El axioma rentabilidad-riesgo en la escala de prioridades

La estructura de fondo de fondos del ‘private equity’ enfocado en el sector mediano/pequeño es especialmente interesante y de gran valor añadido

En el sector servicios, y en especial en el mundo de la inversión, el cliente suele buscar maximizar su rentabilidad pagando las menores comisiones posibles por el camino. El inversor debe tener una escala de prioridades a la hora de analizar un producto de inversión por la cual guiarse. La rentabilidad objetivo del producto vs. el riesgo que se asume debe ser una de las principales. Muchas veces hemos visto cómo las comisiones centran el tema de conversación a la hora de elegir uno u otro producto. En igualdad de TIR vs. riesgo asumido, las comisiones pueden ser un elemento diferenciador. Pero en productos con TIR y riesgos asumidos distintos, las comisiones deben de tener un papel secundario por dos motivos: las comisiones son justificadas por la aportación de valor del equipo gestor, y estos no son comparables según el tipo de producto subyacente; en segundo lugar, si conseguimos una mayor TIR neta final asumiendo un menor riesgo, bienvenidos sean dichos gastos. No perdamos de vista el objetivo final y la escala de prioridades.

Los fondos de fondos son percibidos en ocasiones por el inversor institucional o profesional como una estructura de doble capa de comisiones con poco valor añadido. En ciertos casos es cierto, ya que muchos de ellos no ofrecen un valor añadido tangible en términos de agregación de tique, labor del gestor, acceso, análisis, diversificación, etc. Suele ocurrir en fondos de fondos de renta variable, útiles para algunos inversores minoristas, pero no para un institucional. Dicho esto, la estructura de fondo de fondos en productos de private equity es especialmente interesante y de gran valor añadido y en especial del private equity enfocado en el sector mediano/pequeño, y ahora veremos por qué.

Un fondo de private equity medio, a diferencia de un fondo de renta variable, suele tener pocas posiciones, de entre 8 a 12 compañías. Esto es debido a que el gestor del fondo de private equity es un gestor activo, donde se implica en la creación de valor y en el día a día de la compañía invertida. La diversificación de un inversor viene dada por el subyacente invertido, no por la estructura. De ahí que con un solo fondo de inversión global de renta variable con cerca de cien posiciones un inversor consiga una diversificación adecuada, pero no así con un fondo de private equity. La estructura de fondo de fondos en private equity lo que consigue es diversificar en un número amplio de compañías, con varios equipos gestores, operando en varias geografías y sectores de mercado.

Dicha diversificación no es asequible ni fácil de conseguir para un inversor medio por varios motivos. En primer lugar, el tique mínimo de inversión en muchos de los fondos está por encima del millón de euros, actuando así el fondo de fondos como agregador de tique. En segundo lugar, la selección y el acceso a dichos fondos requiere de un equipo especializado, con experiencia, que sepa analizar los activos subyacentes del fondo en cuestión, como si de inversión directa se tratara. Esto cobra mayor relevancia en los fondos de fondos pequeños, centrados en el low-mid market.

Podríamos clasificar los fondos de private equity de growth y buyout en tres categorías en función de su tamaño: los grandes, los medianos y los pequeños. Como decía, la selección y el análisis cobra más importancia en los fondos pequeños, ya que el número de fondos pequeños operando solo en Europa es casi 100 veces mayor que los fondos grandes. De tal forma que, en un universo mucho mayor, donde el selector elige digamos 10 entre 800 disponibles, el valor añadido de la selección es mucho mayor que el selector que elige 10 entre 15 disponibles. Para una selección adecuada hace falta no solo un equipo con conocimientos de inversión directa, ya que el análisis fundamental se basa en el detalle de las compañías en cartera actuales y pasadas, sino dedicado completamente a dicha labor. Un equipo especializado y con la experiencia adecuada será más exitoso y logrará mayores rendimientos en ese nicho de mercado que un equipo mixto dedicado a invertir en diferentes tipos de activos a la vez (renta fija, renta variable, inmobiliario, etc.), donde abarcan mucho, pero se profundiza menos. La identificación de dichos fondos no solo requiere un análisis pormenorizado y una metodología, sino de un equipo que conozca el mercado y sea a su vez conocido por el mercado. Los fondos de menor tamaño suelen tener periodos de fundraising cortos y con poca publicidad. Por lo que un conocimiento de las gestoras y de los agentes en la industria es clave.

Profundizando en la labor del gestor y su valor añadido al inversor final, podríamos verla en dos vertientes: una primera vertiente donde el gestor dedica tiempo a recorrer distintas geografías en la búsqueda de los mejores fondos pequeños de private equity y estableciendo con ellos y los agentes que los representan una relación estrecha y de confianza, asegurando así no solo el acceso, sino un posicionamiento preferencial a la hora de acceder a dichos fondos, los cuales muchos están sobresuscritos. Una segunda vertiente sería el propio análisis de las oportunidades, donde la experiencia y el empleo de una metodología determinada y depurada con el paso de los años ofrece una objetividad y una excelencia a la hora de la toma de decisiones. El fondo de fondos excelente no debe aspirar a invertir en fondos buenos, eso lo pueden hacer muchas casas de inversión, sino que debe aspirar a invertir en los mejores fondos, los fondos top-cuartil, y eso solo se consigue con un conocimiento y análisis profundo de todos los fondos operando en el low-mid market en las geografías objetivo.

Para identificar los mejores fondos, el gestor debe en primer lugar tener acceso a la información de los fondos en el mercado, información opaca y no pública. Una vez se tenga dicho acceso, la cantidad de datos e información disponible es tan detallada que hace falta una metodología de análisis muy concreta para poder sacar las conclusiones oportunas. Dicha metodología no solo debe basarse en criterios evidentes como el track record, fortaleza y experiencia del equipo, estrategia, estructura, etc., sino en una metodología que aplique técnicas de análisis basadas en el big data y en estudios estadísticos concretos de correlaciones y regresiones estadísticas para determinar cuáles de dichas categorías y KPI tienen mayor relevancia y, por ende, mayor peso a la hora de asignar una u otra calificación al fondo subyacente en estudio.

El inversor debe considerar el axioma rentabilidad-riesgo como una prioridad principal a la hora de invertir y el valor añadido que le aporta una u otra estructura de comisiones. En el mercado de private equity del low-mid market, un equipo de fondo de fondos ofrece un valor añadido fundamental. Como decía Tomás de Aquino, “la prueba del artista no reposa sobre la avidez con la que va a trabajar, sino en la excelencia del trabajo que produce”.

Álvaro González Ruiz-Jarabo es Socio responsable de ‘private equity’ en Gesconsult