Portugal y los preparativos de divorcio entre PSOE y Podemos

Sánchez dice que las elecciones generales serán en enero de 2024, pero la economía invita a anticiparlas un año, tras simular ruptura con Díaz

Pedro Sánchez lleva meses advirtiendo a la oposición que la legislatura terminará cuando se agote el mandato de cuatro años. Para dar más credibilidad a su calendario, asegura que las elecciones generales serán al finalizar la presidencia de España de la Unión Europa, que será del 1 de julio al 31 de diciembre de 2023. Este escenario resulta verosímil, ya que permitiría a Sánchez convocar elecciones a finales de enero de 2024, mes que sería el período oficial de campaña, y aprovechar la peana que ofrece la presidencia europea para hacer una precampaña machacona con los éxitos conseguidos con el dinero llegado de la UE.

Sin embargo, hay hechos recientes (elecciones de Portugal) y decisiones postergadas (subida masiva de impuestos), que tienen que entrar en los presupuestos del Estado de 2023, que pueden hacer que ese calendario salte por los aires. Hay muchos analistas que apuestan a que las elecciones generales serán a finales de este año.

Empecemos por Portugal, para examinar esta nueva hipótesis. A finales de noviembre del año pasado, el socialista António Costa veía como sus socios, el Partido Comunista y el Bloco, no apoyaban la propuesta de presupuestos para 2022. Costa es a Sánchez lo mismo que comunistas y Bloco a Podemos. La respuesta del primer ministro de Portugal fue poner fin al Gobierno y anticipar la convocatoria de elecciones, que se han celebrado el domingo pasado.

Contra todo pronóstico, el pueblo portugués respondió a António Costa dándole una mayoría absoluta que nadie esperaba y que es una rara avis en Europa. Su crecimiento ha sido, además, consecuencia del castigo del electorado a sus socios de izquierdas, los mismos que rechazaron los presupuestos.

Es inevitable adivinar a Pedro Sánchez relamiéndose las heridas que cada día le deja Podemos mientras veía los resultados de su colega portugués. Aunque no parezca muy científico trasladar la experiencia de Portugal a España o la de las autonómicas de Madrid a Castilla y León, se pueden sacar lecciones muy interesantes.

La primera enseñanza es que los ciudadanos quieren certidumbres, que después de haber hecho crecer a los nuevos partidos, quizás estén en fase de repliegue buscando mayorías más sólidas. Pasó en las autonómicas de Madrid y ha pasado en Portugal, aunque sea en dirección política opuesta.

La segunda es que hay que saber romper. El divorcio tiene que estar razonado y argumentado para que no suene a ventajista. Costa está más que empoderado por la negativa de sus socios a apoyar los presupuestos e Isabel Díaz Ayuso tenía el pacto PSOE-Ciudadanos para la moción de censura en Murcia como espoleta, algo que no sucede en Castilla y León, donde el PP rompe pese a tener garantizado el apoyo de los naranjas para los presupuestos.

A estas alturas, es seguro que en el equipo de Pedro Sánchez hay un jefe de agravios, un encargado de tomar nota de los problemas creados por sus socios, que está preparando el terreno para la traca final. Para ese día, cuando el presidente del Gobierno se ponga delante de las cámaras, compungido y despechado con Yolanda Díaz, y convoque al pueblo español a las urnas en busca de una nueva mayoría que le permita gobernar sin tener que hacer concesiones a una izquierda radical.

Además del espejo portugués, la realidad económica ofrece caras buenas y malas que igualmente invitan a precipitar las elecciones. La coalición PSOE-Podemos ha sacado esta misma semana adelante las dos normas en las que tenía más difícil ponerse de acuerdo: la reforma del mercado laboral y la ley de vivienda. La primera era una exigencia de Europa para recibir los fondos que financian el Plan de Recuperación, la segunda, una concesión de los socialistas a Podemos.

Pero lo más importante es que la economía va a ofrecer al Gobierno un panorama muy positivo en 2022 para presumir de gestión. La dinámica de fuerte crecimiento económico y creación de empleo que se ha visto en 2021, sin duda va a continuar este año, con permiso de Vladimir Putin. El PIB creció el año pasado un 5% con el turismo a medio gas, aún muy lejos de las cifras de 2019, y con la cadena de suministros de China averiada, lo que ha hecho especial daño a los fabricantes de coches y de sus componentes. Estos dos sectores pesan casi el 25% en el conjunto del PIB de España, con lo que sus mejoras tienen un impacto muy fuerte.

Además, está el impacto que va a tener el despliegue de la inversión que suponen los fondos europeos. España dispuso el año pasado de casi 24.000 millones, de los que a finales de año se habían comprometido 17.700 millones, según los datos del Ministerio de Hacienda. Por tanto, es previsible que el impacto de ese dinero se haga visible en este año.

Sin embargo, la gran asignatura pendiente del mundo y de España en particular está en las cuentas públicas. La pandemia obligó a un gasto brutal en sanidad y en rescatar a empresas y trabajadores, cuyo ajuste se va retrasando con el argumento de que lo primero es favorecer el crecimiento, para luego pensar en reducir el déficit público y la deuda pública, los dos agujeros negros de la economía española.

El cuadro macroeconómico del Gobierno prevé cerrar este año con un déficit público del 5% del PIB y una deuda pública del 115% del PIB, casi 1,5 billones. España se va a encontrar con esa losa en 2023, cuando el BCE empiece a subir los tipos de interés y a abandonar la compra masiva de deuda de los estados, que ha posibilitado tipos negativos. Si España se encontrara con un tipo medio del 4% tendría que pagar 60.000 millones de intereses al año.

Todo el mundo sabe que el presupuesto de 2023 va a ser el de la subida de impuestos, por eso la CEOE (IEE) ha elaborado su propuesta fiscal. ¿Va a convocar Sánchez elecciones en enero de 2024 después de haber subido el IVA, el IRPF y sociedades a todos? Ese es un plan para el primer año de Gobierno, no para el último. El contrato de divorcio simulado y en diferido se debe estar preparando, a menos que opten por ir a las elecciones en coalición.

Aurelio Medel es Doctor en Ciencias de la Información. Profesor de la Universidad Complutense