La subida de los tipos aconseja la rotación desde el crecimiento al valor

Desde que a finales de diciembre la Reserva Federal norteamericana dijo haberse dado por enterada de la inflación como un fenómeno persistente, así como de su intención en combatirla, los mercados han entrado en una especie de corrección precautoria de posiciones, que se ha visto sorprendida por la posibilidad de un conflicto armado en Europa que ha llevado a los inversores particulares a preguntarse hacia dónde van las Bolsas. No hay muchas respuestas, entre otras cuestiones porque la variable conflicto geoestratégico tiene demasiadas aristas como para interpretarla acertadamente desde el principio. Los grandes fondos comenzaron hace meses a hacer correcciones en sus carteras, y algunas pistas han proporcionado, pero no las suficientes como para disponer de un itinerario exento de riesgos. Los analistas, por su parte, estiman que no hay un cambio de ciclo, que el crecimiento de la economía se va a mantener y con él, los buenos resultados empresariales; pero que, obviamente, los ganadores en lo que resta de ciclo en los mercados pueden no ser los mismos que lo han sido hasta ahora. Será necesaria una rotación de carteras intensa.

El conflicto ucranio es una circunstancia que complica las cosas, pero bien podría ser pasajero; seguramente más pasajero que la inflación elevada, que necesariamente precisa un plan de combate bien diferente, e igual de persistente, para preservar la buena marcha de la actividad. Ello supone un endurecimiento de la política monetaria que ya ha empezado con una firme declaración de intenciones en EE UU y un seguimiento poco entusiasta en la Unión Europea, pero que terminará siendo inevitable, a juzgar por los datos últimos de inflación. Habrá subidas de tipos en EE UU ya en marzo, y parece complicado que no se repliquen en Europa antes de que termine el año.

La subida de los costes de financiación, ya anticipada por los mercados secundarios de deuda, cambia la configuración del negocio de muchas empresas, perjudicando a las que sostienen la actividad en un endeudamiento elevado, y beneficiando a las que dependen de una demanda más cíclica y disponen de mecanismos para llevar a precios finales las subidas de sus costes. Por todo ello, las empresas de fuerte crecimiento, cuyo coste de financiación recorte o supere al retorno de los activos, sufrirán una contracción de sus beneficios; por contra, las empresas de valor no experimentarán tal merma en sus márgenes y podrán acaparar el favor de los inversores. Una rotación desde el crecimiento (growth) al valor (value) parece haberse convertido en la fórmula para obtener retornos en la renta variable; y una apuesta por la deuda de calidad mantenida hasta vencimiento para cobrar el cupón, en la fija.