Los planes desaparecen de las grandes carteras

Con los recortes, la banca privada prescinde del vehículo

Recomienda combinar la gestión pasiva con la activa

Planes de pensiones
Getty Images

Un 8,7% en el año es la rentabilidad media que han conseguido los planes de pensiones individuales en 2021, un retorno atractivo para un tipo de instrumento de ahorro para la jubilación que pasa por horas bajas tras la decisión del Gobierno de recortar las aportaciones anuales máximas.

En 2021 se ha podido ahorrar hasta 2.000 euros en planes individuales, pero ya este ejercicio el máximo pasa a ser de solo 1.500 euros cuando hasta el año 2020 el límite ascendía a los 8.000 euros. Esas cantidades aminoran el atractivo fiscal del producto, ya que el dinero dispuesto sirve para reducir la base imponible del IRPF.

De hecho, esas modificaciones a la baja han propiciado un desplome general en las aportaciones del 41%. Y si nos centramos en los grandes patrimonios, la realidad es que los planes de pensiones han prácticamente desaparecido de las recomendaciones de los banqueros privados a sus clientes, conscientes de que su atractivo fiscal ha menguado sensiblemente.

Hemos preguntado si quizás la gestión pasiva puede ser la estrategia elegida para un ahorro a muy largo de plazo como es el de la jubilación, y los expertos en general coinciden en que sirve solo como complemento a la gestión activa, la opción preferida por la mayoría.

La reducción en los máximos ha propiciado un desplome de las aportaciones

“La mejor opción, en nuestra opinión, es combinar gestión activa y pasiva, pudiendo así tener las bondades de ambos enfoques”, asegura Gadea de la Viuda, socia y directora general de Abante, mientras que en CaixaBank Banca Privada creen que el actual entorno de mercado es “muy favorable para la gestión activa dada la enorme dispersión de comportamiento sectorial y geográfico. Esperamos, por tanto, que la gestión pasiva retroceda algo en cuanto a peso en nuestras carteras”.

Joaquín Calvo-Sotelo, director de banca patrimonial de Bankinter, por su parte, admite que el interés de los clientes por la gestión pasiva ha ido creciendo en los últimos años, “pero no vemos una demanda disparada, aunque por supuesto la hemos ido incorporando en las carteras combinada siempre con la gestión activa”.

“La pasiva continúa siendo una herramienta más en la gestión de grandes patrimonios, pero no ha aumentado el interés sobre ella, sino más bien al contrario”, observa Diego Fernández Elices, director general de inversiones de A&G, que considera que este tipo de inversor tiene a su alcance un universo de activos más amplio que en otros clientes y, en líneas generales, una formación financiera “que les ayuda a comprender que las razones por las que ha crecido la gestión pasiva, que son principalmente transparencia, precio y facilidad de acceso, no son ventajas particularmente atractivas para ellos”.

Indexados o ETF pueden complementar las inversiones a largo plazo

Otro aspecto es su tratamiento fiscal, ya que mientras que los fondos de inversión indexados son traspasables y no tributan hasta la desinversión, los ETF o fondos cotizados cuentan con un tratamiento tributario asimilado al de las operaciones en Bolsa.

“Es importante su consideración fiscal ya que en algunos casos no es eficiente y por tanto hay que estudiar para cada caso la mejor forma de aplicarla. Pero cabe decir que su ventaja demostrada es la de abaratar costes al tener comisiones más bajas, el de ofrecer mayores rentabilidades y de complemento con otras inversiones más tácticas”, describe José María Ferrer Campo, director de Renta 4 Banca Privada y responsable de Renta 4 Wealth.

No obstante, “mi recomendación sería que la gestión pasiva se rote lo menos posible para que la ventaja de costes que tiene no se vea truncada por los costes de intermediación”.

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