Tendencias

Fórmulas para invertir al calor de fusiones y opas

Fondos especializados y vehículos de ‘private equity’ son las vías para exprimir el potencial de las operaciones corporativas

Fórmulas para invertir al calor de fusiones y opas
GettyImages

La opa lanzada por KKR sobre Telecom Italia ha vuelto a poner esta semana negro sobre blanco la capacidad del capital riesgo de romper el statu quo de los sectores empresariales más estratégicos, como es el caso de las telecomunicaciones, y de poner en guardia a gobernantes e inversores del conjunto de la zona euro.

La dureza de la crisis económica desatada por la pandemia está agravando las diferencias entre las compañías que saldrán reforzadas y aquellas que han ahondado en sus debilidades. Y el poderoso capital riesgo está al acecho de las oportunidades de compra que puedan surgir. No solo en el mercado privado, entre empresas no cotizadas que ya no sean capaces de sobrevivir por sí solas, sino en el mercado bursátil donde, a pesar del fuerte rally acumulado, hay valores que cotizan sin remedio con un fuerte descuento.

La oferta de KKR por Telecom Italia ha sacudido la cotización de la operadora italiana y agitado al conjunto del sector europeo de las telecomunicaciones. Y ha puesto el foco de nuevo en el potencial que encierran las compañías con posibilidades de verse envueltas en operaciones corporativas.

Empresas de telecomunicaciones y banca son de hecho los sectores en los que los tambores de fusión suenan con más insistencia, fruto de una larga pérdida de rentabilidad y de una dura competencia. Aunque los movimientos de fusiones y adquisiciones atraviesan al conjunto de sectores empresariales, en una tendencia acentuada por la crisis y por la elevada liquidez de la que disfrutan los grandes fondos de capital riesgo, los nuevos protagonistas de los movimientos corporativos y actores clave en el diseño del nuevo mapa empresarial pospandemia.

El capital riesgo se está convirtiendo en un actor de peso en la Bolsa y su poderosa liquidez apunta ya a sectores estratégicos

En un mercado bursátil al alza desde la pasada crisis, que debe adaptarse a un horizonte de retirada de estímulos monetarios y en el que se ha alcanzado el pico en el crecimiento económico y de resultados empresariales posterior al bache de la pandemia, los movimientos corporativos ofrecen una oportunidad añadida de rentabilidad. Aunque no exenta de riesgos y sujeta a que surja la oferta de compra deseada.

Algunos gestores optan precisamente por los movimientos corporativos como estrategia de inversión, a través de los denominados fondos de situaciones especiales. Se trata de una filosofía de inversión que busca exprimir el potencial que encierran situaciones como una posible oferta de compra o también una reestructuración de balance o un cambio en el equipo directivo. La gestora BlackRock cuenta con un fondo de este tipo, el BSF Global Event Driven, que ha obtenido una rentabilidad del 19,5% en el último año y del 3,7% anual en el último lustro.

Según explica Marta Díaz-Bajo, directora de soluciones de inversión de Atl Capital, los fondos de situaciones especiales “podrían ser recomendables en algunos casos aunque hay que ser cuidadosos a la hora de seleccionarlos. Hay mucha dispersión en las rentabilidades que ofrecen”. Así, en una gama de apenas 40 fondos de inversión de este tipo, las rentabilidades de este año van del 95% del más rentable, el Pender Special Situations, al -35% del Polo Special Situation.

Más allá de la oportunidad que pueden suponer estos fondos, que a menudo apuestan por mercados más desconocidos para el inversor español como el canadiense o el asiático, hay una tendencia creciente a aproximar los métodos de inversión del capital riesgo al inversor particular. En definitiva, de acercar al cliente minorista a un mundo en el que las inversiones pueden ser más rentables en el medio y largo plazo, a cambio de sacrificar liquidez, y en el que aspirar a mayores rendimientos en el entorno actual de tipos de interés cero. Todo bajo la premisa de adquirir activos y empresas no cotizadas con margen de revalorización.

Los fondos de ‘special situations’ dan resultados dispares: ganan hasta el 95% o llegan a perder el 35%

Incluso la regulación se está poniendo a favor de esta tendencia: el Gobierno español prevé dar acceso a los fondos alternativos de capital riesgo al inversor minorista y rebajará de 100.000 a 10.000 euros el umbral mínimo de inversión, según el anteproyecto de ley de creación y crecimiento de empresas que modifica la Ley de Entidades de Capital Riesgo de 2014. Y esta misma semana, la Comisión Europea anunció una batería de medidas para avanzar en la unión del mercado de capitales que también contempla esa rebaja a un mínimo de 10.000 euros para la inversión alternativa.

El acceso del cliente a las inversiones propias del capital riesgo ya se oferta hace tiempo al cliente de banca privada. Según explica Eduardo Martín, director de productos de Andbank España, la entidad ha lanzado fondos que invierten en plantas fotovoltaicas con un objetivo de rentabilidad, no garantizada, del 12% anual. Y tiene uno en marcha de inversión en promociones inmobiliarias que buscan un retorno de entre el 12% y el 14%. “Hay que asumir un periodo de iliquidez de unos siete años y no todos los inversores pueden aguantarlo”, señala.

La influencia del capital riesgo se palpa también en su presencia cada vez mayor en las empresas cotizadas. Goldman ­Sachs señala en un informe que el 52% del volumen alcanzado por las operaciones corporativas registradas en Europa corresponde a empresas cotizadas. Con datos de Bloomberg del primer semestre, hubo 58 operaciones de fusiones y adquisiciones en el mercado abierto, la mayor cuantía en un primer semestre desde 2007. Y en su mayoría estuvieron concentradas en empresas de tamaño pequeño y mediano.

El banco estadounidense considera las operaciones corporativas como una fuente de potencial en Bolsa y tiene una lista de valores recomendados, susceptibles de verse envueltos alguna fusión o compra. Entre ellos destacan Worldline, una multinacional francesa de transacciones y pagos; Atlas Copco, del sector industrial y de bienes de capital, a la que ve con margen de realizar adquisiciones, y a Halma y Legrand, con elevadas posiciones de caja. La banca es otro de los sectores inevitables a la hora de contemplar posibles operaciones y Goldman Sachs apunta como posibles protagonistas a UniCredit, ABN Amro y al portugués BCP. En su lista de valores protagonistas de operaciones corporativas, con al menos un 15% de probabilidades de una adquisición, también figuran acciones sobre las que ha iniciado recientemente la cobertura, como Deliveroo y Synlab, un proveedor alemán de diagnósticos médicos.

Tecnología, banca, salud o educación son los sectores foco de las adquisiciones

Los grandes inversores, ya sea en la Bolsa o en el mercado privado de empresas no cotizadas, dirigen su interés preferiblemente a determinados sectores. “El sector tecnológico es interesante en el largo plazo, al igual que la salud o la educación”, explica Ricardo Miró-Quesada, socio de private equity de Arcano. El experto señala que pese a las fuertes subidas bursátiles del presente ciclo, hay compañías con fuerte descuento. “En las empresas cotizadas hay más cortoplacismo. Pueden estar mejor en manos privadas, sin la presión de las presentaciones de resultados. Para una empresa de pequeña capitalización bursátil puede incluso tener más sentido, a menudo son menos eficientes”, añade.

La actividad corporativa ha sido efervescente este año y se prevé un 2022 también intenso. Para José Antonio Zarzalejos, socio de finanzas corporativas y fusiones y adquisiciones de KPMG en España, “las perspectivas siguen siendo positivas para 2022, al menos para la primera mitad del año. No obstante, tanto la tensión inflacionista como las disrupciones en las cadenas de suministro ya están afectando a la economía real y veremos un mayor impacto en las cifras de las compañías a medida que avance el primer semestre del año que viene”. Es más, el experto no espera una aceleración en la actividad frente a lo visto hasta ahora. “Al contrario, con los nuevos brotes del virus y la vuelta al confinamiento en ciertos países de nuestro entorno, nos enfrentamos a un riesgo de ralentización en el corto plazo más que evidente”.

Las medidas proteccionistas, con los blindajes de empresas estratégicas frente a ofertas extranjeras, son otra variante a tener en cuenta. Para Zarzalejos, “será una tónica habitual en los mercados durante los próximos años en la medida en que surjan grandes inversores con capacidad de irrumpir en industrias clave”.

Normas
Entra en El País para participar