KPMG busca directivos de “clase trabajadora”

La firma quiere que el 29% de sus altos puestos en Reino Unido proceda de un entorno socieconómico más humilde para 2030

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KPMG tratará de que, en 2030, el 29% de sus socios y directivos proceda de una familia de “clase trabajadora”. Así lo anunció la división británica de la consultora, tras publicar también la brecha salarial existente entre sus propios empleados en función del grupo social al que pertenecen. Las personas con un origen familiar más humilde cobran un 8,6% menos que los compañeros que proceden de un entorno “profesional” y un 6,6% menos que los intermedios, según los datos de la compañía.

La firma define la “clase trabajadora” como aquellas personas cuyos padres tienen un trabajo rutinario y manual y “profesional” cuando son empleos administrativos, directivos o profesionales de alto nivel. Y es aquí donde aparece el primer problema. “Trabajos manuales cada vez hay menos y, sin embargo, hay cada vez más precariedad en trabajos que no podríamos calificar como manuales”, comenta Santiago García, fundador de Future for Work Institute.

Por el momento, KPMG no está considerando ejecutar en España el plan del Reino Unido, según aclara Teresa Coelho, socia responsable de recursos humanos de KPMG en España, aunque el desequilibrio también existe. El entorno socioeconómico es una de las diferencias que genera una mayor brecha en el acceso a oportunidades, asegura Jesús Labrador, profesor del máster en Recursos Humanos de Icade Business School y de Psicología en Comillas CIHS.

Más allá de la publicidad que ha recibido la noticia, que llega después de que el expresidente de la firma, Bill Michael, renunciara a su cargo el pasado febrero tras decirle a sus empleados que “dejaran de quejarse” por los estragos que la pandemia había causado en su trabajo y en su remuneración, apostar por candidatos con este perfil tendría un impacto muy positivo en el funcionamiento de la compañía, según Labrador: “Que alguien haya conseguido esa movilidad social demuestra que ha superado muchos retos. Es un indicador de éxito para ese posible directivo”.

Para poder tener esto en cuenta, sin embargo, es necesario cambiar cómo se llevan a cabo los propios procesos de selección, especialmente en estas grandes compañías, donde uno de los primeros requisitos es haber acabado la carrera a curso por año. “Aquellos que no han tenido que hacer nada más que preocuparse por sus estudios lo han tenido más fácil para cumplir este requerimiento que quienes estaban preocupados por subsistir o quienes han aprendido inglés lavando platos en Irlanda”, continúa el portavoz de Icade.

Frente a ello, las empresas deberán revisar e identificar dónde están las posibles barreras de entrada a su organización. “A lo mejor se está exigiendo un perfil que deja fuera a personas que no hayan podido acceder a determinada universidad de prestigio. Y, a su vez, para acceder a ella es necesario partir de un nivel social ventajoso”, expone Manoli Pozo, directora del máster en Dirección y Gestión de Personas de la Universidad Internacional de Valencia (VIU). Pero esta brecha arranca antes incluso de llegar al proceso de selección, por lo que la docente propone adelantarse a ello: “Pueden identificar zonas desde las que sea más complicado acceder a estas posiciones, buscar personas que podrían llegar a tener interés en las mismas y fomentar su desarrollo”.

García, por su parte, llama a actuar de manera más universal y apunta hacia el sistema educativo. “Hay ascensos sociales a través del estudio: la gente suele tener un nivel de estudios superior al de sus padres, pero el nivel de los progenitores sigue condicionando el de los hijos”, justifica. Por ello cree que una de las medidas debería ser llevar a cabo programas para paliar el fracaso escolar en edades tempranas, “para que todo el mundo pueda llegar de verdad a la universidad”.

Pero, incluso ya dentro de la misma empresa, las barreras vinculadas a la clase no desaparecen, especialmente a la hora de elegir a quién promocionar (o no). “Cuando ya conoces a las personas, es mucho más difícil evitar los sesgos. Es normal que te despierten simpatía personas de un estrato social similar. Es inevitable que haya amigos o aficiones en común, y hasta ciertas aficiones están condicionadas por la clase social de las personas”, recuerda el fundador de Future for Work.

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