Jens Peers: “La inversión sostenible va con retraso en EE UU por culpa de Trump”

La gestora administra 25.000 millones con la máxima calificación en términos de perspectiva social y medioambiental

Jans Peers, jefe de Natixis USA.
Jans Peers, jefe de Natixis USA.

Cuando nació Mirova en 2012, como firma independiente del grupo Natixis, eran la rara avis del mundo de la gestión de activos. Una gestora dedicada en exclusiva a las inversiones sostenibles. Lo nunca visto. Ahora que el componente medioambiental, social y de buen gobierno ha cobrado claro protagonismo, Jens Peers (Kortrijk, Bélgica, 1973), consejero delegado de Mirova en Estados Unidos, observa con escepticismo la llegada en tromba de nuevos jugadores.

¿A qué achaca el auge de la inversión sostenible?

Es la temática que más dinero atrae en los últimos meses, especialmente en Europa, pero la tendencia se está extendiendo por todo el mundo. Ahora parece que todos los gestores de fondos son especialistas en esta temática, lo que crea el riesgo hacer pasar como inversión verde lo que no es.

¿Este es el gran desafío de la industria?

Sí. Ha habido algunas grandes gestoras acusadas de tratar este asunto solo como puro marketing, sin que realmente tenga un impacto en sus carteras. Para el pequeño inversor no es fácil saber cuáles de los nuevos fondos verdes son realmente sostenibles.

¿Por qué Europa lidera este movimiento?

Por la regulación. Aquí las gestoras prácticamente no tienen la opción de elegir. Todas tienen que integrar la inversión sostenible de alguna forma. Si no, siempre habrá competidores que están teniendo los mismos retornos, pero con perspectiva sostenible. Aquí los inversores tienen claro que pueden invertir en este tipo de estrategias sin sacrificar rentabilidad, algo que no tienen tan claro en otras regiones.

¿Qué puede aportar Mirova?

Cuando se creó Mirova en 2012 teníamos 3.500 millones de euros bajo gestión. Ahora tenemos 25.000 millones de euros, todos con la máxima calificación de sostenibilidad. Somos una de las firmas más veteranas en la inversión socialmente responsable. El fondo de Bolsa mundial que gestiono tiene unos 9.000 millones de euros.

Ha logrado un 26% de retorno medio anual desde 2019...

El mercado ha ayudado mucho, pero hemos logrado batir a los índices de referencia manteniendo el objetivo de que sea un fondo con un perfil sostenible. Es un fondo muy concentrado, que se fija en las principales tendencias que van a marcar la evolución de la sociedad. Demografía, tecnología y digitalización, transición energética y nueva gobernanza.

¿Es mejor invertir en una pe­trolera que está intentando mejorar o en una empresa de renovables?

Creo que hay que ser realistas. Una vieja compañía petrolera ¿va a ser capaz de reconvertirse a tiempo para la transición energética? ¿Va a afectar a su cotización? Aramco, por ejemplo, el mayor productor de petróleo del mundo, ha anunciado que quiere utilizar energía eólica y solar para el bombeo de crudo. No digo que esté mal, pero esto es solo una mínima parte de las emisiones que produce su actividad. Creo que al final lo más importante es el compromiso como accionistas. Hacer valer nuestra voz y nuestro voto para promover cambios.

Entonces, ¿descartan de principio estas petroleras?

No, pero al final son compañías que tienen tantos activos en este sector que es muy difícil que se puedan desprender de ellos y hagan una transición ordenada. Ha habido algún caso, como la danesa Orsted, que era una petrolera y ahora es el mayor productor mundial de energía eólica en alta mar. En general, es improbable que tengamos una petrolera en los fondos.

Alguna de estas empresas se venden como muy sostenibles...

Hay muchas formas de definir qué es una inversión sostenible. Por un lado, está el impacto directo que tienen. Pero también el proceso de producción, la energía que utilizan. Además, hay muchos índices que dan una calificación dentro de un sector. Puede que seas la mejor compañía de tu industria, pero eso no quiere decir que seas una firma sostenible. Nosotros tenemos criterios más exigentes. Es importante entender la metodología que hay detrás de cada índice de sostenibilidad. A nosotros nos parece importante tener una metodología propia. Al final, la definición de la sostenibilidad no es una cuestión neutra.

EE UU se ha quedado algo rezagado en esta materia...

Sí, aunque ahora es la temática que más dinero atrae. Lo que ha habido es menos apoyo por parte de los inversores institucionales, debido a la falta de apoyo regulatorio. De hecho, la Agencia de Trabajo dijo expresamente que los aspectos de inversión sostenible no podrían ser tenidos en cuenta en los criterios de gestión de los planes de ahorro para la jubilación. Fue por la Administración Trump, que ha acabado retrasando la expansión de estos fondos sostenibles. De hecho, los partícipes de los fondos te podían hasta demandar si invertías parte del dinero en fondos verdes.

¿Qué le parecieron las conclusiones de la COP26?

Las expectativas de la cumbre eran bajas. Al final, está bien que hubiera unas mínimas conclusiones. Pero creo que tampoco se ha ido muy lejos con las metas establecidas. Además, China e India se han desmarcado de los principales objetivos. No es lo ideal, pero al menos es un paso en la dirección correcta, y con una importante implicación del sector privado, que ha tomado el liderazgo que deberían tener los Gobiernos.

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