SPAC: valor y responsabilidad en la mesa del consejo de administración

El enorme crecimiento de las operaciones ya está provocando una casuística propia de riesgos asociados accionistas, reguladores y mercado

Mientras contemplamos atentos el debate que en nuestro país está generando la previsible llegada de las SPAC, vivimos en un mundo globalizado que nos permite seguir igualmente de cerca, y como si de nuestro futuro se tratase, una actividad frenética de múltiples SPAC en otros rincones del planeta. EE UU es sin duda la gran referencia a la que prestar atención, y ya nos invita a soñar con un futuro prometedor ante la reciente combinación de negocios entre la SPAC neoyorquina Kensington Capital Acquisition Corp. II y la española Wallbox que le ha permitido a la nueva matriz de esta última cotizar en la Bolsa de valores de Nueva York bajo el símbolo WBX desde hace unos días.

Las SPAC, patrocinadas por inversores y profesionales, son vehículos cotizados que tienen el propósito especial de llevar a cabo una fusión, compra de acciones o combinación de negocios, según lo anunciado al mercado, y para ello cuentan con su respectivo consejo de administración que asume plena responsabilidad de su gestión y buen gobierno. La salida a Bolsa de la SPAC para recaudar los fondos y la responsabilidad asociada al folleto registrado ante el regulador es, por tanto, solo el principio de una andadura que encuentra su momento clave al anunciar al mercado la empresa que se busca adquirir, describiendo la misma y los riesgos asociados a la operación (en EE UU el formulario S-4 de la SEC).

Es habitual escuchar cómo se califica a las SPAC de cheque en blanco y se las compara con el capital riesgo, pero con el aliciente de la liquidez de la Bolsa. Y es que administrar una SPAC es sin duda diferente a gestionar una empresa que opera de forma tradicional prestando servicios o produciendo bienes. En cualquier caso, existe un común denominador que nos permite acortar esa teórica distancia, pues una SPAC, al fin y al cabo, es una empresa que aspira a ser una empresa aún mayor y en la que sus consejeros tienen deberes y responsabilidades de acuerdo a la ley. Es por ello que las SPAC tienen muy presente, desde su formación, la necesidad de dotarse de un robusto gobierno corporativo a prueba de conflictos o litigios que cuestionen su buen hacer o el éxito en la inversión.

La responsabilidad de los administradores de empresa es hoy día un tema de gran actualidad y estas modalidades de inversión ponen sobre la mesa nuevos ángulos para el análisis de escenarios de responsabilidad ante el cada vez mayor escrutinio que vivimos sobre la labor de los profesionales, sean estos independientes o ejecutivos, que tienen la valentía de tomar asiento en un consejo de administración. De hecho, el enorme crecimiento de estas operaciones corporativas ya está provocando una casuística propia de riesgos asociados a accionistas, reguladores y el mercado en general desde la doble óptica de la SPAC y la De-SPAC.

Esencialmente, la creación de una SPAC implica su salida a Bolsa con los riesgos inherentes a la emisión de valores aunque algo diferidos pues el escrutinio sobre el folleto informativo se retoma a la vista del anuncio de la empresa target, lo que incrementa el riesgo de reclamaciones a administradores y directivos por parte de accionistas de la SPAC. Asimismo, la propia SEC ha expresado su preocupación en torno a la divulgación de proyecciones futuras al presentar la operación, lo que sin duda incrementa el riesgo de responsabilidad de los administradores cuando se alegan inexactitudes o ausencia de información al no verse cumplidas las expectativas generadas al mercado. También pueden surgir reclamaciones derivadas de incumplimientos contractuales asociados a la transacción o de confidencialidad sobre la misma, especialmente si la fusión se frustra por algún motivo. Finalmente, no son descartables litigios cuando no se lleva a cabo la combinación de negocios con una target, por ausencia de la misma o por dificultades para ejecutar la operación en tiempo y forma. En empresas cotizadas los administradores y directivos están sujetos a una mayor exigencia, no solo por parte de accionistas sino igualmente por parte del regulador.

El riesgo de responsabilidad que asumen a título personal los administradores de empresa en el día a día de su gestión pone de manifiesto la enorme desproporción que existe entre el alcance de su patrimonio personal y el de la empresa que gestionan. Una pérdida económica de la empresa o una caída de su valor de la que se responsabiliza al consejo de administración no será difícil que ponga en cuestión la eventual capacidad de afrontarla por sus miembros. Es por ello una preocupación principal en los consejos de administración que la empresa se dote de los necesarios mecanismos para la captación y retención del mejor talento, incluyendo la mitigación de la exposición a este riesgo a que se enfrentan incluyendo la compra de un adecuado seguro de responsabilidad de administradores y directivos, conocido por sus nombre en inglés como seguro de D&O.

En el ámbito de las SPAC y De-SPAC, donde el riesgo de responsabilidad de sus gestores resulta tan perceptible, la compra de esta clase de protecciones de seguro se convierte sin duda en un preámbulo habitual en la conformación de los órganos para su gobierno corporativo, donde la presencia de consejeros independientes con reconocimiento y experiencia tiene especial relevancia.

El interesante crecimiento que estamos viendo a nivel internacional en SPAC, que ya nos plantea casuística en España por la vía de De-SPAC, quizá llegue pronto a nuestra normativa y se despliegue en nuestro mercado con similar dinamismo. Valentía y responsabilidad son, sin duda, dos adjetivos que se conjugan con naturalidad en estos escenarios de emprendimiento.

Javier Ybarra López-Gómez es director de riesgos financieros y profesionales de Marsh