Planes de pensiones: debilitar el ahorro individual sin reforzar el empresarial

En vez de aplicar un cambio estructural sobre la fiscalidad, se ha decidido ‘cortar por lo sano’

Los Presupuestos Generales del Estado para 2022 han supuesto un cambio enorme en la fiscalidad de los planes de pensiones, pues se sigue disminuyendo el límite anual de las aportaciones personales. En este caso de los 2.000 euros hasta los 1.500 euros, con lo que se mantiene la tendencia tras la reducción que hubo al inicio de 2021, de 8.000 a 2.000 euros. Por otro lado, los presupuestos amplían la barrera de los planes de empresas de 8.000 a 8.500 euros. La gran novedad viene de que estas estarán formadas por la suma de una aportación de la compañía y del empleado, con la condición de que las organizaciones aporten una cantidad igual o superior al trabajador.

Esta reducción de las aportaciones personales persigue principalmente acabar con las ventajas fiscales que tienen los planes de pensiones individuales, sobre todo, en las rentas más altas. Ello se debe a que, al diferir la tributación al momento de la jubilación, cuando los ingresos son menores y, por lo tanto, el tipo marginal a tributar también, las rentas más altas consiguen un mayor beneficio fiscal. Es decir, supongamos que dos personas invierten en un plan de pensiones 2.000 euros, pero una tiene unos ingresos de 100.000 euros y otra de 40.000 euros. En este caso, la ventaja fiscal que obtendrá el primero al diferir la tributación es mayor que la que obtendría la segunda persona, cuando el esfuerzo de ahorro que tiene que hacer esta última es mayor.

Si realizamos una comparativa entre esfuerzo de ahorro y ventaja fiscal por diferimiento, se puede establecer que salen más beneficiadas las rentas más altas y, por lo tanto, podría tener sentido tomar medidas para ajustar estas situaciones. Sin embargo, en vez de realizar una reforma estructural sobre la fiscalidad de los productos de ahorro finalistas, se ha decidido cortar por lo sano y reducir el límite de aportaciones.

Todo esto ocurre en un contexto en el que cada vez es más evidente que el primer pilar de la previsión, la Seguridad Social, es insuficiente, por lo que es necesario reformar y reforzar el resto. Así, esta reforma no termina de fortalecer las aportaciones de la empresa (segundo pilar), ya que a día de hoy la implantación de planes de empleo y la posibilidad de ahorrar a través de estos vehículos se centra básicamente en las grandes firmas, ya que el acceso es difícil para las pymes. Al tiempo, debilita enormemente el tercer y último pilar: la previsión individual, ya que el ahorro en este es cada vez menor. En definitiva, nos encontramos con una reforma que debilita uno de los apoyos de la previsión sin reforzar los otros dos. En este entorno, se crea una incertidumbre entre los ciudadanos, que ven modificaciones cada año que añaden complejidad a la normativa fiscal sumando cada vez más supuestos y condicionantes.

En efecto, se está avanzando en proyectos como el fondo de pensiones público, entre cuyos objetivos se encuentra la implantación de planes de empleo en pymes, y se está dando mayores incentivos a las aportaciones voluntarias a esos planes de empleo. Pero hasta que su implantación y funcionamiento sean plenos, se limitan severamente las herramientas de ahorro finalista. Esto significa que tendremos unos años perdidos en el entorno de la previsión social, en un momento en el que el tiempo es clave.

En definitiva, estas medidas se introducen porque no se ha sabido encontrar soluciones a un problema fiscal: en vez de reducir el límite de las aportaciones, se debería haber afrontado un rediseño de la tributación de los planes de pensiones y demás instrumentos de ahorro para la jubilación.

En este contexto, habrá que esperar a ver cómo se implanta el fondo de pensiones público que está desarrollando el Ministerio de Seguridad Social y sus condiciones. Este instrumento tendrá entre sus objetivos facilitar el acceso a todas esas pymes a la implantación de planes de pensiones de empleo. Si tenemos en cuenta el contexto actual, no cabe duda de que el segundo pilar de la previsión (los planes de empresa) cada vez tendrá mayor peso, siguiendo la línea de países como Países Bajos o Reino Unido.

Ana Matarranz es directora general de Human Capital & Benefits en Howden Iberia