Una nueva cartera para una nueva década

El futuro parece que está emergiendo en el Lejano Oriente y podría acabar desbancando la supremacía de Occidente

Paneles con la cotización del índice Hang Seng en Hong Kong.
Paneles con la cotización del índice Hang Seng en Hong Kong.

El título de esta tribuna está tomado del 2021 Long-Term Capital Market Assumptions, estudio de JP Morgan que se puede encontrar en internet. En este documento se explican las hipótesis, tanto macroeconómicas como de mercados, en las que se fundamentan sus previsiones para el futuro. En concreto para los próximos diez a quince años.

Si asumimos que sus hipótesis son buenas, parece que las rentabilidades futuras en la renta fija de calidad serán bastante inferiores a las obtenidas en el pasado para los mismos periodos. En renta variable, las expectativas son mejores que las obtenidas los últimos 15 años (que incluyen la crisis financiera), pero también deberíamos esperar que sean peores a las obtenidas desde 2009.

Para la liquidez, los bonos de gobiernos europeos, incluidos los ligados a la inflación, y en general para los bonos en euros de alta calidad, la expectativa es inferior al 2% de media anual. Esto es especialmente preocupante para aquellos inversores europeos conservadores que estimen que la inflación será mayor durante ese largo periodo de tiempo. Pero de esto ya he hablado en tribunas anteriores, el ahorrador que no se vea capaz de soportar volatilidad en la valoración de sus inversiones, tendrá que elegir entre invertir en ilíquidos o asumir una pérdida de su poder adquisitivo, que al cabo de diez o quince años notará cada vez más.

El bajo nivel de tipos del que partimos en Europa y las elevadas valoraciones de la renta variable de mercados desarrollados, especialmente de las grandes compañías americanas, muestran un panorama poco alentador respecto a las expectativas de rentabilidad futura, según las proyecciones de este banco.

“El punto brillante lo pone el crédito y los mercados emergentes”. Esta sería la traducción literal de uno de los puntos que subraya JP Morgan en el sumario del citado estudio. La diferencia de rentabilidad esperada entre los mercados emergentes y las grandes compañías americanas justifica el encabezado Una nueva cartera para una nueva década. Si en el periodo anterior la combinación que mejor funcionó fue la renta fija de Estados Unidos y Alemania junto con la renta variable americana, según las estimaciones de JP Morgan y de otras entidades que hacen un ejercicio de análisis similar, en el próximo decenio, esa mezcla no será la ganadora y, lo que es peor, de esos activos poco se debería esperar.

Si no les ha sorprendido que para la renta fija de altísima calidad la rentabilidad esperada sea inferior al 2%, quizás les sorprenda más que para las grandes compañías americanas lo esperado es menos del 3% de media anual. Puede resultar difícil de creer cuando vemos que el índice americano Standard & Poor 500, que refleja la evolución de las mayores compañías, sigue batiendo récords.

Es habitual pensar que el pasado es predictor del futuro, por mucho que en las presentaciones de los fondos de inversión se lea la advertencia: “rentabilidades pasadas no garantizan rentabilidades futuras”. Y, si han sido extraordinarias, asumir que se repetirán en el mismo activo o producto puede devenir en una decepción mayor.

Pero es perfectamente comprensible que tras más de una década donde el mejor comportamiento de las grandes compañías americanas frente a otras regiones y tamaños se ha mantenido, un inversor dude de la estimación. Sobre todo por comparación, pues tal y como muestra el gráfico que utiliza JP Morgan en su última guía de mercados, desde 2009 este tipo de inversión aportó más de un 15% de rentabilidad media anual. Es el mercado donde pronostican una diferencia mayor.

Por el contrario, son los mercados emergentes los que asignan mayor rentabilidad esperada para los futuros diez y quince años. Y esto vuelve a chocar con la realidad actual, donde lo ocurrido recientemente en los mercados chinos, que suponen más de un 30% de los emergentes, podrían hacer dudar a alguno acerca de las suposiciones de esta entidad.

El estudio completo aporta numerosos datos para sustentar sus hipótesis. Y como hemos dicho, no es la única entidad global con sede americana que apuesta por los emergentes, y concretamente por China, para el futuro. Por ejemplo, BlackRock ha recaudado 1.000 millones de dólares para crear el primer fondo chino administrado por una entidad extranjera que invierte en el mercado doméstico y tiene la capacidad de vender a inversores chinos, y Goldman Sachs ha comprado el 100% de una gestora china, que hasta ahora compartía con un socio local. Entre los gráficos con los que JP Morgan apoya sus tesis, vemos la tendencia alcista que desde los años setenta hay en la contribución de China e India al PIB real global, frente a la bajista de Estados Unidos, la Eurozona y Japón. Tendencia que se ve acrecentada en los últimos años. En otros vemos la evolución de las estimaciones sobre el beneficio de compañías listadas en mercados emergentes frente a Japón, Estados Unidos y Europa y podemos compararlas con las valoraciones actuales frente al rango histórico. Los mercados emergentes tienen las estimaciones más elevadas con unas valoraciones más atractivas.

En renta fija, los emergentes son también más atractivos de cara al futuro. De nuevo se apoyan en datos y gráficos para dar esta estimación. Este año no todo es malo en China, los bonos gobierno en divisa local, además de diversificación, aportan alrededor de un 10% de rentabilidad.

El futuro parece que está emergiendo en el Lejano Oriente y podría acabar desbancando la supremacía de Occidente.

Marta Díaz-Bajo es directora de soluciones de inversión de Atl Capital