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Las 'boutiques' legales llegan para quedarse

Están irrumpiendo con fuerza en un mercado que se torna cada vez más exigente

Getty Images
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“El buen perfume se vende en frasco pequeño”, “las cosas valiosas ocupan poco espacio”. Dos verdades indiscutibles de la vida misma. Pero, ¿es ello extrapolable a las boutiques legales frente a los gigantes del sector? ¿Cuál de ellos es la mejor opción? Para empezar, son conceptos diferentes.

Las primeras responden a estructuras pequeñas o medianas -de hasta 60 abogados-, hiperespecializadas en una o varias ramas de actividad, que aportan un servicio de extrema calidad técnica y un trato cercano y muy familiar al cliente. El índice de rotación de los miembros del equipo es bajo y cuidan mucho a su personal ofreciéndoles unos horarios y una flexibilidad que asegure la conciliación.

Al disponer de una cadena de mando más ligera, las decisiones de funcionamiento interno se adoptan de forma muy ágil, suelen ser muy rentables y cuentan con unos gastos estructurales relativamente livianos.

En términos generales, el socio que atiende al cliente es el que dirigirá en todo momento el procedimiento sin perjuicio de que, como es lógico, se auxilie de su equipo. Sus cimientos son sólidos para soportar cualquier inclemencia. Y ello puesto que sus estructuras son fácilmente moldeables, pudiéndose adaptar sin demasiada dificultad a las nuevas circunstancias que subyazcan. También los empleados pueden crecer en ellas si se encuentran estructuradas mediante una jerarquía en función de su grado de conocimiento y experiencia.

En mi opinión, sin duda, las boutiques legales afrontan y se adaptan con cierta flexibilidad a los cambios exigidos por el sector. Principalmente, la necesaria digitalización del servicio y la implementación del teletrabajo como forma alternativa a la presencialidad.

En la actualidad, en términos generales, el cliente no exige grandes instalaciones ni reuniones periódicas donde la totalidad del equipo deba de estar presente, ideas éstas que han sido mucho mejor acogidas e implementadas por las boutiques que las firmas generalistas de mayor tamaño.

Sea lo que fuere, lo cierto y verdad es que las boutiques -entre las que destacan las de Derecho Administrativo-, están irrumpiendo con fuerza en un mercado que se torna cada vez más exigente. Su alto grado de especialización, la calidad, el rigor y el servicio personalizado que aportan las boutiques está llevando a que cada vez aparezcan más en el mercado legal y compitan con las grandes firmas. Y ello, pese a que sus honorarios suelan ser superiores a estos últimos.

No aconsejo la ultraespecialización, “la especialización sobre la especialización”, sino el dominio de diversas áreas -cuantas más mejor-, dentro de una misma disciplina. En su defecto, haríamos pender en exceso nuestro proyecto de una determinada coyuntura económica, política o de mercado. Abarcar de forma amplia un área de actuación, solidificará los cimientos del proyecto y asimilará mejor los vaivenes propios del sector.

La alta especialización, sin duda, permite distinguirse y posicionarse mejor en un mercado cada vez más competitivo. Sin embargo, no podemos perder de vista, que crear y principalmente mantener una boutique resulta ser muy complejo. Si ya de por sí la “captación” es una tarea cuanto menos ardua, tanto más si centramos el foco en un perfil concreto que presente las necesidades jurídicas propias de dicho expertise.

Pese a la dificultad, es posible. Una estrategia adecuada unida a factores como la persistencia y un buen equipo comprometido con la causa constituyen los ingredientes necesarios para que el proyecto sea un éxito. Y siempre siendo conscientes de dos variables a mi juicio de gran importancia. De un lado, que el producto que creemos sea nuevo, distinto. De este modo aportaremos “valor”, tan demandado en nuestra sociedad. Y de otro, que como en otras muchas facetas de la vida, el mérito no está en llegar a puerto, sino en mantenerse.

Antonio Benítez Ostos, socio director de Administrativando Abogados

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