Un sector pujante para invertir: el cable submarino

Se espera que el mercado aumente un 22% en 2022. Actualmente hay tres compañías líderes: la francesa Nexans, la danesa NKT y la italiana Prysmian

Son muchas las compañías tecnológicas americanas y asiáticas que destacan por sus productos innovadores y sus ingresos elevados, pero son relativamente pocas las europeas. No obstante, el viejo continente lleva la delantera en un sector muy singular y a la sombra del gran público, que puede suponer una oportunidad de inversión: el cable submarino de alta tensión. Según el semanario The Economist, hay tres compañías europeas que controlan el 80% del mercado mundial (excluyendo a China).

La tecnología de los cables submarinos ha cambiado mucho desde sus inicios en el siglo XIX, cuando surgió fundamentalmente para dar servicio a la red de telégrafo intercontinental. Eran cables de baja tensión que en la actualidad han evolucionado mucho, especialmente con la introducción de la fibra óptica y que ahora son ampliamente utilizados para comunicaciones digitales. Por contra, los cables submarinos de alta tensión han experimentado un progreso mucho más lento, debido a su alto coste y a las dificultades inherentes del medio y su agresivo entorno. Sin embargo, parece que les ha llegado su momento: en 2022, el mercado para estos cables se espera que aumente un 22%.

¿Pero qué está detrás de este incremento de la demanda? Una razón fundamental reside en el inicio de la fase de transición energética hacia una descarbonización global con tal de conseguir una emisión neutra de CO2 en 2050, entre otros objetivos. Transitar por esta fase durante 20 largos años requerirá sortear múltiples obstáculos. Por este motivo, es esencial que cada país consiga optimizar su mix de recursos de generación de energía para poder minimizar los efectos adversos que puedan producirse.

Para un país hay dos aspectos clave que determinan la configuración de este mix de energía: por un lado, impulsar las mejores opciones de energía verde y, por el otro, asegurar el suministro de la energía frente a variaciones bruscas de mercado, como la que actualmente se experimenta, con aumentos sensibles en el precio del gas y la electricidad.

La creciente disponibilidad de energía renovable, como la eólica, solar, o hidráulica, tiene el inconveniente de que su producción no siempre puede sincronizarse con la demanda, ya que depende de ciertas externalidades no controlables (viento, sol o lluvia). Una posibilidad de mejora pasa por almacenar esta energía verde en los ciclos de abundancia, quizá instalando grandes baterías y otros dispositivos de acumulación pero, por el momento, esta alternativa no es operativa a gran escala.

Otra opción atractiva consiste en conseguir un balance energético entre territorios, de forma que uno con superávit de energía la pueda ceder inmediatamente a otro (y a la inversa), algo mejor que la alternativa de que un territorio se vea abocado a reactivar recursos que contaminen la atmósfera (carbón, petróleo, gas, etc). Aquí hay mucho margen de mejora, ya que actualmente solo se exporta un 4,3% de la energía generada en los países de la OCDE.

Conseguir este intercambio de energía, especialmente por líneas de transmisión eléctrica, representa en muchos casos tener que superar distintas trabas administrativas, además de un posible rechazo a la instalación de estructuras en las zonas afectadas (torres, cables aéreos, etc), ya sea porque impactan en el paisaje o el ecosistema.

Es aquí cuando el cable submarino ofrece ventajas extras interesantes. Hace años, la implantación de estos cables suponía un coste elevado en instalación y mantenimiento (rotura, filtraciones, deterioro, etc). Actualmente hay soluciones muy efectivas que permiten conectar territorios o países sin apenas cambios visibles en el ambiente. Pero no solo están las aplicaciones de balance energético internacional, sino que hay otras más. Por ejemplo, conectar granjas eólicas offshore a tierra firme, situadas a varios kilómetros de la costa, en donde la velocidad del viento suele ser más alta (este mercado podría triplicarse en 15 años). Esto sin contar otro tipo de instalaciones offshore con necesidades parecidas.

Un cable submarino de alta tensión puede pesar hasta 150 kg por metro y tener un diámetro de 30 cm. Está constituido por distintos componentes, superpuestos o entrelazados entre sí: aluminio, cobre, acero, fibra óptica, plomo y diversos materiales aislantes y de protección.

En muchas aplicaciones, las compañías productoras de cable y sus partners deben de disponer de barcos y equipo muy especializado para poder instalar los cables en el fondo marino. Estas naves están relativamente robotizadas y van implantando progresivamente el cable a una velocidad de 10 km por hora y una profundidad de hasta 3.000 metros. Un buque instalador de 10.000 toneladas puede suponer una inversión cercana a los 200 millones de euros.

Básicamente, hay tres compañías lideres en la fabricación de esto cables submarinos de alta tensión: la francesa Nexans, la danesa NKT y la italiana Prysmian. Sus acciones se han revalorizado significativamente desde 2019. Estas empresas no son de nueva creación y producen otros tipos de cables, ya sea de baja, media y alta tensión. Pero son los ingresos por cable submarino de alta tensión los que experimentan una gran demanda, por lo que han emprendido ambiciosos planes de reestructuración para poder responder a las necesidades del mercado, básicamente desprendiéndose de líneas de producto con margen inferior o de productos no estratégicos.

En concreto, Nexans prevé un aumento de un 700% en la demanda de cable submarino de alta tensión para los próximos 10 años y NKT pronostica un crecimiento orgánico de un 20% anual. Además, estas compañías también tienen la oportunidad de beneficiarse de un lucrativo negocio de servicio y mantenimiento asociado al cable submarino.

En el último año, las acciones de Nexans han aumentado un 105%, las de NKT un 102% y las de Prysmian un 39%, frente a un incremento del 38% del Eurostoxx50. Habrá que seguir con atención su evolución futura.

Xavier Alcober Fanjul es Ingeniero consultor