer ejecutivo a su presidente, Manuel Azuaga, aunque, como todo el mundo sabe en el sector, tiene fecha de caducidad.

Unicaja mantiene su plan transitorio para llegar a tener el 40% de consejeros independientes en 2023, tras la salida de Azuaga

Azuaga dejará la presidencia ejecutiva a más tardar en julio de 2023. Será el último presidente ejecutivo de la institución, y parece que del panorama bancario español. Antes, este banquero junto al resto del consejo de administración de la entidad deben arreglar otros asuntos, porque la gobernanza no solo se centra en las presidencias ejecutivas. El Banco de España, como el BCE, reclaman mayoría de consejeros independientes en los máximos órganos de gobierno del sector, y ahora Unicaja no lo cumple.

En una semana, dos de sus consejeros independientes, Manuel Conthe y Ana Bolado, dimitieron por sorpresa, con unos siete días de diferencia. Una de estas salidas arreglaba una situación, dejaba un asiento libre en el consejo para que pudiera sentarse Mayoral en él, al controlar el 8% del capital de Unicaja. Pero su cargo será de consejero dominical.

Su cúpula tenía previsto que en la junta de 2023 Azuaga dejara la presidencia y su puesto en el consejo, para cubrirse con un independiente, con lo que se volvería a alcanzar el 40% de asientos independientes. Pero la salida de Bolado les cambió el pie, pero solo momentáneamente. El viernes ya anunciaron el nombramiento de la nueva consejera independiente, Carolina Martínez-Caro, que devolverá el equilibrio en el consejo, pese a que este sea muy ajustado, ya que supondrá que el 33% del consejo es independiente, porcentaje que el BCE considera escaso. Pero todas las fuentes consultadas aseguran que el plan previsto para 2023 se mantiene. Será entonces cuando su cúpula se adapte a las recomendaciones de los supervisores. Lo que no se sabe si el BCE prefiere que todo se acelere ahora.

Sea ahora o en julio de 2023, lo cierto es que los supervisores han conseguido su objetivo. Presidentes ejecutivos, los menos posibles, y si es ninguno, mejor. Aunque para no ser radicales, durante una temporada dejarán que la presidencia y el cargo de consejero delegado tengan poderes similares para que no se les tache de radicales.

Cuando se nombró a Pablo Hernández de Cos gobernador del Banco de España en junio de 2018, se marcó varios objetivos para el sector financiero, y uno de ellos era terminar con estas presidencias ejecutivas, y lo ha conseguido. Igual que con el resto de sus planes, aunque puede que le hubiera gustado algún proceso más de fusión.

También le hubiera gustado que Ibercaja ya estuviera cotizando, pero la cosa no ha podido ser hasta el momento, y en la actualidad no solo es comprensible, sino también conveniente.

Otro tema que se inició hace algo más de un mes, pero que se ha buscado rápidamente una solución que ha convencido al sector y a los clientes, es el relativo a la atención personalizada de los mayores en la banca. Dicho y hecho. El sector, junto al Gobierno, han logrado agilizar la firma de un protocolo para atender a los clientes más vulnerables ante la digitalización de la banca. El problema es que no se sabe si con la plantilla actual del sector será suficiente para atender a este colectivo como marca el protocolo.

De momento, las protestas por parte de los sindicatos se han iniciado. Y eso se sabía. Era cuestión de días tras la firma del protocolo de atención a los clientes mayores de 65 años. ¿Ocurrirá que al final la banca tenga que volver a contratar a personal? Nunca se sabe. Por lo pronto, CaixaBank ha contratado a 1.350 trabajadores temporales para reforzar la atención en las oficinas a los clientes mayores y a aquellos provenientes de la antigua Bankia dentro de su programa de lucha contra la exclusión financiera.

Bueno, y hasta aquí hemos llegado. Me despido de todos lo que me hayan estado leyendo con más o menos asiduidad durante tantos años, muchos. Gracias, ha sido un placer. Les echaré de menos, lo aseguro.

 

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