Cómo evitar timos digitales con los NFT

Conseguir que sea un proceso más intuitivo es uno de los principales desafíos

La implicación de la tecnología plantea el debate sobre quién es y quién no un verdadero artista

Cómo evitar timos digitales con los NFT

Desde que la obra Todos los días: los primeros 5.000 días, del artista Beeple, alcanzó los 57 millones de euros en una subasta de Christie’s, el arte digital y los NFT han saltado a la esfera pública. Esto ha generado “una oportunidad como no se había visto jamás en el mundo del arte”, asegura el artista y profesor de Deusto Business School Francisco González Bree, durante la mesa redonda Blockchain y arte ¿digital?: retos y oportunidades, organizada por Alastria, pero también plantea muchas incógnitas aún sin resolver.

Uno de estos retos tiene que ver con la regulación: si la transmisión del NFT es solo la transferencia de la obra o también de los derechos de explotación de la misma. “En el mundo del arte, estos derechos de explotación deben pactarse expresamente, no se presuponen por adquirir una pieza”, recuerda el abogado de Cuatrecasas Pedro Méndez de Vigo. En este sentido, el experto llama a crear una regulación específica que se adapte a este mercado emergente. “La ley y el arte no solo son compatibles, sino que se necesitan el uno al otro”, resume. De hecho, las garantías que proporcionan los NFT y el blockchain en materia de originalidad, autoría y trazabilidad son lo que han permitido el auge de este modelo. “En un mundo en el que el copia y pega es la norma general, sobre todo en el mundo digital, esta tecnología permite una transmisión de derechos mucho más eficaz”, asegura el jurista.

Una obra de arte digital en 'Open Sea'.
Una obra de arte digital en 'Open Sea'.

Para González Bree, el principal problema es que es un proceso tecnológico muy complejo. Así, para llegar a colocar sus obras digitales en uno de los portales dedicados a ello, en su caso Open Sea, tuvo que abrirse una cuenta en Coinbase para cambiar sus euros a ethereum y, después, una cartera de criptodivisas a través de la plataforma Meta Mask. “Parecen lo mismo, pero no lo son y los portales de venta te van a exigir tener los dos”, relata el experto. Finalmente, se sube la obra y se realiza un proceso de tokenización que no es inmediato y cuesta alrededor de 100 euros.

Actualmente existe un cuello de botella porque hay mucha gente intentando publicar sus obras y las compañías no dan abasto a realizar la curación –en algunos casos la realizan expertos y, en otros, la propia comunidad–. Así surgen los timos. Es frecuente que a través de la aplicación de mensajería Discord haya personas que digan trabajar en una de las plataformas de venta de arte digital y se ofrezcan para acelerar el proceso a cambio de una suculenta cantidad de dinero, explica el profesor de Deusto Business School. “Mucha gente de la industria clásica del arte se va a quedar por el camino o va a necesitar acompañamiento, mientras que los programadores, los gamers... se manejan sin problema”, añade el experto, que ha fundado Paradima para asesorar sobre todo ello.

'Todos los días: los primeros 5.000 días', del artista Beeple.
'Todos los días: los primeros 5.000 días', del artista Beeple.

Esta barrera tecnológica plantea otro desafío: si es un mundo más cercano a las personas del ámbito tecnológico que del artístico, ¿dónde queda el arte? Esta pregunta no tiene una respuesta fácil, reconoce Diego Suárez Noriega, director de la galería ATM y socio de Paradima, pero no es nueva: “El arte contemporáneo siempre ha estado ligado a los últimos desafíos científicos y tecnológicos. Ha sido un foco de innovación y experimentación constante”. Un ejemplo fue la fotografía. En sus inicios era utilizada no solo por artistas, sino por personas con conocimientos técnicos. Al igual que, hoy en día, es utilizada por diferentes profesionales. “La tecnología es un soporte sobre el que se pueden adaptar diferentes lenguajes”, desarrolla. Pero solo el hecho de plantear esta pregunta ya indica que las bases del arte permanecerán inalterables independientemente de la técnica. “El arte siempre es pensamiento”, sentencia.

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