Invirtiendo en tiempos de incertidumbre: fondos multiactivo

La renta fija o la variable son piezas del puzle que es una cartera, pero

este tipo de fondos tienen la ventaja de ser una cartera en sí mismos

La nueva variante del virus Covid-19, ómicron, recientemente descubierta en Sudáfrica y de la que aún sabemos muy poco, ha causado no una, sino dos reacciones reseñables en los mercados. Estas nos ofrecen una oportunidad que hasta ahora no ha salido excesivamente cara, de conocernos como inversores y centrarnos en aquello que podemos controlar.

La primera y más obvia ha sido la fuerte caída de las Bolsas en la jornada del pasado viernes. Esta corrección puso de manifiesto el hecho de que es pronto para dar la pandemia completamente por finalizada. Los retrocesos fueron especialmente virulentos en Europa, donde las restricciones aplicadas podrían llegar a ser mayores, pero a los norteamericanos también se les complicó la digestión del pavo de Acción de Gracias. Las caídas bursátiles fueron abruptas, pero es pronto para saber si son consecuencia de la nueva mutación del virus o esta fue simplemente la excusa para una toma de beneficios en un mercado que había corrido mucho y estaba instalado en la complacencia.

La segunda reacción, aún más llamativa por inusual, aunque igual o más razonable que la anterior, ha sido la reacción de analistas y estrategas de diferentes bancos de inversión y grandes casas de análisis. El número de analistas financieros reconvertidos en expertos virólogos en los últimos años no ha parado de crecer, pero esta vez, por fin, parece que hay consenso en admitir no saber nada sobre esta nueva variante del virus. El resultado por tanto es de una mayor incertidumbre. Y lo que sí sabemos es que las Bolsas odian la incertidumbre.

Desconocemos la capacidad de transmisión de ómicron, su severidad y la posible respuesta inmune, aunque comenzamos a tener algunos datos que señalan en la dirección más razonable: las mutaciones de virus son cada vez más contagiosas y menos severas, y la correlación entre contagios y hospitalizaciones es más baja que en variantes anteriores.

Se trata de un ejemplo no poco frecuente, pero sí muy útil, de entorno de incertidumbre y es en momentos así cuando una adecuada gestión o asesoramiento toman especial relevancia. Recomiendo centrar los esfuerzos en robustecer el proceso de construcción de carteras y no en tratar de acertar la dirección de los mercados. Todos los inversores nos equivocamos con cierta frecuencia y la diferencia entre los que son exitosos y los que no lo son, no es cuánto aciertan, sino qué pasa cuando aciertan y cuando fallan.

Toda cartera lleva implícita una opinión sobre los mercados en su construcción y no es posible ganar dinero en un escenario y en el contrario, pero el objetivo debe ser alcanzar rentabilidades muy positivas cuando acertamos, asegurándonos de no hacer un daño irreparable cuando no lo hacemos. Aquí entra en juego el concepto de la diversificación.

Si una cartera de inversión fuera un equipo de fútbol, deberíamos salir a ganar 2-1 cada partido y si logramos hacerlo dos de cada tres encuentros, la liga será nuestra casi con certeza absoluta. Admitimos que es probable que encajemos algún gol, pero huimos del objetivo del 5-0, que se demuestra imposible en el momento que encajas un gol en el minuto 3 del primer tiempo. En la gestión de patrimonios, queremos asegurarnos por encima de todas las cosas, de que vamos a seguir jugando el partido hasta el pitido final.

Con lo anterior en mente, hay algunas categorías de fondos de inversión que sirven para construir una cartera diversificada, pero hay otras que son una cartera por sí misma. La renta fija o la renta variable son piezas del puzle que es una cartera, pero los fondos multiactivo flexibles son una cartera en sí mismos.

A través de ese tipo de fondos, con muy pocas líneas (o incluso una sola) podemos tener una cartera bien diversificada para navegar en estos entornos de incertidumbre. Recomiendo más de una, para además diversificar el riesgo gestor y no tener solo una opinión, sino varias opiniones de mercado.

Se trata de una categoría de fondos muy heterogénea en la que los objetivos y los caminos que se cogen para alcanzarlos hace compleja la comparativa entre fondos. A eso añadimos el celo de muchos gestores y asesores, que en lugar de diversificar las decisiones de la distribución de activos (asset allocation), se sienten muy incómodos al delegar parte del riesgo, olvidándose con frecuencia de cubrirse de sus propios errores.

Cuando buscamos este tipo de fondos, nosotros valoramos especialmente la experiencia e independencia. Queremos invertir de la mano de gestores que hayan pasado diferentes crisis de forma exitosa y entender su reacción en cada una de ellas, pero también asegurarnos de que están en el entorno adecuado para tomar decisiones que a veces tardan algún tiempo en pagar y están más orientadas a la buena gestión del fondo que a la buena gestión de su negocio.

Lo anterior nos sesga a boutiques como Ruffer, Troy, Olea o Flossbach Von Storch, pero también hay grandes gestoras con productos excelentes en esa categoría, entre las que destacamos algunas como Carmignac o Pimco. Cada una con sus sesgos y sus particularidades, por lo que es recomendable utilizar el análisis de expertos para la toma de decisiones, yendo más allá de la selección con el espejo retrovisor.

Diego Fernández Elices es Director general de inversiones de A&G Banca Privada