Brókeres online: cantos de sirena

Ante la supervisión de la CNMV, iniciada en junio, siete de estos intermediarios han clausurado su operativa en España

Qué lleva a una funcionaria a punto de jubilarse a invertir los 100.000 euros de sus ahorros a través de un bróker online y vivir ahora de la ayuda económica de su hermana? ¿Qué motiva a un emprendedor a perder su empresa y su vivienda por malas decisiones de inversión a través de un bróker online? ¿Cómo explicar a tus hijos que se quedarán sin herencia por unas decisiones financieras desacertadas?

Los casos son tan numerosos como dispares, atendiendo al origen, nivel económico, edad o nivel formativo. De clase alta o con dificultades para llegar a fin de mes, con bajo nivel educativo o licenciados, entre los 26 y los 65 años, hombre o mujer… Los cantos de sirena de los brókeres online están cada vez más presentes y con resultados peligrosos para gran parte de quienes atienden a su llamada. Sean de donde sean, vengan de donde vengan, les une un destino muy similar: una pérdida media del 80% de lo invertido.

Hace tan solo unos días conocimos que la CNMV había puesto el foco sobre los más de 200 intermediarios online que utilizan de base Chipre como puerta de entrada para trabajar en toda la Unión Europea. Y la decisión de ubicarse en Chipre no es, lógicamente, aleatoria. En la isla mediterránea, este tipo de intermediarios financieros online encuentran una supervisión más laxa que les permite funcionar sin mayores problemas en cualquier otro país europeo. Sin embargo, ante la supervisión de la CNMV española iniciada en junio, siete de ellos han puesto ya fin a su operativa en España, lo que apunta a que su forma de trabajar dejaba, al menos, mucho que desear.

Y ahí está el problema, en la falta de rigurosidad a la hora de realizar el perfilado de los inversores, en la prohibición de proporcionar asesoramiento que no siempre se cumple y la imposibilidad de financiar las inversiones para evitar que los clientes acaben en una espiral de deudas que termine por desbaratar los ahorros de toda una vida.

Por supuesto, no todos los brókeres online que operan en nuestro país entrarían en el saco de esta falta de rigor en su funcionamiento, y por esto precisamente se hace más necesario que los buenos cumplidores sean los principales implicados en destapar esta situación tan dramática para parte de la sociedad.

Y nada que decir sobre las plataformas de inversión con sede en los habituales paraísos fiscales: si los brókeres regulados presentan dudas sobre sus procedimientos, pueden imaginarse lo que ocurrirá en plataformas sin control ni supervisión alguna.

Lo cierto es que hoy desde una multiplicidad de canales nos bombardean a diario anuncios disfrazados de noticias en la que se destaca que un fulano se ha hecho rico invirtiendo como los grandes financieros, o que un mengano ha conseguido amasar una fortuna invirtiendo de la forma más fácil que pueda imaginarse. Atendiendo a estas fantasiosas llamadas, pudiera parecer que quien no aproveche la oportunidad para ganar dinero corre el riesgo de ser el único ignorante del vecindario. Poco menos que si no eres rico es porque no quieres.

Y si a este escaparate de falsas promesas se le une una situación de bajos tipos de interés alargada en el tiempo, ya tenemos el cóctel perfecto. Solo así puede entenderse que un ciudadano acostumbrado al depósito bien remunerado o a la inversión en ladrillo realice ahora el salto sin red y apueste todo a la ruleta.

El dinero fácil prometido se convierte de este modo en un drama familiar que no solo tiene consecuencias económicas, sino que, además, tiene consecuencias sociales relacionadas con el oscurantismo y el silencio que mantienen los afectados, reprimidos por una vergüenza que les lleva a asumir toda la culpa y evitar ser señalados como el incauto en el timo de la estampita. Y como ocurre habitualmente, el ostracismo y la oscuridad es el ámbito más adecuado para el desarrollo de este tipo de operativas fraudulentas de modo que, cuando suele ponerse el foco en el problema, ya es demasiado tarde para un centenar de afectados cuyas vidas han quedado desestabilizadas. Baste recordar, como ejemplos más sonados, lo ocurrido con Fórum Filatélico o Afinsa.

La necesidad de este tipo de estructuras de cobijarse en la oscuridad ha permitido que, hasta el momento, el problema que suponen los brókeres online para muchas personas está todavía lejos de los focos. De ahí la falta de datos que nos permita identificar la verdadera dimensión de este tipo de inversiones fraudulentas y un análisis más exhaustivo y que obligue a una vigilancia más consciente por parte de los reguladores. Faltan datos oficiales y resulta complicado, por tanto, una recopilación que permita dimensionar en su justa medida al problema. Algunos estudios preliminares hablan de que cada inversor en este tipo de plataformas arriesga una media de 27.000 euros, de los que, como ya hemos dicho, el 80% suele perderse.

Esto no significa, necesariamente, que todo el que invierte tenga una suma importante para invertir. Al contrario, en gran número de casos nos encontramos a personas que empiezan invirtiendo pequeñas sumas y que, animados por las facilidades de financiación que reciben, deciden seguir probando alentados por los buenos resultados que suelen obtenerse en el principio. El problema viene después, cuando comienzan las pérdidas y el cliente ve esfumarse no solo todo lo ganado, también se volatilizan sus ahorros y todo el dinero prestado. Eso sí, la deuda contraída sigue presente y lo que parecía una jugada maestra pasa a convertirse en una pesadilla inasumible.

Los ahorros de toda una vida de trabajo, la empresa, la vivienda o la herencia de nuestros hijos bien merecen una reflexión profunda antes de ponerlas en riesgo. O, al menos, recordar aquello que decía la sabiduría popular de que nadie da duros a pesetas y que dejarse llevar por los cantos de sirena pueden llevarnos a un desastroso naufragio.

Felipe Martín López es Socio director de Trader & Justicia