Los dividendos como mecanismo de rentabilidad más segura

El año 2022 ha arrancado con modificaciones significativas en los fundamentales de la economía que afectarán inevitablemente a la inversión. La irrupción súbita de elevadas tasas de inflación en el mundo en los últimos meses forzará un giro intenso de las políticas monetarias, con la retirada de los generosos estímulos cuantitativos de los últimos años y subidas de los costes de financiación, que necesariamente afectarán a la marcha de la economía y a los negocios de las empresas cotizadas. Hay, de hecho, pocos analistas que se atrevan a aventurar crecimiento de dos dígitos en el avance de las cotizaciones de la renta variable, y recomiendan, en la medida de lo posible, rotar las carteras para buscar el abrigo en las actividades que mejor puedan defenderse de la embestida de la inflación. Ante este panorama, las empresas con demostrada sostenibilidad de sus beneficios y pagos regulares de dividendos se convierten en una especie de seguro de rentabilidad, que podría disponer de un prima adicional de revalorización en función de la marcha de los negocios.

En el caso de la Bolsa española, una de las más generosas en los pagos de las empresas a sus socios, la posibilidad cierta de que los bancos eleven las cuantías de sus cupones la convierten en una de las elecciones preferidas. Además, la estimación a nivel global es que los beneficios destinados al pago de dividendos crezcan cerca de un 6% de la mano de las empresas cíclicas, que recuperarán toda la potencia de sus cuentas de resultados si la recuperación económica se consolida, y con ella, los números negros de las empresas.

En todo caso, gana presencia en el mercado español una práctica muy extendida en EE UU para remunerar a los accionistas, cual es la recompra de acciones propias por parte de las empresas, para amortizarlas después. Esta fórmula, que ya han puesto en práctica más de una docena de cotizadas y que podría alcanzar este año los 4.000 millones de euros, tiene el favor de los grandes fondos accionistas, entre otras cuestiones, porque no hay que someter esta remuneración pasiva al filtro fiscal de los dividendos directos. Pero hay que recordar también que en muchos casos la recompra de acciones únicamente se práctica para neutralizar el efecto dilutivo de los pagos realizados con el incremento del número de acciones, el scrip dividend popularizado desde la crisis financiera por banca, telecos, eléctricas o empresas de infraestructuras para evitar la salida de efectivo de la caja.

De una forma u otra, el dividendo de empresas con intachable regularidad en los pagos será este año una especie de seguro de rentabilidad, con retornos atractivos frente a los bonos y a las dudas sobre la revalorización de las acciones.