Un talento enfocado al crecimiento

Las personas son un factor clave a la hora de construir un tejido productivo capaz de generar riqueza sostenible y fundamentada en el empleo

Sé que no me equivoco si afirmo que todos, ciudadanos, empresas y administraciones públicas, dedicamos buena parte de nuestro tiempo a reflexionar sobre cómo queremos que sea la España del hoy, la España del futuro. Compartimos la visión de un país competitivo y avanzado, referente en cuestiones como la sostenibilidad, la innovación y la digitalización, que garantiza el bienestar e inclusión de todos sus ciudadanos. La cuestión es cómo hacer realidad esta visión.

Para culminar con éxito la transformación que nuestro país precisa, es importante pensar y poner el foco en el activo más relevante en este proceso: las personas.

En el último año, una serie de competencias y habilidades profesionales, tales como las competencias digitales, el pensamiento innovador, la capacidad de adaptación o la inteligencia social y emocional, se están consolidando como auténticos valores diferenciales. En un entorno de crecimiento espoleado por los fondos del programa Next Generation EU, es necesario que administraciones públicas, sector privado e instituciones académicas impulsemos la transformación del talento.

Esto pasa por una visión holística del aprendizaje dentro del concepto lifelong learning, que contempla la vida como un proceso de formación continua. El sociólogo Alvin Toffler en los años 70 afirmaba que los analfabetos del siglo XXI no serían aquellos que no supiesen leer ni escribir, sino aquellos que no supieran aprender, desaprender y reaprender. No puedo estar más de acuerdo.

Además de llevar a cabo una profunda reforma de la educación reglada, será necesario promover la actualización de las habilidades y competencias de las plantillas, así como políticas activas de empleo que aseguren que aquellos sectores sociales que presentan un mayor grado de vulnerabilidad no queden descolgados del mercado laboral.

El reto es considerable. España registró en 2020 la segunda tasa de abandono escolar más alta y el peor dato de paro juvenil de la UE, que alcanzó el 38% en el segundo trimestre de 2021. Además, en la última década el desempleo estructural se ha enquistado en nuestra economía.

Sin duda, una de las soluciones pasa por adecuar la oferta educativa a las demandas del mercado laboral. Es necesario potenciar la formación profesional, con un foco especial sobre aquellas disciplinas relacionadas con la innovación, la digitalización o la sostenibilidad. El proyecto de ley que recientemente ha aprobado el Gobierno puede ser un buen punto de partida. Además, sería recomendable reforzar la vinculación entre universidades y empresas, sin descuidar el fomento del espíritu crítico intrínseco a la educación superior. Del mismo modo, no podemos olvidarnos tampoco de aquellos jóvenes que abandonan de forma prematura el sistema educativo, a los que tenemos que proporcionar mecanismos para reintegrarse en él.

Asimismo, las políticas activas de empleo también precisan una revisión que integre los servicios laborales y la formación e individualice el acompañamiento con el fin de aumentar su eficacia.

Las empresas también debemos abordar desde una nueva óptica la formación de nuestros empleados. Es fundamental que los acompañemos en su crecimiento y desarrollo. Tenemos que ser conscientes de que, potenciando su talento, realmente estamos construyendo una economía más innovadora y emprendedora. No solo ganamos competitividad, sino que también contribuimos a generar crecimiento que impacta de forma positiva en la sociedad. Ese es el valor añadido que aportan firmas que, por modelo de negocio, incorpora a miles de jóvenes capacitados al mundo laboral.

Asimismo, las empresas no podemos olvidar la responsabilidad que tenemos con las comunidades en las que actuamos, especialmente con los colectivos más vulnerables. De hecho, somos muchas las compañías que llevamos a cabo iniciativas orientadas a mejorar la empleabilidad de jóvenes, mujeres y personas en riesgo de exclusión.

Estas reformas y medidas urgentes, que son la base del proceso transformador del sistema productivo español, necesitan de la colaboración público-privada para completarse con éxito. Precisamente, ayer tuve el privilegio de participar en Forum 2021, que reúne a líderes políticos, empresariales y sociales comprometidos con impulsar una hoja de ruta que permita crear una sociedad próspera basada en el talento. El talento está ahí. Solo hay que impulsarlo y cuidarlo.

Nuestro país parte de una base sólida para aprovechar las oportunidades y afrontar los desafíos ligados a este periodo de transformación. Es un referente en generación de energía renovable, movilidad sostenible, ciberseguridad o sanidad, lo que pone de manifiesto el potencial de nuestro talento.

Y como empresas, como país, también tenemos que ser conscientes de que, aparte de motivar y reforzar el capital humano, nuestro reto también es atraer y retener el talento con el que contamos. Nuestra principal baza son las políticas de formación, flexibilidad y liderazgo.

Proponer a nuestros empleados proyectos estimulantes; acompañarlos en su proceso de desarrollo; mantener abierto un canal de comunicación; o garantizar el equilibrio entre su vida personal y profesional refuerzan el compromiso de los trabajadores y su sentimiento de pertenencia. No hace falta decirlo, pero un profesional realizado es un profesional comprometido, lo que, obviamente, repercute en el desempeño de la empresa.

El ritmo al que se han producido transformaciones de calado en los últimos meses no parece que vaya a decaer en los próximos y el talento será clave para no quedarnos atrás. Es el talento el que nos va a permitir situarnos a la vanguardia y construir un tejido productivo que procure un crecimiento sostenido a medio y largo plazo fundamentado en el empleo. En definitiva, el talento será el motor que nos conduzca a la sociedad que queremos.

Juan José Cano es Consejero Delegado de KPMG España