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Cómo cotiza en Bolsa el cambio climático: oportunidades hacia un mundo cero en emisiones

El gran impacto económico que plantea debe ser tenido en cuenta en la inversión a largo plazo

La transición a un mundo de emisiones netas cero ya ofrece claras oportunidades en renovables o transportes

Cómo cotiza en Bolsa el cambio climático: oportunidades hacia un mundo cero en emisiones
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Este domingo comenzará en la ciudad escocesa de Glasgow la vigesimosexta Cumbre del Clima, la nueva oportunidad que se da el planeta para alcanzar un compromiso firme contra los devastadores efectos del cambio climático. El camino hasta alcanzar los objetivos marcados en la Cumbre de París de 2015 –de limitar el calentamiento mundial preferiblemente a 1,5 grados frente a los niveles preindustriales– es muy largo y la realidad queda hoy día muy lejos de esa meta. El mundo rueda a una temperatura mucho mayor, que apunta a un incremento de 2,7 grados a final de siglo de acuerdo a los planes actuales de los países de reducción de gases contaminantes, según ha alertado la ONU.

El cambio climático causado por la actividad del hombre es ya una evidencia científica que salta a la vista. La mayor frecuencia de inundaciones o de incendios descontrolados está directamente relacionada con el calentamiento del planeta y tiene un innegable impacto económico que si bien a corto plazo parece manejable, será una losa en el largo plazo. Motivo más que suficiente para considerar el cambio climático como un claro riesgo financiero y por tanto, una variable clave en la construcción de una cartera de inversión a largo plazo.

La reaseguradora Munich Re estima en 250.000 millones de euros el coste global al año relacionado con desastres naturales. Los incendios que sufrió California en 2017 supusieron un coste superior a los 10.000 millones de euros y en 2018 las pérdidas asociadas a los incendios alcanzaron los 24.000 millones a nivel global, frente a los apenas 1.000 millones de 1980.

Para Pascal Dudle, director de sostenibilidad de Vontobel y gestor de carteras, la importancia del riesgo climático en las finanzas está clara. “Los costes humanos y económicos son enormes y mucho mayores que las inversiones necesarias para lograr los ambiciosos recortes de emisiones. El cambio climático tiene un impacto directo en los principales medios de subsistencia, la agricultura, los sistemas hídricos y los ecosistemas, y también se prevé que afecte a las infraestructuras, el transporte y la producción de energía”, explica.

El cambio climático se traducirá en mayor riesgo de crédito, de cobertura y de cortes de actividad

En definitiva, sus efectos se harán notar en el riesgo de crédito de los bancos –acreedores de particulares y empresas afectadas por desastres naturales–, en el mercado de materias primas, en el riesgo de cobertura –encareciendo las primas ante posibles pérdidas– y en el riesgo operacional de las compañías, ante eventualidades como el cierre de instalaciones o la interrumpción de las cadenas de suministro.

Según recuerda Teresa Royo, directora de sostenibilidad y buen gobierno de KPMG en España, el Financial Stability Board ya advirtió en 2015 que la estabilidad del sistema financiero estaba en peligro ante los riesgos del cambio climático. “Las compañías que no estén preparadas podrán ver depreciados sus activos, tendrán que invertir en adaptar sus procesos productivos o experimentar unos costes adicionales de producción si son dependientes de tecnologías intensivas en carbono. Para que los inversores puedan obtener un mejor retorno ajustado al riesgo deberán tener esto en cuenta”, explica.

El gran desafío que el cambio climático supone para la estabilidad financiera es ya una de las principales preocupaciones de los reguladores. El BCE realizará en 2022 el primer test de estrés a la banca europea de riesgo climático y ya ha detectado que los bancos del sur de Europa están mucho más expuestos, con un mayor porcentaje de empresas con riesgos vinculados a incendios o inundaciones. Y afrontar esos riesgos va a suponer en algún momento, inevitablemente, mayores exigencias de capital. “A corto plazo, las entidades tendrán unos elevados costes para poder adaptarse y fijar sus políticas en este proceso de transición verde”, advierte Pablo Vaño, socio de FS Consulting de KPMG en España.

Oportunidades de inversión

La sostenibilidad y la reducción de la huella de carbono se ha convertido ya en prioridad para numerosas empresas, no solo por un mero compromiso con la protección del medio ambiente sino también por una estrategia de creación de valor para sus accionistas. “Existen atractivas oportunidades de inversión para las empresas que abordan el cambio climático de forma proactiva”, añaden desde Vontovel. Ponen de ejemplo compañías de la construcción capaces de ofrecer soluciones de calefacción y refrigeración no fósiles y energéticamente eficientes para los edificios. O del transporte, centradas en el coche eléctrico a medida que se abandona el motor de combustión.

El alza del petróleo y el gas revela la fuerte dependencia que existe de las energías fósiles, que guardan potencial

La búsqueda de la sostenibilidad, como fórmula con la que reducir el riesgo climático, es transversal al tejido productivo. No se limita a las compañías centradas en la actividad sostenible más evidente, como puede ser la producción de energía renovable, sino que se dirige a aspectos como un uso eficiente de la energía o de recursos como el agua o el papel. La adopción de criterios de gestión ESG –de respeto al medio ambiente, la sociedad y el buen gobierno corporativo– es una práctica cada vez más extendida y reclamada por los inversores.

Jean-Philippe Desmartin, responsable de inversión responsable en Edmond de Rothschild AM señala que la gestora está reduciendo sus inversiones en sectores de alto riesgo (exclusión del carbón térmico, por ejemplo) y aumentándolas en empresas que ofrecen soluciones (eficiencia energética, energías renovables). Una práctica común en el sector.

En Pictet prevén que aunque la inversión ESG sigue siendo una pieza secundaria en las carteras de los inversores, en tres o cuatro años el 90% de la renta variable europea será sostenible, un auge que estará respaldado por la creciente toma de decisiones de las nuevas generaciones, mucho más sensibles respecto a los problemas medioambientales.

El blanqueo de la sostenibilidad de una empresa es el gran riesgo para la inversión ESG

Pero esa perspectiva del largo plazo también convive con unas inquietudes mucho más acuciantes entre los inversores. El riesgo climático abre claras oportunidades de inversión, en sectores en los que se realizarán fortísimas inversiones en los próximos años como el de renovables, pero también hay riesgos de mercado mucho más acuciantes y de un impacto inmediato mucho mayor en las valoraciones, como las actuales presiones inflacionistas o el temor a una retirada acelerada de los estímulos monetarios y fiscales tras la crisis.

Xavier Chollet, gestor del fondo Pictet Clean Energy, uno de los vehículos de inversión de referencia en energías sostenibles, reconoce que “el impacto físico del cambio climático puede tener repercusiones relativamente limitadas para las rentabilidades de la mayoría de clases de activos. De hecho, los catastróficos impactos del cambio climático no se sentirán durante décadas”. Sin embargo, y ahí es donde desde ya surgen las oportunidades de inversión, hay que tener muy presente el impacto de la transición hacia un mundo de emisiones netas de carbono a cero. “Es decir, el impacto de los cambios en las economías, tecnológicos y regulatorios, destinados precisamente a evitar el impacto físico en el futuro, sobre todo para 2050, fecha objetivo de emisiones netas cero. La transición de una economía alimentada por combustibles fósiles a una impulsada por energías renovables es de los cambios socioeconómicos más desgarradores que los humanos vayamos a experimentar”, añade.

De hecho, las derivadas de esa transición energética ya se están apreciando en estos meses de forma preocupante en el bolsillo de los ciudadanos. El alza imparable de las energías fósiles como el gas y el petróleo, y también el carbón, está disparando la inflación y encareciendo el conjunto de la cesta de la compra. Y dejando además jugosas ganancias en Bolsa para petroleras, gasistas y mineras. El cumplimiento de los objetivos del Acuerdo de París las ha obligado a realizar fuertes inversiones para dirigir su actividad a fuentes de energía no contaminante y a rebajar su huella de carbono pero, por el camino, queda claro que aún es muy elevada la dependencia de la economía mundial de las energías fósiles.

Desde Nordea AM, una de las primeras gestoras en poner el foco en la inversión sostenible, reconocen que la eliminación de las fuentes de energía contaminante llevará en la mayoría de los países más de una década. Y si bien la gran mayoría del sector energético está inmerso en el proceso de reducir el uso de combustibles fósiles, muchas otras compañías no tienen planes claros de transición a las energías limpias. En la gestora aseguran que más del 60% de sus activos bajo gestión se alinean con los objetivos de París, de modo que la firma invierte en compañías aún intensivas en el uso del carbón pero con planes para acelerar su conversión.

La transparencia y el ‘greenwashing’

El interés de las gestoras por la sostenibilidad es prácticamente unánime. Sin embargo, no existe un marco de referencia homogéneo que permita comparar el grado de sostenibilidad de unas carteras con otras. Así, cada entidad aplica sus propios criterios, de modo que una empresa de energía nuclear puede ser calificada por una gestora como sostenible y por otra no. O una petrolera, por el hecho de presentar un plan de reducción de su huella de carbono, también se incluye bajo los activos ESG.

La clasificación de una empresa como sostenible depende por tanto del análisis propio que hace cada gestora, a partir de la información que facilite la empresa. Y en ese proceso es donde surge el riesgo de blanqueamiento de la sostenibilidad o greenwashing, de poner la etiqueta verde a un activo que en realidad no lo es. Los reguladores están avanzando para resolver el problema, aunque el proceso no ha hecho más que empezar.

Coline Pavot, responsable de Análisis de Inversiones Responsables de La Financière de l’Echiquier (LFDE), explica que “aunque el control sobre el greenwashing es insuficiente actualmente, la taxonomía europea tiene como objetivo poner a todo el mundo de acuerdo sobre qué es un activo verde o qué no lo es y no dejará espacio al marketing verde engañoso, lo cual es positivo”.

Desde Jupiter AM, su responsable de inversión sostenible Abbie Llewellyn-Waters, advierte que para un verdadero compromiso con el Acuerdo de París, es aún necesario “ver un mayor número de empresas que presentan planes detallados, creíbles e irreversibles sobre cómo conseguirán una descarbonización sostenible”. Las expectativas para la cumbre de Glasgow son modestas y todavía falta compromiso político para frenar a tiempo el calentamiento global. Desde el ámbito de la inversión, es posible contribuir a ello en defensa del planeta y también del bolsillo.

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