Guerra en Ucrania: la invasión de una nueva incertidumbre

El encarecimiento de las materias primas junto al debilitamiento del crecimiento que provocará el conflicto tiene un nombre: estanflación

Puntual como un episodio de una serie televisiva, unos días después de la clausura de los juegos olímpicos de invierno del histórico país aliado –China–, Rusia, sin pisar el guion de otra película que se acaba de concluir, empieza una invasión en territorio ucraniano poniendo en marcha lo que el actual primer ministro italiano y expresidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, ha definido como un injustificado e injustificable ataque a Ucrania, junto con la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. En este escenario bélico donde las noticias van salpicando por diferentes frentes y el miedo se apodera de los mercados, la economía retrocede y la incertidumbre toma espacio.

La violación de principios estructurales de la carta de Naciones Unidas como el principio de integridad territorial de los Estados, el principio de prohibición de la amenaza o del uso de la fuerza van a intensificar la tensión inflacionista de los productos energéticos y de algunas materias primas, como por el ejemplo el gas, el petróleo o el trigo, elementos básicos para la economía doméstica.

No debemos olvidar, que hace poco más de diez años, la primavera árabe se desató en Túnez por el aumento de los precios de algunos alimentos, entre los cuales, el más importante fue el pan, impulsando una cadena de revoluciones que llevaron a tumultos y la caída de diferentes gobiernos en algunos países del Norte de África. La actual sequía que se vive en España desde hace semanas junto con la crisis ucraniana, que es el granero de Europa y del mundo, están ahora poniendo en jaque el precio de una materia prima tan importante como necesaria para los países desarrollados y no desarrollados. Las repercusiones económicas, por lo tanto, del crecimiento del gas, del petróleo o del trigo son solo el comienzo del primer conflicto del siglo XXI que podríamos definir asimétrico, ya que se combate militarmente y económicamente dependiendo del frente.

Porque estos acontecimientos económicos representan solo el comienzo de un culebrón donde las sanciones económicas serán el segundo elemento de inestabilidad que finalmente acabarán pagando tanto los importadores como los exportadores de todos los países y sobre todo los ciudadanos, eternas víctimas de decisiones injustificadas de los gobernantes.

Porque es cierto que el 80% de los países dependen del gas, del petróleo y del carbón, y Rusia es un gran exportador de estos productos y también consigue aliviar el peso de las sanciones en un momento en que sus arcas públicas se ven mejoradas debido al incremento de estas materias primas, cuya exportación no se puede limitar, para no tener repercusiones económicas mayores en los países que imponen las sanciones.

En una palabra: interconexión. La interconexión económico-financiera hace más complicada la gestión de unos conflictos bélicos en pleno 2022 y en determinadas circunstancias llegamos a la paradójica situación en la que colectivos como Anonymous piden disculpas por adelantado a las empresas que sin tener responsabilidades en el asunto se verán implicadas en esta guerra híbrida mientras se lanzan ciberataques al país invasor.

Conflicto asimétrico, híbrido, caracterizado por una profunda interconexión significa en economía, mayor incertidumbre, crecientes niveles de volatilidad y, por ende, mayores presiones inflacionistas, que probablemente alterarán las fisiológicas y naturales decisiones de los grandes bancos centrales del mundo.

Sin embargo, todos estos factores no juegan en defensa ni de una plena recuperación económica tras la profunda caída debido a la pandemia, ni favorecen la normalización de los elevados niveles de inflación registrados en 2021 en todo el mundo. Si es cierto que las sanciones aprobadas por la comunidad internacional parecen calmar los mercados financieros, por otro lado también lo es que estos empezarán a descontar las repercusiones inversas sobre las empresas no rusas.

La transición energética, la sequía, la necesidad de exportar hacia mercados emergentes, el peso del turismo en la economía española son otros de los factores de este conflicto que toca de lleno, sesgandolo, el crecimiento de la economía española y mundial en todos sus ámbitos.

En la era del metaverso y de las economías interconectadas, asistimos a situaciones de escenarios híbridos, virtuales y reales que en un juego de espejismo se complementan dejando un profundo impacto humano en las poblaciones de estos países y de todo el mundo.

Conflictos bélicos rápidos con repercusiones sociales y económicas de largo plazo no son en ningún caso preferibles a escenarios de negociación y de paz y más en un momento de necesaria recuperación económica. Si antes solo teníamos que analizar las repercusiones de una caída de las divisas nacionales en este escenario hibrido estamos asistiendo a la volatilidad de las criptodivisas, nuevo elemento en este nuevo contexto global de conflicto en el que preocupa a la economía aparentemente más el que va a pasar de lo que está pasando.

La historia nos enseña que la invasión de Crimea en 2014 no ha generado ningún impacto positivo en las poblaciones ni en la economía de estos países y del mundo entero. La imposición de las sanciones no ha favorecido ningún tipo de negociación, sino que al contrario, ha reforzado la resiliencia de Rusia y nos vuelve a colocar en la casilla de salida de un serie donde cada episodio añade elementos de mayor incertidumbre en el escenario económico y social.

Esta circunstancia además acelera, activa y refuerza la aparición de un espectro, que no conlleva elementos positivos para la economía, porque un encarecimiento de las materias primas conjuntamente con una debilitación del crecimiento de los países tiene un nombre que durante el último año hemos susurrado en diferentes ocasiones, con deseo de que se disolverá: estanflación. Claramente todas estas circunstancias empujan la economía española y mundial, hacia un escenario económico de este tipo.

Nadie, a excepción de quien ha lanzado este ataque, sabe cuál va a ser el esc qyenario futuro de nuestras economías en un momento como este, pero todo apunta a que tendremos un encarecimiento de las commodities y de la energía que tendrá repercusiones en la inflación subyacente y por ende en la recuperación y crecimiento de nuestras economías que en vías de recuperación, no necesitaban desde luego de una invasión de esta nueva incertidumbre.

Massimo Cermelli es Profesor de economía de Deusto Business School