China desacelera, pero no colapsa

No es inverosímil pensar que Pekín pueda estar haciendo una parada para acto seguido poder correr con fuerza durante más tiempo

Es frecuente que las oportunidades de inversión atractivas se encuentren en aquellos lugares en los que ya se cotiza un escenario negativo y no en aquellas cosas que cotizan el escenario idílico. Posiblemente China, después de las fuertes caídas bursátiles, sea un destino más seguro que alguna compañía magnífica, cotizada en EE UU y cotizando a 60-70 veces beneficios.

En esa visión de túnel que suelen tener los mercados, China ha pasado en una sola semana de ser la principal preocupación de los mercados a ser una parte pequeña de la gran preocupación: la estanflación.

En occidente, se tiende a magnificar, posiblemente por una serie de razones que no toca desarrollar en estas líneas, cualquier noticia negativa proveniente desde China. El tamaño de su economía y las grandes diferencias respecto a nuestros sistema políticos y económicos lo justifican, pero es frecuente caer en el error de juzgar a China desde nuestro prisma.

El episodio de Evergrande no está zanjado y las consecuencias de la más que probable quiebra del segundo promotor inmobiliario del país, son aún desconocidas, pero los cortafuegos puestos, la ayuda del Gobierno y particularidades del sector en China, limitarán su impacto. China no está a punto de colapsar, pero eso no significa ignorar la realidad de que el sector inmobiliario probablemente ya no será el principal propulsor de la economía.

Algunas consideraciones que nos reafirman en nuestra idea de inversión en China son las siguientes. Ni la FED ni el BCE parecen estar preocupados por la inminente desaceleración de China que algunos predican. Los persistentes riesgos percibidos de un colapso financiero sistémico no han tenido el menor efecto en los anuncios de inicio de retirada de estímulos. Si la narrativa popular de un escenario muy bajista para China fuera cierta, los precios de los activos financieros empezarían a anticipar tal escenario y, sin embargo, hasta ahora no ha habido casi ninguna repercusión fuera de China. Resulta especialmente contradictoria la continuación de la subida del precio de las materias primas.

China hace lo que hace, porque puede permitírselo. En lugar de seguir la lógica de que (i) si el sector inmobiliario chino se ralentiza, (ii) entonces la economía china se ralentizará y se avecinan otras cosas malas no lineales, sugiero que los inversores consideren invertir la lógica: Pekín ha decidido tomar estas medidas reguladoras precisamente porque cree que puede permitirse correr los riesgos ahora.

El crecimiento económico tanto absoluto como relativo de China sigue siendo superior al de la mayoría de los países del mundo. Para China, tanto el crecimiento absoluto como las tasas de crecimiento relativo importan. Desde el comienzo de la pandemia, China está un 7% del PIB por delante de EE UU y cerca de un 10% por delante de Europa, ¿por qué no puede hacer una parada para acto seguido poder correr con fuerza durante más tiempo? De hecho, creo que una razón fundamental por la que Pekín está tomando tantas medidas ahora es por su fuerte crecimiento relativo frente a sus principales rivales. El mundo está en general reduciendo los riesgos hoy para aumentar los riesgos del mañana. Salimos de la crisis con más deuda. China, sin embargo, está haciendo exactamente lo contrario.

Lo que creo más relevante para comprender China ahora es tener claro los objetivos del partido, que son los siguientes: (i) la prosperidad común, (ii) promover la natalidad, (iii) regular el capital allí donde pueda causar problemas y (iv) la neutralidad de carbono.

Cualquier inversión en China debe estar alineada con esos cuatro objetivos y las que no lo estén, deben evitarse a toda costa, pero en las que sí lo están la oportunidad de inversión puede ser magnífica para un inversor paciente que sea capaz de aguantar la volatilidad que, sin duda, seguirá presente.

En los últimos 15 años, la volatilidad anualizada de la Bolsa china ha sido de algo menos del 30%, parecida a la del petróleo. Los retrocesos bruscos y profundos de las acciones y los repuntes igualmente sorprendentes son habituales en China. Son signos de inmadurez de los mercados de renta variable, pero seguimos hablando de la economía con las perspectivas más brillantes a largo plazo, lo que en teoría debería traducirse en unos beneficios empresariales boyantes, independientemente de las intervenciones marginales y selectivas del Gobierno. Lo que toma gran relevancia en China es la selección de gestores, porque la diferencia entre un fondo indiciado y uno que haga una gestión realmente activa, separándose de los índices y evitando esas cosas que no están alineadas con los objetivos de largo plazo del gobierno, ha sido muy grande y posiblemente sea mayor en el futuro. Hay gestoras con productos magníficos como Eurizon, Schroders o New Capital, pero un correcto asesoramiento toma si cabe más relevancia que en otros mercados.

Diego Fernández Elices es Director general de inversiones de A&G