Cómo invertir al compás de los bancos centrales

La prudencia en el corto plazo, la flexibilidad y la gestión activa de calidad son claves en un entorno de condiciones financieras cada vez menos favorables

Hay un famoso proverbio africano que dice: “Da igual que seas león o gacela. Cuando salga el sol, más te vale empezar a correr”. He querido comenzar de esta manera el artículo pues, en términos financieros, durante las últimas semanas ha surgido un particular sol en forma de repuntes de los tipos de interés de mercados tanto en Estados Unidos como en otras partes del mundo, incluyendo nuestra vieja Europa, haciendo que las condiciones financieras sean mucho menos favorables de las que veníamos disfrutando hasta no hace mucho tiempo… y, como consecuencia de ello, poniendo nerviosos a muchos inversores; fueran estos gacelas, cervatillos cojos o leones.

Y uno puede preguntarse: ¿qué hay detrás de este inicio de normalización en los tipos de interés desde los niveles tan anormalmente bajos en los que se han encontrado durante un tiempo? Pues una inflación elevada, una importante subida en los precios de bienes y servicios, que ha pasado, en pocos meses de ser considerada transitoria para los grandes bancos centrales a ser hoy, semánticamente hablando, considerada algo más permanente y persistente. Y, debido a todo ello, ha supuesto un motivo de ocupación y preocupación para las grandes instituciones monetarias mundiales sobre cómo atajar este problema sin llegar a descarrilar la recuperación económica global.

A pesar de todo esto, y de que muchos agentes económicos, analistas de inversión, estrategas, gestores o inversores conocen que los tipos de interés –junto a la evolución del ciclo económico– son las variables macroeconómicas que más afectan a los mercados de valores y las piedras angulares sobre las que pivota el devenir de los mismos, durante un tiempo valioso han preferido obviar la evolución que están teniendo los tipos de interés de mercado a la hora de diseñar y construir sus carteras de productos de inversión para este 2022. Y este error está suponiendo verdaderos quebraderos de cabeza para muchos asesores financieros y ahorradores que, haciendo caso omiso a este hecho, han continuado seleccionando sus inversiones únicamente mirando al espejo retrovisor. Han preferido seguir contando con productos de inversión que funcionaron muy bien el pasado año, pero que han dejado de hacerlo. ¡Qué gran error!

Es posible que alguno aún siga preguntándose si el que las condiciones financieras cambien –en este caso a peor– es algo tan determinante a la hora de posicionarse en uno u otro activo financiero con el fin de conseguir un buen resultado con sus inversiones. Evidentemente sí y ejemplos, en el pasado, hemos tenido unos cuantos. ¿Recuerdan cuando, por circunstancias excepcionales, los grandes bancos centrales del mundo tuvieron que sacar la artillería pesada y anunciar una verdadera lluvia de dinero para que, como el bálsamo de Fierabrás del Quijote, curara todos los males económicos que entonces nos acechaban? Pues en aquellos momentos de regocijo no todo eran alegrías. Hubo también cierta frustración y decepción entre aquellos ahorradores que, teniendo su dinero en depósitos bancarios, vieron cómo la rentabilidad de estos productos caía en picado hasta incluso llegar a ver que no les daban nada de rentabilidad positiva. Aquel quantitaive easing tuvo sus contraindicaciones, sus efectos negativos, decepciones y desconcierto sobre los inversores más conservadores que, en muchos casos, desoyeron lo que dijera un famoso político irlandés: “La decepción es la enfermera de la sabiduría”; y no supieron ver que había y hay vida más allá de los depósitos. En este caso, a través de un gran producto financiero: los fondos de inversión.

Un producto sobre el que, bien explicado y bien asesorado, se sacan las siguientes conclusiones :

-No son solo para personas que entienden de mercados financieros.

-No son válidos únicamente para ricos, ya que son accesibles para todos los bolsillos.

-Tampoco se tratan de productos que o bien son solo garantizados o solo invierten en Bolsa. Hay una gran gama de variedades que se adecúan tanto al perfil del inversor como a la coyuntura económica y financiera de cada momento.

-No se destinan únicamente para especuladores…para inversores de corto plazo.

-No solo ganan los bancos que los gestionan o comercializan. De nuevo un gran error pues hay un mundo más allá de los productos de moda y en el escaparate. Productos bien gestionados, líquidos, fiscalmente atractivos y que están pensados para que un inversor esté cómodo. Pero, de nuevo, la clave es estar bien asesorados.

Ahora estamos ante un nuevo contexto económico y financiero. Uno en el que los vientos de cola a favor, y la posibilidad de endeudarse a tipos de interés verdaderamente bajos, o de ganar dinero, en el caso de ahorradores que compraron bonos o fondos de inversión de deuda durante los últimos años, renta variable de estilo de gestión growth, ha cambiado y en el que las condiciones financieras están yendo a peor. Por lo tanto, y como señala el proverbio africano, es conveniente empezar a correr ante este nuevo contexto económico y financiero y, tratando de ser sabios, buscar otras alternativas de inversión más adecuadas al mismo. Ideas que, dentro del mundo de los fondos de inversión, se apoyen en:

-La prudencia en el corto plazo.

-La flexibilidad y la gestión activa de calidad. Creemos que 2022 será un año para ello por la enorme dispersión existente entre el comportamiento de unos valores frente a otros, incluso dentro de un mismo sector.

-La calidad, pues va a ser fundamental fijarse en aquellos negocios de empresas con unos balances saneados, capaces de generar flujos de caja en un entorno de inflación, que tengan productos y marcas reconocidas y apreciadas por los consumidores e inversores, y que cuiden a los accionistas, a los bonistas, a los empleados y a la sociedad en su conjunto.

En consecuencia, y en un entorno de mayor volatilidad en el que es crucial gestionar bien nuestras expectativas y emociones, dependiendo del perfil de riesgo de cada uno, conviene que nuestra estrategia genérica de inversión se centre en fondos cuasi liquidez; nada de renta fija de medio y largo plazo, mixtos de Bolsa patrimonialistas y fondos de retorno absoluto para aprovechar la dispersión que se está produciendo por estilos de gestión, por sectores y por activos financieros. En renta variable, sobreponderar los fondos que se centren en aquellos sectores más cíclicos (financieras, energía, industriales, materiales), frente a aquellos como pueden ser el tecnológico o el de consumo cíclico. Y, tácticamente, reducir el peso de la inversión en Bolsa estadounidense con el fin de aumentar la renta variable europea y emergente en cartera… sobre todo de China.

Para acabar, recuerden este otro proverbio: “Una sola chispa puede incendiar la pradera”. Por ello, conviene actuar con sensatez, inteligencia y ciertas dosis de cautela para las próximas semanas.

José María Luna Morales es Agente de Caser Asesores Financieros